Hillary o Donald: Cuál es la diferencia?

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HILLARY O DONALD, CUAL ES LA DIFERENCIA?

Por Jose Ramon Gonzalez

 

Hago esta entrega el mismo día en que se celebran oficialmente las elecciones en Estados Unidos de Norteamérica, el 8 de noviembre de 2016.

 

Mientras todos andan en los pronósticos, vaticinios y adivinanzas, además de expectativas y falsas esperanzas, he preferido hablar no de lo que “va a pasar”, sino de lo que “ya pasó” a raíz de ese proceso electoral, independientemente de quién sea quien gane; al menos así estas líneas (espero) no se harán viejas tan rápido como las otras. Me explico:

 

Hemos presenciado una campaña inédita entre dos contendientes con un alto grado de desacreditación ante la ciudadanía, en donde las propuestas concretas que propongan formas de arreglar la no poca ni sencilla problemática política, económica y social de aquel país han sido sustituidas por las diatribas, la guerra de lodo, las desacreditaciones, todas ellas muestras de la ausencia de argumentos, de falacias que no hacen más que atentar contra el debate de ideas y propuestas y al final de cuentas contra una democracia cuya forma y fondo nos hacen ver que requiere con urgencia de una cirugía mayor.

 

Durante los tres debatas que se realizaron, no se abordó ningún tema sustantivo ni para la sociedad norteamericana ni para la comunidad internacional que por lo que se vio es lo que menos importa en la construcción del nuevo gobierno.

Según el viejo refrán que dice que en política un actor es alguien, pero sobre todo representa a algo y a alguien se cumple de nuevo a pie juntillas: Hillary y Donald nos muestran lo que ellos representan y a quién, es decir, intereses de clase y de los grupos en el poder manifiestos desde el momento mismo en que decidieron iniciar su movimiento de independencia: Los terratenientes y comerciantes, encabezados en esta ocasión por Donald Trump, que en términos generales y con los matices propios del contexto pretenden continuar la política y la economía republicana al menos desde Reagan a la fecha; y por otra parte, la clase política y jurídica liderada por Hillary Clinton, abanderada de la perspectiva política económica clásica de ese país reinterpretada en los mismos términos que en el caso anterior desde la perspectiva de una pretendida continuidad gubernamental Clinton-Obama-Clinton.

 

Ya decía –y decía bien- un embajador norteamericano en México de hace algunas décadas que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses. Una de las cosas que pudo reflejar el discurso de los contendientes más importantes –que no los únicos, pues hay otros de quienes por cierto nadie habla- es la perspectiva proteccionista, casi insular, que distinguirá al gobierno siguiente, sea quien sea el que se siente en la silla y que no obstante estar imposibilitado de detener o cancelar todo al mismo tiempo, indubitablemente se distinguirá por un acento más radical, con marcada tendencia proteccionista al interior e intervencionista al exterior.

 

Al respecto hay que vincular lo anterior con otra variable de análisis sustantiva que ya dejó ver este proceso: el despertar de aquellos monstruos que creíamos ilusamente –o nos hicieron creer- que ya habían desaparecido: el racismo, la intolerancia, la xenofobia, la exclusión, la misoginia, el hegemónico White Power, que en realidad –ahora caemos en cuenta- siempre se han mantenido en las Grass Roots o raíces permanentes del ethos norteamericano y que se manifiestan ahora de manera cínica a través del emblema mediático de Trump, y con los que comulga prácticamente la mitad los ciudadanos que están a favor del Republicano, según las encuestas recientes que han llegado a emparejar los pronósticos de preferencia electoral y no han provocado más que polarizar, sin duda de manera riesgosa, no solo a la ciudadanía sino a la sociedad norteamericana, enfrentamiento que tendrá que remediar, ya sea Clinton entrumpeciendo su gobierno o Trump clintonizándolo, para llegar a un híbrido sincrético semejante –hablando en términos partidistas- ya sea a un burro elefantiado, o a un elefante enburrecido (perdonando todos estos innovadores verbos).

 

Para México, el país subdesarrollado con la frontera más grande con EUA y para acabarla una de las más largas del mundo, a pesar de lo que se ha estado tratando de inculcar desde los medios nacionales (los norteamericanos casi no hablan de eso), olvidándose de que según nuestra Constitución los extranjeros no pueden inmiscuirse en los a independientemente de quien gane, el panorama no se muestra optimista. Ninguno de los dos candidatos mencionó nada concreto respecto de migración, regularización del trabajo ilegal, inclusión social, mejoramiento de las relaciones económicas y políticas, la colaboración en el contexto de las reformas estructurales, el combate al crimen organizado en ambas fronteras, la venta de armas para ambos bandos y muchas otras cosas que requieren tanta atención.

 

Y mientras todo lo importante se queda en el tintero o en la papelera de reciclaje de ambos candidatos, aquí en México, los medios convencionales tratando de subir su rating se dedican a echar porras a la Clinton y Declarar de forma expresa o tácita al otro candidato que es un peligro para México. Pero lo que es peor aún, gobernantes y legisladores olvidando a quién y a qué representan, dejando a un lado su investidura, hasta se ponen camisetas y agitan banderitas ajenas, cual novatos promotores del voto, llegando a protagonizar un espectáculo por demás grotesco que da la puntilla a la poca, poquísima dignidad y legitimidad que pudiera quedarles, en lugar de estar debatiendoy pensando con seriedad sobre el cómo deberán accionar ellos y nuestro gobierno en términos de política interior y exterior del 9 de noviembre en adelante, para enfrentar el embate de la doctrina Monroe recargada que caracterizará el nuevo gobierno norteamericano, repito, sea quien sea el que llegue.

 

 

 

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