Comentarios a dos obras de José de Jesús Gudiño Pelayo

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Comentarios a las dos últimas obras José de Jesus Gudiño Pelayo

Por José Ramón González Chávez

Nota introductoria a partir de su lamentable deceso:

Conocí a José de Jesus Gudiño Pelayo. Mi encuentro vivencial con él fue siempre de sorpresa:

– La primera sorpresa que me dio fue cuando me lo topé como compañero de banca en el Doctorado en Derecho: nunca me hubiera imaginado ver a un hombre mayor, abogado consumado y Ministro de la Suprema Corte sentado en un pupitre de una escuela y menos aun en el salón donde yo estaba a punto de tomar mi primera clase doctoral.

– Luego me volvió a sorprender cuando con su trato destruyó la imagen que tenía de él, lo imaginaba adusto, serio, hasta lacónico, cercano al estereotipo del ministro que me produjo aun siendo estudiante de la Licenciatura el film “El Proceso” de Orson Wells, basado en el para mi inolvidable texto de Franz Kafka.

– Posteriormente me volvió a sorprender, cuando me lo encontré integrando del claustro de profesores de la Universidad Iberoamericana. En ese entonces yo daba el curso de Teoría Política en la Licenciatura en Derecho, tenía un semestre de haber entrado y se me ocurrió concursar para una plaza de profesor de tiempo completo en esa universidad, llegó el momento de la evaluación de la terna finalista y al entrar al salón donde era la cita me encuentro que él era parte del claustro que me iba a evaluar. Me reconoció, al final de mi participación hubo una pausa, se me acercó y me dijo con su tono serio pero al mismo tiempo bromista e irónico: “No te preocupes la decisión está tomada a priori pero si te consuela no sabes de la que te salvas de no tener que ver tan seguido a estos compañeros. Me reí y le agradecí el gesto sincero, el destino nos juega a veces travesuras y a las pocas semanas me encontraba trabajando en Oaxaca como Coordinador del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso.

– La siguiente sorpresa fue cuando la Universidad de Tlaxcala me pidió que hiciera la presentación de sus dos libros entonces más recientes. Nunca me imagine presentando un libro ya no de un ministro sino de un compañero de generación, bromeé comentándole en privado ahora puedo decirlo. “mi querido ministro acabó usted primero sus dos libros que su tesis doctoral”. Reímos un momento, fue solo un instante la gente se arremolinaba en el ritual de las felicitaciones y las firmas de sus libros.

– La última sorpresa que me dio fue su repentina muerte. Veía el domingo 19 de septiembre (aniversario del sismo de 1985) en la noche las noticias en la tele antes de dormir y las palabras del comentarista noticioso me dejaron estupefacto.

En fin cosas de la vida.

Aquí les dejo la reseña que realicé de sus dos últimos libros, a petición del Centro de Investigaciones Jurídico Políticas (CIJUREP) de la Universidad Autónoma de Tlaxcala:

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“LABERINTOS DE LA JUSTICIA”

Obra de José de Jesús Gudiño Pelayo

(Reseña elaborada por José Ramón González Chávez[1])

Publicada el 13 de marzo del 2012

En esta obra se reúnen 15 estudios publicados previamente por el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo en la Revista Lex: Difusión y Análisis, relacionados con temas que el propio autor ha distribuido en tres bloques conceptuales:

  1.     Democracia y Justicia
  • Participación de la SCJN en la construcción del modelo democrático mexicano
  • Transparencia y Democracia: Límites y Excesos
  • Democracia, Estado de Derecho y acceso al juez como derecho fundamental
  • Democracia y reforma judicial.
  1.     El Ejercicio de la Jurisdicción
  • Lo confuso del control difuso de la Constitución. Propuesta de interpretación del art. 133 Constitucional
  • La improcedencia y el sobreseimiento en la controversia constitucional
  • El diálogo judicial contemporáneo en México
  • La especialización como condición para la excelencia de los Tribunales Colegiados de Circuito
  • La Calidad en la Justicia: corresponsabilidad de los jueces, litigantes y partes
  • Preocupación, inquietud y tolerancia. Reflexiones en torno a un nuevo libro de Genaro Góngora
  • Independencia y carrera judicial

III.    Reflexiones en torno al tema de los derechos humanos

  • Recomendación e impunidad: Una respuesta al informe rendido por la Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
  • El Concepto de Derechos Humanos y el marco jurídico de los organismos gubernamentales previstos en el apartado B del art. 102 constitucional.
  • La atribución de protección a los derecho humanos que establece el apartado B del art. 102 constitucional y la jurisdicción de amparo
  • Reflexiones en torno a la obligatoriedad de la Jurisprudencia, inconstitucionalidad del primer párrafo de los arts. 192 y 193 de la ley de amparo.

Dada su variedad temática, igual que en el caso de “Disensos y Coincidencias”, obra publicada casi en paralelo a esta, es difícil dar una opinión particular sobre cada uno de los ensayos incluidos y en tal sentido, “Laberintos de la Justicia” se aprecia con toda su dimensión y brillantez al admirarla en su conjunto.

Democracia, Justicia, Derechos Humanos, son tres de los ejes fundamentales del Estado de Derecho mexicano del siglo XXI, De ahí que haya menester el observarlos –tal como lo hace Gudiño- con una visión de gran angular, que al a vez nos ayudará a comprender mejor al autor, observándolo como en un espejo de tres lunas, en sus facetas de ser humano, intelectual y profesional de la justicia.

Apreciamos en “Laberintos de la Justicia” la continuación congruente y un rico complemento al trabajo como juzgador de Gudiño en el pleno de la Corte, pues muchas de las reflexiones que hace en sus ensayos son reafirmaciones consistentes de lo señalado en sus votos como Ministro y viceversa.

García Ramírez afirma que “la construcción de un orden jurídico se asemeja a la elevación de una pirámide, similar a las que edificaron nuestros antepasados en la extensa superficie de mesoamérica. Estas grandes obras se hicieron a merced al esfuerzo de sucesivas generaciones, cada una en su hora, puso una nueva capa en el magnífico edificio. La suma de esas aportaciones dio cuerpo a la obra, animada por un solo designio común, que es hilo conductor de todos los esfuerzos y razón de todos los afanes. Eso mismo sucede con el sistema jurídico y con los bienes y valores eminentes que recoge y preserva: a partir de ciertos orígenes, nuevos capítulos concurren a establecer la obra compartida, en constante perfeccionamiento, a pesar de las vicisitudes que enfrenta y de los obstáculos que a menudo se le oponen[2].

Consciente de esta superposición evolutiva, el ministro Gudiño Pelayo refiere a los grandes temas de nuestro presente sin desprenderlos de su origen, ni aislándolos de su devenir. Los expone con maestría a manera de mojoneras o linderos, marcando el área sobre la cual ha de transcurrir el examen de nuestras instituciones fundamentales.

En efecto, los temas abordados por él en cada uno de los 15 ensayos que compila esta obra, están por mucho, muy lejos de ser menores. Al contrario, comportan asuntos torales para el presente y el devenir de nuestra Nación, como entidad jurídica – política – social que es, mismos que por ende se encuentran íntimamente relacionados. De tal suerte en la sistematización que realiza, pone al descubierto la trilogía axiológica democracia – justicia – derechos humanos.

La Constitución es expresión pura y fiel de la Democracia, ya que como Ley Suprema de la Nación, está directamente referida a la soberanía del pueblo. En ella se alojan decisiones políticas fundamentales, producto de luchas históricas, experiencias, convicciones, expectativas. Entre ellas destacan sin duda las que inciden en la Justicia como valor e institución fundamental que garantice y proteja la dignidad humana por sobre todas las cosas y que permita asimismo, en instrumentación de este principio y fin primordial, un sano y armónico equilibrio entre los poderes públicos y las diversas instancias de nuestro sistema federal de gobierno.

Y es que como bien lo reflexiona Gudiño a lo largo de sus ensayos, todo Estado moderno es al final de cuentas, antropocéntrico. La Constitución establece, define e instrumenta primordialmente, el compromiso con el ser humano, alrededor del cual hace girar todo el aparato jurídico político. De ahí que la legitimación política del Estado descanse sobre la estructura y características de su Sistema de Derechos fundamentales.

En ese contexto, otro de los temas recurrentes en los ensayos que ahora publica nuestro autor, es el control de la constitucionalidad de normas, que tiene su espacio natural en la impugnación de aquellas que entran en conflicto con la Ley Suprema, incluso en la hipótesis de que no haya lesión ni afectación directa en agravio del demandante de la declaración jurisdiccional. Este asunto, de indudable carácter medular en la construcción de todo esquema de justicia constitucional, hoy por hoy ampliamente examinado en las fuentes de Derecho de gran cantidad de países, está en el centro de las disertaciones del Ministro Gudiño a lo largo de sus ensayos.

Hasta hace muy poco, en México y en muchos otros países, el Poder Judicial era irrelevante para efectos de la explicación de la naturaleza y funcionamiento del sistema político. Los partidos políticos no la consideraban dentro de su plataforma electoral, y si acaso aparecía en algún rincón de la declaración de principios de algunos de ellos. En las campañas electorales a veces se invocaba como un buen deseo o como adjetivo de la forma de gobernar propuesta por los candidatos; los ciudadanos la traían a colación en sus eventuales asuntos de barandilla, pero sin saber ni interesarles a ciencia cierta qué hacían los juzgadores y cómo. Los medios, si acaso, la insertaban en los encabezados de sus páginas salpicadas de rojo y amarillo. Ni siquiera entre los dedicados al tema en el ámbito jurídico y político le prestaban interés, prueba de ello son los escasos estudios al respecto, aunque por fortuna en proliferación reciente como es el caso que hoy nos ocupa[3].

No obstante, en la actualidad e igualmente no solo en México, se comienza a considerar al sistema judicial, su naturaleza libre e independiente, su actuar en tanto que dador del Derecho y atemperador del poder público, como una de las columnas de sustento del edificio democrático.

En sus disertaciones, Gudiño Pelayo nos hace reflexionar en que una verdadera reforma de la Justicia en nuestro país para ser plena y efectiva tiene que atender además de los aspectos que el propio García Ramírez denomina como “macrojusticia”[4] –en parangón con la “macroeconomía”, término hace tiempo tan de moda-, la que atañe a los sujetos políticos y que comprende el equilibrio entre poderes, la división de competencias, los resultados electorales, la distribución correcta de recursos públicos, también los asuntos vinculados a la “microjusticia”, es decir, a la forma en que esta reforma institucional “macro” se manifiesta positivamente y se proyecta sobre la justicia cotidiana, la que afecta a la población para decirlo en términos llanos, y los medios en que los propios ciudadanos pueden activar este proceso mediante los mecanismos previstos para el caso dentro del marco jurídico. Es ahí donde esta obra que hoy comentamos llama nuestra atención, al hacernos ver que democracia, justicia y derechos humanos constituyen la trilogía nuclear de la Reforma del Estado en México.

En su evolución, la democracia mexicana va transcurriendo cíclicamente en una espiral ascendente del terreno de los hechos al terreno del Derecho, con lo que poco a poco encuentra su lugar ya no como situación de facto sino como institución del Estado de Derecho. En este largo y sinuoso transcurrir por los “Laberintos de la Justicia”, José de Jesús Gudiño Pelayo nos guía con su saber y experiencia, mostrándonos el camino, sus avatares y recovecos, e indicándonos la ruta para salir de él victoriosos en la difícil tarea de ser mas democráticos, mas justos, mas humanos.

José de Jesús Gudiño Pelayo

“Laberintos de la Justicia”

Editorial Laguna, México, 2006.

285 p. 23 cm.

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NOTAS AL PIE DE PÁGINA:

[1] Profesor de Derecho de la Universidad Anahuac del Sur.

[2] Exposición en la mesa redonda “Los Derechos Humanos en México”. Organizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y la Secretaría de Gobernación. 4 de diciembre de 2002.

[3] Carbonel, Miguel. “El nuevo papel del poder judicial y la transición a la democracia en México”. En Estudios sobre federalismo, justicia, democracia y derechos humanosHomenaje a Pedro J. Frías. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Serie Doctrina Jurídica. Núm. 146. 1ª Edición. México 2003

[4] García Ramírez Sergio, “Poder Judicial y Ministerio Público”. 2ª ed. México, Porrúa, 1997, pp. 15 y 16.

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“DISENSOS Y COINCIDENCIAS”

Obra de José de Jesús Gudiño Pelayo

(Reseña elaborada por José Ramón González Chávez[1])

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, máximo tribunal de los mexicanos, es una de las expresiones más claras del sistema democrático, tanto hacia el interior del propio Estado como en su relación con la sociedad. En el primer caso, conforma el medio de equilibrio de la acción de los órganos e instancias del poder público, al menos en dos sentidos: uno vertical, para resolver las controversias entre el Ejecutivo y el Legislativo; el otro horizontal, para dar el derecho –como decía Ulpiano- en los distintos niveles de gobierno.

El Patrimonio jurídico que la intervención de la Suprema Corte y los tribunales electorales han creado en esta conflictiva etapa de la historia patria, deja a generaciones venideras numerosos precedentes y tesis que interpretan y brindan mayor certeza acerca del contenido de nuestra Constitución y del régimen electoral, y revelan con más claridad dónde están las líneas que entre poderes y gobiernos impone respetarse.. Ese rico patrimonio es su aportación a la construcción de la democracia”[2].

De ahí que la función del órgano cúspide del sistema judicial, hoy más que nunca, en estos tiempos de veloz y profunda transformación, resulte primordial para el desarrollo político de nuestro país, al reducir tensiones y construir al mismo tiempo una salida pacífica a conflictos en temas esenciales para la vida de la comunidad; al convertirse en garante de principios medulares para la convivencia civilizada y pacífica, como la libertad de pensamiento; la tolerancia; la actitud constructiva, el sentido de la necesidad de sobreponer la convergencia en los fondos a las diferencias de matiz en las formas.

Es bajo esta tónica que se inscribe la obra “Disensos y Coincidencias”, editada por la Universidad Autónoma de Coahuila en Coedición con editorial laguna, que se suma a la importante cantidad de publicaciones bajo la autoría de mi estimado compañero de academia en la Universidad Iberoamericana y condiscípulo en el doctorado en Derecho, el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo, en la que reúne las argumentaciones de los votos particulares que ha emitido en la toma de decisiones trascendentales para el Derecho mexicano en el seno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como los razonamientos de voto de ciertas causas constitucionales, que si bien resultaron coincidentes con los de la mayoría de los miembros del pleno, poseen causas argumentales que por su distinción consideró menester debían ser expuestas, en loable afán de hacer coincidir el sentir de la mayoría de sus colegas con la Voluntad General, en el más amplio y profundo sentido Roussoniano de la palabra.

Comentar una obra como la que provoca estas líneas, hacer palabra que preceda a la palabra, es labor realmente difícil. Sin embargo, aceptamos el reto yendo más bien sobre nuestros sentimientos y reacciones a la misma que sobre los muchos y muy complejos pormenores jurídicos, técnicos, teóricos y filosóficos que surgen inexorablemente de una lectura detenida y acuciosa.

Al leer esta obra del ministro Gudiño Pelayo, palpamos con gran cercanía el pensar, sentir y actuar de un hombre comprometido consigo mismo, con su sociedad, con su nación.

Es, como opina el ministro en retiro José Vicente Aguinaco, su prologador, “un retablo de lucha dialéctica judicial”, en donde el autor participa con la lanza en ristre de su criterio de jurista en una mano, y con la rienda de su saber y su experiencia de hombre de Estado en la otra.

Disensos y Coincidencias” como ha titulado el autor a esta publicación que se nos presenta ante todo como una “memoria de faena”, es un encomiable ejercicio de recopilación y sistematización, que ordena su contenido en dos grandes apartados:

  • 19 Votos Particulares;
  • 4 razonamientos de voto: uno referente a una contradicción de tesis, uno sobre acción de inconstitucionalidad y dos más sobre controversias constitucionales.

Por supuesto que a cada uno de los muchos quienes con gran interés y hasta pasión nos hemos abocado a la lectura de esta obra, nos llamarán la atención ciertos puntos en específico. Pero creo que donde se aprecia en toda su justa amplitud y brillantez el valor de esta publicación es al admirarla en su conjunto, como creación de una sola pieza.

Bajo esta óptica, la percibimos al mismo tiempo como un documento de Testimonio, de Instrucción y de Exhibición:

  • De testimonio, por la importancia del legado histórico documental del desempeño del autor, en un determinado lapso de su devenir como integrante del máximo tribunal de la República;
  • De instrucción, porque su lectura ilustra –no solo a los estudiantes y a los practicantes del derecho, sino también al público en general- acerca de el fondo y la esencia del quehacer de la Corte en momentos –como ya señalábamos- donde la nación se debate entre la nostalgia al alejarse sin remedio de su pasado y la incertidumbre de su andar por el camino de su porvenir;
  • De exhibición, en fin, porque es testimonio de un arduo esfuerzo de reflexión interna y a la vez expresión de una profunda convicción profesional sobre la ciencia y el arte de dar a cada quien lo que le corresponde, con lo que la obra llega a adquirir un aire realmente autobiográfico:

En un acto de confesión del ser humano ante sí y ante la sociedad de la que forma y se siente parte, Gudiño Pelayo se enfrenta al espejo de su propia realidad objetiva, con el afán de ser a su vez –en sorprendente y bella paradoja- juzgado por la ciudadanía según sus dichos, fiel a sí mismo y a la misión que el destino le asignó como estudiante, practicante y dador de justicia.

A partir de esta última cavilación, llega a nuestra memoria Nietsche, quien afirma en su obra póstuma “Ecce Homo” que un hombre agradecido con la vida, tiene el deber y el gusto de contársela a sí mismo y a los demás. “Narrar la propia vida –sostiene- es al final de cuentas la mejor forma de hacer filosofía”.

Explicarse y explicar a la sociedad las razones por las que ha hecho valer su dicho ante sus iguales y ante la sociedad al fin, es propio de un filósofo, es decir, de un amante de la sabiduría, de un hombre de pensar, vivir y actuar buenos y dignos.

En los disensos, la obra de Gudiño Pelayo es muestra del gallardo ejercicio de la libertad de pensamiento, ese respeto racional a las divergencias, que no son antagónicas, sino solo diferentes; en las coincidencias, su pensar es signo del reconocimiento de la igualdad y armonía de posiciones respecto de sus demás compañeros de pleno.

Como músico tocado por la mano de Themis, da su propia versión de lo que se encuentra escrito en la partitura de la vida social, partiendo del choque dialéctico entre el Ser y el Deber Ser.

Disensos y Coincidencias” es una obra de lectura y estudio promordial, para todos aquellos –juristas o no- que creemos que los altos valores de la Democracia y la Justicia, no obstante ser absolutos, constituyen una luz al final del túnel que nos impulsa a seguir avanzando en el largo y sinuoso camino que nos toca recorrer como polis y como sociedad, para irlos convirtiendo en hechos concretos y tangibles.

Agradeceré para siempre la distinción que me hiciera el autor, como colega, condiscípulo de estudios en el doctorado, y compañero en los colegios de profesores en Derecho de la Universidad Iberoamericana y la Autónoma de Tlaxcala.

José de Jesús Gudiño Pelayo

“Disensos y Coincidencias”

Editorial Laguna – Universidad Autónoma de Coahuila

Colección “Diez Años”

México, D. F., 2006

516 p. 23cm

[1] Profesor de la Universidad Anahuac del Sur.

[2] Gudiño Pelayo, José de Jesús: “El papel de los jueces en la construcción de la democracia”. Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación, “Capilla” del Instituto Cultural Helénico, Miércoles 22 de Marzo de 2006.

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