La Revolución Mexicana: Algunas reflexiones

“REFLEXIONES ACERCA DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA”

Por Raúl Ávila Ortiz y José Ramón González Chávez

“pecado de juventud”, publicado en conmemoración del 20 de noviembre. 1984.

CADA NACIÓN TIENE DETERMINADAS FECHAS QUE SIMBOLIZAN LA INFLUENCIA DEL PASADO EN EL PRESENTE, QUE MANIFIESTAN SU VIGENCIA EN EL EXISTIR ACTUAL. EN MÉXICO, HASTA LA RANCHERÍA MÁS REMOTA, EN LA CHOZA MÁS LEJANA, NO PUEDE PASAR INADVERTIDO UN DIECISÉIS DE SEPTIEMBRE, UN VEINTE DE NOVIEMBRE, TAMPOCO ENTRE NOSOSTROS.

El presente trabajo busca brindar un breve marco general de referencia acerca de las causas, antecedentes, evolución y consecuencias de la Revolución Mexicana.

Para entender la naturaleza de ésta, es necesario, desde el punto de vista dialéctico, conocer la diferencia entre dos conceptos: Movimiento y Revolución.

Según distinguido autor, “Revolución es el cambio fundamental de las estructuras económicas; es la transformación  total de un sistema de vida por otro completamente distinto”(1) en tanto que “ Movimiento, es el cambio parcial de las estructuras económicas, y total o parcial de las estructuras sociales, políticas o jurídicas ”(2).

Para Carpizo (3), los movimientos son clasificables en base a dos criterios que no obstante ser diferentes se entrecruzan y dan las diferentes clases de movimientos que conoce la historia:

1. Según su finalidad, el movimiento puede ser de índole político o social

1.1. El movimiento político puede perseguir un cambio de persona, principios jurídicos, sistema o independencia.

A) El cambio de persona puede perseguir la destitución de: un gobernante constitucional, un gobierno de ipso, un usurpador o un dictador.

B) El cambio de principios jurídicos, por su parte, puede perseguir la adición o supresión de ciertas normas: fundamentales, si se refiere a una decisión fundamental del orden jurídico; primarias, si la norma es de índole constitucional; y secundarias si es una norma no constitucional.

C) El cambio de sistema es la renovación de una forma de gobierno que determina una modificación profunda en el orden jurídico.

1.2. El movimiento de finalidad social, por otro lado, persigue que el hombre viva una vida mejor acabando con las injusticias sociales.

2.- Desde la arista de quien realice el movimiento, este puede ser efectuado por: el pueblo, por una clase social, por uno o más de los poderes públicos, por él ejercito o parte de él, o por una minoría ágil. Según algunos autores, los movimientos sociales siempre implican un cambio político, es decir, son una etapa más avanzada en el desarrollo de los movimientos.

Expuesto lo anterior es dable afirmar que los llamados cuartelazos, asonadas, motines, revueltas, etc., bastante numerosos en el pasado siglo en México, fueron movimientos con finalidades políticas cuyos ejemplos más ilustrativos se encuentran en los cambios de un sistema federal a un sistema central y viceversa, consignados en diferentes ordenamientos jurídicos de esa centuria.

En este orden de ideas, pocas revoluciones registra la historia; El paso de la esclavitud al sistema de servidumbre, del de servidumbre al sistema liberal burgués y de éste, en algunos países, al socialismo. En México, entonces, ¿es posible llamar revolución a los hechos ocurridos a partir de 1910?

La Revolución Mexicana de 1910, o de 1913, como lo han afirmado varios autores, es mal llamada Revolución. No existió una transformación fundamental, de esencia, en las estructuras económicas. En realidad fue un movimiento que en 1910 tuvo una finalidad política doble: derrocar a una persona y su proyecto (el dictador Díaz y lo que representaba hasta el momento) y llevar a la Constitución el principio de la no-reelección. Este movimiento político se convirtió en movimiento social en 1913, aunque el movimiento de Carranza siempre tuvo carácter político y -aclarando, en desacuerdo con algunos autores que sostienen que fue un movimiento efectuado por el pueblo, por que del pueblo partió la idea de las reformas sociales y no de quienes conducían el movimiento-, que desde el punto de vista de quién lo efectúo, se conjuga una clase social, uno o más de los poderes públicos, el ejército o parte de él y una minoría ágil.

Las causas motivadoras de éste movimiento político-social fueron, según opiniones generalmente aceptadas: el régimen de gobierno en el cual se vivió al margen de la Constitución; el rompimiento de ligas del poder con el pueblo que consecuentó la deplorable situación del campesino y del obrero; el gobierno central, donde la única voluntad fue la del presidente; la inseguridad jurídica en que se vivió, donde el poderoso todo lo pudo y el menesteroso no fue protegido por la ley; el uso de la fuerza tanto para reprimir huelgas como para aniquilar a un pueblo o a un individuo; haberse permitido una especie de esclavitud donde las deudas se transmitían de generación en generación; intransigencia política que se representó en la rotunda negativa a cambiar al vicepresidente para el período 1910-1916; la entrega de la economía nacional al elemento extranjero; y el raquitismo político de una clase media cuya intervención en los asuntos públicos era completamente nula.

A manera de antecedentes de este acontecimiento histórico, en términos generales podemos citar los siguientes: el Programa del Partido Liberal Mexicano; el Plan de San Luis; las Huelgas de Río Blanco, de Cananea y la Ferrocarrilera, y las rebeliones campesinas, el mismo proceso electoral de 1910.

A continuación, y siempre tocando los puntos salientes, trataremos la evolución o desarrollo del movimiento de que venimos hablando.

En 1901 se forma el grupo “Ponciano Arriaga” que dirigió Camilo Arriaga y de cuyo seno saldrían más tarde los redasctores del Manifiesto del Partido Liberal. Éste, expedido en 1906 en Saint Louis, Mo. por Ricardo y Enrique Flores Magón, Juan y Manuel Sarabia, Antonio I. Villarreal, Librado Rivera y Rosalío Bustamante, luego de examinar profundamente nuestra situación política, social, económica y religiosa. Marcaba los puntos concretos a realizar, los que en forma sintética, pueden agruparse en: libertad de expresión, reformas de tipo político, de carácter educativo, control sobre la iglesia católica, disposiciones de carácter económico y medidas tendientes a mejorar las condiciones de obreros y campesinos. Este Manifiesto proporciona la fuerza ideológica que necesitaban éstos últimos para concretar sus acciones traducidas en las huelgas de Cananea y Río Blanco, por citar algunas.

La efervescencia política, sentida en 1908 debido a la supuesta apertura política propiciada por el General Díaz, con motivo de las próximas elecciones, propició la creación de los Partidos “Democrático”, “Nacionalista Democrático” y “Antirreleccionista”, ideológicamente contrapuestos al Partido Releccionista.

Francisco I. Madero, quien junto con Emilio Vázquez Gómez dirigían al penúltimo de los nombrados, publica el libro “La Sucesión Presidencial en 1910” obra que causara gran inquietud en la opinión pública. Oriundo del Estado de Nuevo León, Madero persigue un fin político al procurar una transacción con el Presidente electo Díaz, aceptando que continuará en el poder pero cediera la vicepresidencia y parte de las curules y gobernaturas al partido antirreleccionista. Después de estériles diálogos conciliatorios entre Madero y Díaz, éste se reelige, y ocupa la Vicepresidencia Ramón Corral, mediante proceso un electoral fraudulento. Madero, luego de ser apresado arbitrariamente, se fuga a los Estados Unidos y expide en octubre de 1910, en San Antonio Texas, el Plan de San Luis, que convocaba a la Insurgencia con obvias implicaciones políticas y cuya fecha de inicio se preveía para el 20 de noviembre. Dada la persistencia del clima político, el movimiento armado estalló en tal fecha en diversas partes del país.

Madero, luego de diferentes hechos de armas, toma Ciudad Juárez declarándola capital provisional de la República; de declara Presidente legítimo de México e integra su gabinete con personajes como Venustiano Carranza y José María Pino Suárez.

Por su parte, Díaz luego de firmado los tratados de la Cd. Juárez y ante la fuerte presión política y social, renuncia y marcha en autoexilio a Europa.

Siendo Presidente provisional Francisco León de la Barra, se convoca a nuevas elecciones. Madero, quién creó el Partido Constitucional Progresista suprimiendo el Nacional Antirreleccionista, triunfa en las elecciones de noviembre de 1911, ocupando la Vicepresidencia de José María Pino Suárez. El gabinete nombrado por el nuevo Presidente causó gran descontento, pues defraudo a los representantes de los intereses y ambiciones de los representantes de los grupos que apoyaron a Madero (vgr.: de los ocho secretarios de estado solo tres eran revolucionarios); pero el error fundamental consistió en ratificar el sistema porfirista, pues no hubo cambios en el sistema burocrático, político, administrativo o social.

Madero olvidó los principios que lo habían guiado en la lucha, se desentendió de las demandas del pueblo, del sector obrero y campesino que le habían dado el triunfo. Pronto empezaron las sublevaciones: Zapata desconoció el gobierno de Madero y lanzó el Plan de Ayala, de contenido primordialmente agrario, reconociendo como Jefe Revolucionario a Pascual Orozco. Wilson, por su parte, luego de fraguar maquiavélico plan en contra de Madero, respondiendo a mezquinos intereses, logró hacerle renunciar obligadamente en febrero diecinueve de 1913, imponiendo a Huerta, que ya como Presidente Provisional se conviertió en un simple pero incondicional ejecutor de las acciones dictadas por la embajada norteamericana,. Huerta, quién juró  no atentar contra la vida de Madero, mandó matarlo junto con J.M. Pino Suárez, el 22 de febrero de ese año, culminado con ello la llamada “decena trágica”.

De esta manera se cierra un capítulo para abrirse otro en la historia que nos ocupa. Ante tales hechos, Carranza, entonces Gobernador del Estado de Coahuila, mediante manipulación del Congreso Local, desconoció al Gobierno de Huerta instando a otros Estados a sublevarse. Investido con facultades extraordinarias para legislar, luego de varios hechos de armas, expide el Plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913, firmándolo entre otros, Álvaro Obregón. Dicho documento, que según Carranza “no era de contenido social por motivos estratégicos”, contenía proposiciones tales como las de derrocar el espurio gobierno de Huerta y formar un ejército constitucionalista. Después de luchas armadas, Carranza llega a Hermosillo en septiembre 20 de 1913, organiza su primer gabinete y reordena su ejército. Los Estados del Norte ya lo apoyaban. Allí habla de crear una nueva Constitución que aparentemente respondería a las demandas sociales. No implicaba un cambio de hombres en el poder, solo “amplias” reformas sociales.

En tanto, Orozco se vendía a Huerta, por lo que fue desconocido por Zapata en Mayo de 1913. Ante las tensiones políticas entre el Congreso y el Ejecutivo que produjeron la muerte del senador Belisario Domínguez, entre otros, y una posible intervención armada norteamericana, la fórmula Huerta-Blanquet, descaradamente, se postuló como postulante a las elecciones extraordinarias celebradas en octubre de 1913, Ante el incontenible avance de las fuerzas carrancistas, la pérdida de apoyo por parte del gobierno norteamericano y la inminente invasión a Veracruz, Huerta, renuncia al poder.

A fines de 1913 el movimiento constitucionalista llega a su apogeo; con Obregón como ariete militar, tenía en sus manos dos tercios del país.

En agosto de 1914 Carranza entra a México. Sin embargo, hay discordias entre Villa y Zapata.

Ante la intransigencia de Zapata y Villa, Carranza convoca a una Convención en la Ciudad de México, en la que es ratificado como Primer Jefe de la Nación. Trasladada la Convención a Aguascalientes, donde ocurrieron serias divergencias entre el pensamiento zapatista y el carrancista. Al adoptar como bandera el Plan de Ayala, la Convención de Aguascalientes nombra como Presidente provisional a Eulalio Gutiérrez, mientras que el Jefe del Ejército Convencionista nombra a Villa, desconociéndose a Carranza, quien huye a Veracruz. Entretanto, Villa y Zapata entran a la Capital.

Desde Veracruz, en diciembre de 1914, Carranza adiciona el Plan de Guadalupe. El movimiento político se convierte forzadamente en social, por evidentes razones de carácter político, pues Carranza y su grupo perdían la partida. De tales adiciones se derivan la Ley Agraria de 1915, la Ley de Relaciones Familiares y la Ley del Municipio Libre, fuentes directas de las futuras reformas constitucionales.

Paralelamente a lo anterior, Obregón destruye a las fuerzas Villistas, con lo que se preparaba el regreso de Carranza a la Ciudad de México.

De está manera, el Congreso Constituyente de 1916-1917, causa final del movimiento carrancista y causa eficiente de la Constitución de 1917 hoy vigente, uno y otra consecuencia política del proceso a grandes rasgos descrito, condensaría las vertientes ideológicas surgidas antes y durante el movimiento político mal llamado “Revolución Mexicana”, y conciliaría, asimismo los intereses económicos, políticos y sociales que le dieron origen.

El principio de la no-reelección, la reforma educativa, la reforma agraria, el municipio libre y la legislación laboral, principalmente, fueron los logros incorporados a la Constitución. No obstante ello, ésta no instrumentó cambios significativos en la estructura del Estado, simplemente legalizó ciertas situaciones de facto, producto del Movimiento sentido.

Los regímenes post-revolucionarios, a ejemplo, han tenido que luchar para dar solución a los problemas no resueltos desde la época porfiriana. Tales soluciones, en su gran mayoría, han sido de carácter político y buscando aliviar solamente a corto plazo dichos conflictos.

La importancia reconocida entonces al sector obrero como elemento de impulso al desarrollo nacional explica el gran avance manifiesto en la seguridad social pero el olvido del primero se traduce también en la crisis de la segunda; la derrota de la facción agrarista ha significado la postrer opresión del sector campesino, quien no fue ni ha podido ser incorporado a la producción nacional. Para nadie es un secreto que la Reforma Agraria resultó en un rotundo fracaso y la política de la dádiva desde hace décadas hasta la fecha resulta inútil cuando no es contraproducente.

Las exigencias del sector social, por otro lado, provocaron el conocido proteccionismo de Estado, cuyo peso ha soportado fundamentalmente la clase media hasta su deterioro paulatino desde mediados de los años 70 hasta la fecha.

La reciente historia de México es un intento frustrado por acercarse al orden jurídico ideal insito en la Carta Magna y las leyes complementarias; un intento a modo de algunos gobernantes por modificar la normativa referente los cada vez más agudos problemas sociales, y un contra-ataque de otros buscando retroceder al estado que guardaban las cosas a mediados antes de la caída de Díaz. Todo esto en medio de enormes presiones internas e internacionales que condicionan el rumbo de cualquier política de tinte genuinamente nacionalista, obligando a la sumisión, voluntaria o no, del neoliberalismo, del cambio neo demócrata cristiano, o como se le quiera llamar.

Coincidimos en que México está en el umbral de una nueva etapa histórica en cuanto a su desarrollo integral, lo que hace necesario un profundo conocimiento de nuestro pasado para comprender la situación actual y dar un paso firme hacia el futuro. Sostenemos que nadie puede participar efectivamente del cambio si no es consciente de la esencia y el objeto de ese cambio al que tanto se invoca.

Los ciudadanos que tenemos conciencia de nosotros mismos como células de la comunidad política y de nuestro entorno social, jugamos un papel decisivo en dicho proceso de conocimiento y concientización; conocimiento del deber de construir y mantener una visión del Estado al que pertenecemos y debemos vivificar con nuestra participación activa; y conscientización de que todos somos uno y de que cada uno somos todos.

¿En qué medida la ciudadanía participará en la definición de la naturaleza y características del tan mentado cambio y del rumbo que este deberá tomar para que haya una verdadera modificación de las estructuras políticas, económicas y sociales que redunden en beneficio de los mexicanos?

Esta en todos y en cada uno de nosotros, dar respuesta a esta tan delicada interrogante.

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