Ulrico de Magencia: Personaje enigmático en la Conquista de la Nueva España

ULRICO DE MAGENCIA: PERSONAJE ENIGMÁTICO DEL SIGLO XVI

Un acercamiento biográfico

Por José Ramón González Chávez

Sólo fue sacerdote por un año. En 1512 entró en contacto con cátaros de Montségur.

En Montségur, en los Pirineos, se erguían las ruinas del llamado Castillo del Grial; los cátaros, una de las ramas albigenses. En contra de estos Mahatma Gandhi  de la Edad Media, como los llamara Otho Ralm, se desató la furia de la espada y el fuego, a partir del año 1207 cuando les declaró la guerra el Papa Inocencio III. Y esta herejía, a la que por su parte Maurice Magré –visionarios de otros mundos- denominados el budismo del Occidente, fue casi borrada por obra de la sangre y de la hoguera. La cruzada que asoló la Occitania estaba encabezada por el lúgubre abad Arnaldo de Citeaux y el cruento conde Simón que cabalgaban. Como lo cantara Lenau.

En la región hay grandes planicies verdes rodeadas de bosques sensuales, ríos cristalinos y escarpadas montañas que esconden cavernas mágicas.

Albiguenses sobrevivientes del catarismo que se ocultaban en la región cuidando los vestigios de su antigua apoteosis, es con quienes Ulrico de Magencia aprendió ciencias secretas y una manera sublime de elevar su espíritu. De este modo, en las brasas de esas cenizas –las del culto cátaro-, en la tierra occitana de los caballeros y trovadores donde dice la leyenda se preservó el Santo Grial, con los descendientes de los “puros” y en este lugar de hermosos paisajes, Ulrico de Magencia prendió una luz interna que habría de iluminar su alma y su vida a lo largo de todas sus aventuras.

Ulrico estudió medicina y precisamente en calidad de médico militar se enroló en la expedición de Hernán Cortés a México.

Ulrico fue recompensado con la posesión de una mina de oro que habría de convertirlo en un hombre muy rico. Luego de estar siete años en México –siete años, número iniciático- regresa a Europa dueño de una gran fortuna. Según relatan sus biógrafos, compró en España un castillo cerca de la frontera con Francia. Atesoraba libros y se dedicó a la alquimia y a la astrología. Y las enseñanzas cátaras, que sembraron en él la búsqueda de la paz del espíritu, lo siguieron inquietando y le daban impulso y profundidad a su persona.

Motivado por la lección cátara –queriendo con prudencia, además, poner durante un tiempo de por medio entre él y la Inquisición la distancia del mar-, reunió una flota y en 1540 partió del puerto de Cádiz rumbo al Extremo Oriente. Había sido explorador y conquistador con Cortés; ahora quería ser tan sólo explorador y lo que buscaba era algo superior al oro.

Viajó por tierra en la frontera entre la India y China. Pero su destino principal fue alcanzar las alturas del Tibet e iniciarse con el tercer Dalai Lama, de nombre Sodnam Dschamtso, en disciplinas y conocimientos ancestrales.

Luego de siete años de viaje –otra vez el número esotérico- Ulrico retornó a Europa, a sus posesiones españolas. Entregado al estudio y la castidad, redactó durante años una obra monumental llamada “Arbor Mirabilis”, la que sería publicada en 1556. En ella expone revelaciones y profecías que tienen que ver con el ciclo de 2 mil años de la historia humana. Ahí identifica la liberación de Jerusalén con el inicio de una tercera guerra de todas las naciones.

En el aliento milenario de las profecías hay in símbolo, el del árbol cósmico que remite el mito de la Edad de Oro al origen de los tiempos, al paraíso perdido. La Edad de Plata que se relaciona con la luna, es la era nocturna, la de la religión estática. La Edad de Bronce significa el desencadenamiento de la soberbia, la violencia y la guerra. La Edad de Hierro es la edad oscura, la de las civilizaciones idólatras que divinizan lo material y lo humano. La edad de oro es el antecedente y será la Edad Postrer. Los grandes círculos de la historia se desenlazan como en una espiral que da vuelta sobre sí misma; el fin es el principio.

En “Arbor Mirabilis”, el anhelo del estado primordial se convierte en profecía  como un brote del árbol de Seth, nacido de una rama de Árbol de la Ciencia, el Árbol que estaba en el centro del Paraíso Terrenal.

Pero Ulrico completa los principios iniciático occidentales con la misma influencia hindú y budista, y hace así la profecía –para después de la última guerra anunciada por él- del nacimiento de la Paz Universal, donde los hombres en gran armonía consigo mismos habrán reparado sus errores; confiaba así en lo que los adeptos budistas sostienen como “infinita sabiduría y bondad de la Potencia  innombrable”. La interpretación de las doctrinas orientales le hizo creer en la posibilidad que tiene el hombre de sustentar su vida en el equilibrio perfecto entre el misterio y las maravillas.

Ulrico de Magencia tuvo como discípulo al célebre Nostradamus y se sabe que, en la primavera del año de 1558, abandonó su castillo desapareciendo para siempre sin dejar rastro, perdido en las brumas de la historia.

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