El Sistema Democrático Mexicano: Transición o Consolidación?

EL SISTEMA DEMOCRÁTICO MEXICANO:

¿TRANSICIÓN O CONSOLIDACIÓN?

Por José Ramón González Chávez

(Elaborado en julio de 2015)

El proceso de desarrollo del sistema democrático de un país es muy complejo y su eficacia objetiva y su velocidad de instauración dependen en gran medida tanto de la tradición histórica, de la cultura política de la sociedad civil, como de la voluntad política de los tomadores de decisiones, de la calidad y capacidad de liderazgo de los actores políticos e incluso de las propias condiciones del entorno jurídico, político, social, económico, cultural, etc. en el que surge y se desenvuelve.

En tal sentido, podría llegar a afirmarse que todo proceso de cambio democrático, en su evolución, presupone al menos tres etapas:

  1. Dos Factores de Hecho:

A) La Crisis del régimen anterior; y

B) la Elección que produce el cambio;

2. La Transición, que viene en consecuencia y en la que se van desechando en forma gradual las normas, principios y prácticas del pasado y los esquemas vinculatorios con los poderes de facto, suplantándose por nuevos valores, reglas, instituciones y actitudes hasta llegar a la Instauración democrática; y

3. La Consolidación del nuevo modelo a través de elementos que afianzan al nuevo régimen y lo legitiman tanto al interior del Estado como en la comunidad internacional. Entre ellos, destacan solo por mencionar algunos de los más importantes:

  • La gobernabilidad y su efectividad en términos económicos, políticos y sociales;
  • La forma de resolver las contradicciones y afrontar los desafíos;
  • La forma de entender y asumir la Reforma del Estado (Población, Territorio, Poder, orden Jurídico) y del Gobierno (los órganos del poder público: legislativo, ejecutivo, judicial, órganos constitucionales autónomos);
  • La modernización de la gestión pública, o más ampliamente, de “Lo Público”;
  • El papel de los partidos políticos y la ciudadanía en el proceso;
  • La renovación de relaciones del encargado del gobierno con los factores reales de poder y los grupos de presión;
  • La presencia, actuación e influencia del nuevo modelo y sus propuestas ante los organismos internacionales

Este tercer y último aspecto, la Consolidación, que por su naturaleza y características suele ser el más complejo, como concepto teórico político es de cuño relativamente reciente; tiene su origen en el proceso de sustitución del régimen dictatorial en España sucedido a partir de la muerte de Franco y sus equivalentes en Portugal y Grecia a mediados de los años 70 del siglo pasado, los tres contribuyentes significativos para la conformación del modelo.

Morlino la define como el “proceso de reforzamiento, afirmación, robustecimiento del sistema democrático, encaminado a aumentar su estabilidad, su capacidad de persistencia y a contrarrestar y prevenir posibles crisis” [1].

Con base en tal definición, ese proceso de robustecimiento del sistema democrático instaurado –como he afirmado arriba- de manera jurídica, política, social y cultural -diríamos en resumen, estructural-, se ha venido dando de manera constante y permanente en nuestro país, aunque no sin tropiezos ni desafíos, pero que finalmente han podido irse superando en la medida de que de una u otra forma se han dado e instrumentado los acuerdos entre las distintas fuerzas y actores políticos.

En efecto, dentro de los rasgos que a mi juicio caracterizan la consolidación del sistema democrático mexicano, se encuentra uno que algunos autores han dado en llamar “compromiso democrático” y que se presenta cuando los actores políticos significativos determinan la forma en que se va a presentar y desarrollar la legitimación política, mediante el acuerdo de un marco general de reglas del juego, aceptadas por ellos en primera instancia, luego refrendadas con amplitud por el electorado, y en fin, expresadas objetivamente mediante conductas y actitudes a todos los niveles y en todos los ámbitos del quehacer político.

En el caso de México, este acuerdo y estos comportamientos objetivos de los actores y sujetos políticos para avalar la transición y desechar el estado de cosas anterior, desde luego con sus matices, han estado y siguen estando presentes en su práctica cotidiana y constante, a través de los medios de comunicación, de la comunidad política y del gobierno, con sustento en la mencionada aceptación mayoritaria -tácita o expresa- de la ciudadanía, lo que desde mi apreciación conforman rasgos distintivos y evidentes de la transición, engarzados de manera tridimensional:

  • En el ámbito Normativo, a través de un marco de reglas de comportamiento e instituciones encargadas de su salvaguarda y ejecución, que en su conjunto sustentan la consolidación democrática en su sentido formal. Cabe hacer aquí la mención del Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que han contribuido de manera crucial a la instauración y consolidación institucional del nuevo sistema democrático y a darle credibilidad hacia la ciudadanía;
  • En el ámbito Axiológico, mediante valores y principios que al ser convertidos en actos y actitudes de actores y sujetos, contribuyen a la consolidación democrática en su sentido material.
  • En el ámbito Cognitivo: por medio de conocimientos, creencias y percepciones sociales respecto de los contenidos de normas, principios y acciones que van dando sentido cultural a dicha consolidación.

Este trayecto gradual hacia la consolidación democrática en México se ve reflejado en la pluralidad no solo de contendientes político electorales y los partidos que los postulan y sustentan, sino también en el equilibrio fáctico de la representación en los distintos espacios de gobierno ocupados por los funcionarios electos en los tres ámbitos de gobierno

1.- Competitividad en los poderes Ejecutivo y Legislativo federales

2.- Competitividad a Nivel de Gobiernos Estatales

3.- Competitividad a Nivel de Gobiernos Municipales

Si bien, la transición democrática de un régimen de partido dominante a uno plural y competitivo es un hecho real, tangible y aun medible, es conveniente también considerar junto con este tan importante factor, otros de igual relevancia en el esfuerzo de transformación de fondo, como el mejoramiento de las condiciones de bienestar social y económico y la gobernabilidad, esta última comprendida como el conjunto de condiciones necesarias para que pueda darse un gobierno que goce de eficacia, sobre todo en términos del mejoramiento de las condiciones de bienestar, de eficiencia en la administración de los recursos nacionales y de legitimidad y apoyo social.

Sin perjuicio de los avances logrados en materia político electoral, considero, siguiendo a Norbert Lechner, que al proceso político de consolidación del sistema democrático en México le falta un mapa mental de largo alcance, que defina con certeza el espacio y el rumbo políticos a seguir [3], cartografía que hasta el momento ni desde el gobierno, ni desde los partidos, ni de los actores políticos se ha logrado todavía concebir y que por lo visto, desde la ciudadanía por sí sola, resultaría difícil de construir y convertir en hechos.

Así parece ponerlo en evidencia el reporte más reciente de la Encuesta Nacional Sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) [4], donde se remarca por un lado, que el electorado que mayoritariamente reconoce el valor de la democracia, la acepta como el “only game in town” [5] y rechaza el autoritarismo a cambio de mejoramiento de sus condiciones económicas; pero por otro, en cuanto al buen funcionamiento del sistema democrático y la confianza en instituciones y actores, el resultado es pobre; y en extraña paradoja, tal vez como producto del resabio proteccionista, destaca la poca intención de la ciudadanía de participar en el proceso de consolidación, siguiendo la línea de endosar dicha responsabilidad en el gobierno, concepto dentro del cual, por la misma razón, irían incluidos además de los órganos del poder público, las instituciones y los actores políticos, condiciones todas estas determinantes de un proceso de consolidación democrática plena.

Para algunos [6], la transición en México es un proceso aun inconcluso. La alternancia política y los gobiernos derivados de ella no han traído por sí mismos la evolución democrática en sentido amplio.

Pero para otros –entre los que me sumo-, existen signos claros, tanto de la transición como de la consolidación democrática, que se han ido dando de manera gradual y a los ritmos del entorno político económico y social propio de nuestro país y que se expresan en al menos tres vectores:

  • Desde el punto de vista jurídico, existe un marco de normas legales que regula con detalle el sistema electoral e instituciones jurisdiccionales y autónomas que se encargan de su aplicación;
  • Desde el ámbito Político la pluralidad es cada vez más parte de la cultura política, tal como lo muestran las gráficas expuestas arriba;
  • Desde la perspectiva social, porque la percepción ciudadana muestra la convicción del rechazo al regreso de las actitudes autoritarias y de la aceptación de la democracia como vía de solución de los conflictos políticos (vid. ENCUP 2008, op cit.).

La transición que se ha dado ha dejado sus huellas, pero aun hay un trecho importante por recorrer. Para que ésta pueda consolidarse, deberán concretarse al menos los siguientes presupuestos, desde la perspectiva poliárquica de Dahl:

  • Una perspectiva abierta en cuanto al futuro de la democracia, donde convivan y se mantengan:
  • Una certidumbre de derechos, obligaciones y procesos, y a la vez
  • Una incertidumbre en los resultados (movilidad de las mayorías), condición y presupuesto de la vida democrática;
  • Convergencia de intereses entre los distintos sectores de la sociedad civil, independientemente de sus naturales matices, con posibilidades reales y voluntad política para la participación en la elaboración de propuestas, en el co-gobierno y la evaluación de su efectividad y congruencia entre lo que se dice y se hace.
  • Credibilidad de los grupos de poder, para afianzar la legitimidad y la estabilidad del nuevo modelo de sistema democrático.

La Consolidación del Sistema Democrático en México tiene ante sí grandes retos, uno de los principales consiste en pasar de su condición meramente formal a la parte cualitativa, que supone no solo fortalecer el sistema electoral, sino también los sistemas de gobierno, de partidos, de medios y de participación ciudadana, tanto a nivel federal como de las entidades federativas.

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NOTAS AL PIE DE PÁGINA:

[1] Morlino, L. “Consolidamento Democratico: Definizione e Modelli”. Rivista Italiana de Scienza Poltica. 1986, Num, 2

[2] Fuente: Andreas Schedler, “Transiciones a la Democracia”, CIDE-TEPJF, México, Abril 2010.

[3] Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política. LOM Santiago, Chile, 2002 p.27, Citado por Roger Bartra “La Sombra del Futuro, reflexiones sobre la transición mexicana”, conferencia magistral en la cátedra Julio Cortázar, Universidad de Guadalajara, 30 de octubre de 2009, en revista Letras Libres, noviembre, 2009

[4] http://www.encup.gob.mx/encup/cuartaENCUP/Informe_ENCUP_2008.pdf

[5] J. Linz: «Transitions to Democracy» en Washington Quarterly Nº 13, 1990, p. 156. Valga solo señalar que esta afirmación sobre the only game in town o el único juego posible, entraña algunas ambigüedades dignas de reflexión pero que exceden los alcances del presente documento.

[6] vid. “Acuerdos básicos para la consolidación democrática”, http://www.cdhdf.org.mx/index.php?id=foro_acuerdos

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BIBLIOGRAFIA

  • Bachelet, Michel. “Los Avances y Desafíos para la Consolidación de la Democracia en América Latina a fines del Siglo XX”. Colegio Interamericano de Defensa, Departamento de Estudios. Washington, D. C., 1998.
  • Corona Armenta, Daniel (coordinador). “Los Poderes Federales en la Consolidación Democrática de México”. UNAM – Ediciones Guernica. México, 2006.
  • Dahl, Robert. 1957. “Decision_Making in a Democracy: The Supreme Court as a National Policy-Maker”. Journal of Public Law 6: 297.
  • Diamond, L. “Is the Third Wave Over?”. Journal of Democracy, vol. 7, núm. 7, julio 1996.
  • Instituto Federal Electoral. “Las Nuevas Modalidades de la Interlocución Política en México”. México, D. F., 2003.
  • O’Donnel, Guillermo. “Ilusiones sobre la consolidación. Revista Nueva sociedad, 180-181, Jul. – Ago. / Sep. – Oct. 2002, pp 311-332, Caracas, Venezuela.
  • Ochman, Martha. “Reforma del Estado y la profundización de la democracia: el paradigma de la democracia directa”. REDIPAL Red de Investigadores Parlamentarios de América Latina. Congreso de la Unión, México, Abril, 2009.
  • Santamaría, Julián. “El papel del parlamento durante la consolidación de la democracia y después.
  • Secretaria de gobernación. Unidad para el desarrollo Político “Cultura Política y Participación Ciudadana antes y después de 2006”. 1ª Edición octubre de 2007.  
  • Tribunal electoral del poder judicial de la federación. “Informe de Labores 2007-2008”.

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