La Globalización: Metáforas y Realidades

Directional Arrows Around Globe --- Image by © William Whitehurst/Corbis

LA GLOBALIZACION: METÁFORAS Y REALIDADES

Por José Ramón González Chávez

Publicado en 2010 en la revista “Centro” revisado en 2015

 

Nos encontramos en un momento muy importante, en el que tenemos que vivir en medio de grandes contradicciones, una de las cuales se presenta en el concepto “Globalización” que se sobrepone a los conceptos de “individuo” y de “país”, que siguen siendo reales pero ya no hegemónicos.

A causa de la globalización el mundo ha dejado de ser una figura astronómica para convertirse en una realidad histórica, produciéndose un cambio en la forma concebirlo, similar a cuando se descubrió que la tierra no era el centro del universo o que el hombre ya no era creación divina sino de la naturaleza.

La idea de globalización está muy lejos de ser considerada como nueva, vomo una genialidad actual. Ideas globalizadoras podemos encontrarlas al menos desde el imperio romano, el pensamiento canónico o el renacimiento.

Pero el concepto da mucho para echar a andar el pensamiento y la imaginación, expresados actualmente en metáforas como “la aldea global”, “la primera (?) revolución mundial” que, sin embargo, por la gran complejidad que implica naturalmente el término “global” paradójicamente no alcanzan sino a representar acaso alguna o algunas de sus perspectivas (política, económica, geográfica, histórica, etc.).

En particular, la idea de “globalidad” que se maneja y se pretende imponer como parte de la cultura occidental, supone que se ha formado finalmente una comunidad mundial, basada sobre todo en las tecnologías informática y de telecomunicaciones, capaces de producir poco a poco la armonía y homogeneidad de los seres humanos y las sociedades.

En esta nueva época de la idea global, pasamos de la producción de artículos empaquetados de la revolución industrial, a la producción de paquetes de información. La tecnología telemática permite –no hay duda de ello- producir información, pero también inventarla, jugar con la realidad, y volverla una especie de conciencia humana virtual y unificada. La economía nacional cada vez más se vuelve un fragmento de la economía global y en la fábrica global de la aldea global, los productos globales pueden ser creados en un lugar o en varios a la vez y gracias a la publicidad y los medios de comunicación, son capaces de venderse en cualquier parte del mundo gracias a la creación de necesidades y patrones de consumo globalizados. En este sentido la “globalización” deja de ser una metáfora, anula la utopía y se convierte en una realidad implacable y aplastante.

En la “nave global” la máquina se sobrepone al maquinista. La razón es independiente del individuo y se vuelve un producto de consumo masivo, que no busca ya la supervivencia del ser humano sino del propio sistema. El mercado se impone a las demás actividades humanas y sociales y entonces la realidad es la realidad del dinero. Así, los individuos y las sociedades pierden la capacidad para darse cuenta de que están extraviados, disueltos en el anonimato global y lo que les importa es colaborar en la construcción del monumento al nuevo becerro de oro que representa el flamante sistema.

En la “Babel global” existe una lengua universal, que solo permite un mínimo de comunicación entre todos y se expresa sobre todo en mercados y mercancías. La “nave global” nos lleva a todos muy rápido, eso sí, por las nuevas tecnologías, pero en un viaje sin fin y a un destino incierto.

En general, la metáfora de la “Globalización” está muy ligada a la realidad cotidiana y poco a poco se convierte en cultura. Basta con encender la radio o el televisor, navegar un rato por la Internet abrir un diario o un magazine para darse cuenta de ello. Es clara la imposición del modelo desde cúpula del Decission Making global, con sus símbolos, mitos, y apóstoles.

Pero en países como el nuestro, resulta evidente que la realidad se sigue anteponiendo a la metáfora, cuando constatamos, por ejemplo, que la gran mayoría de mexicanos que viven en situación de pobreza o pobreza extrema no están dentro de ese “mundo feliz global”, puesto que ni siquiera tienen comida, electricidad, caminos, escuelas, teléfono; que, a pesar de todo, hay muchas personas y comunidades que siguen manteniendo su cultura, su lengua, sus tradiciones, que son muy distintas a la “globalización”.

Para nosotros jugar el verdadero juego de la globalización implica forzosamente esta doble visión intro y extrospectiva, rescatando, manteniendo y fortaleciendo lo mucho y bueno que nos identifica y nos hace únicos ante la comunidad mundial, y al mismo tiempo que aprovechando los beneficios, sin duda muchos y positivos también, del acceso a otras culturas, a otros medios, a otros productos de otras naciones y de factura global, para nuestro propio crecimiento, visión que por desgracia, al parecer está muy lejos de la que se manifiesta desde dentro y desde fuera, por parte de los que se empeñan en la aplicación unilateral, vertical y a ultranza de la versión colonial del modelo.

 

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