Festejar el 15 de Septiembre: ¿Para Qué?

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15/16 de Septiembre: Para Qué?

Por Jose Ramon Gonzalez

 

He escuchado personas que con un marcado pesimismo dicen que la fecha del 15 de septiembre no merece ser conmemorada: “¿Hay algo que festejar?’ ‘¿Cuál independencia?’ ‘¿Cuál futuro?” Bajo esa óptica corrosiva y estéril, la cultura social, el liberalismo, el humanismo, pocas opciones tendrían de sobrevivir, cuando al contrario y sin duda, son lo asideros más importantes con que contamos para anclar un mejor porvenir.

Por otra parte, pretextos para hacer pachanga sobran; muestras claras y tangibles de ello podemos encontrarlas en todo momento, en México, claro, pero también en muchas otras partes del mundo, además de que -tal como ya comentábamos en otro escrito- la vida actual está repleta de actos rituales paganos, salpicados de globalismos y nacionalismos mal entendidos y peor interpretados, situaciones a las que, por supuesto, nuestro “Día de la Independencia” no escapa.

Pero para fortuna de la humanidad y de nuestro país, las cosas no tienen por qué ser solo así. No me imagino, por ejemplo al pueblo alemán o al japonés al final de la segunda guerra mundial, haciéndose esas mismas preguntas el día de su respectiva fiesta nacional, fechas que confrontadas a sus realidades, constituían un acicate para sobreponerse a las circunstancias adversas.

De ahí que más que como festejo, deberíamos aprovecharlo como una conmemoración, esto es, como una forma de traer a la memoria juntos, lo que significa esa fecha para nosotros como nación en general y como ciudadanos en lo particular; reflexionar sobre lo que hemos logrado desde entonces, lo que hay que corregir y fortalecer, lo que tenemos que desechar, rechazar o evitar; lo que nos falta por hacer o dejar de hacer. Una manera también de recordar el compromiso que nos debemos a nosotros mismos en tanto que población y pueblo, elemento fundamental del estado, para hacer lo que nos corresponde, cada uno desde nuestra trinchera, en esta lucha interminable y sin ganador ni vencido que nos evoca el águila y la serpiente de nuestra hermosa bandera.

Por eso más que un grito de festejo, hagamos que suene como un llamado a la acción individual y colectiva: ¡Viva México!

 

 

12 de julio: Día del Abogado

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ENTRE ABOGADOS TE VEAS: 12 DE JULIO, DÍA DEL ABOGADO

Por José Ramón González Chávez

Reconocidos por unos, insultados por otros, pero necesarios para todos, los abogados de México festejarán el próximo domingo 12 de Julio festejarán, tal como lo han hecho desde hace 55 su día.

El término de Abogado proviene del latín advocatus, “llamado en auxilio”, lo que hace referencia a aquellos que se dedican a defender en juicio por escrito o de palabra, los intereses o causas litigiosas, pudiendo representar a particulares, empresas o gobiernos en asuntos jurídicos ante los tribunales competentes.

La historia de esta celebración data de 1960, cuando por petición del periódico el Diario de México de la capital del país, el Presidente de la República, el Lic. Adolfo López Mateos, decretó la celebración oficial de esta fecha. Federico Bracamontes, fundador de Grupo Diario de México, tomó el 12 de julio para festejar a los abogados a partir de dos sucesos de relevante trascendencia para el Derecho en América ya que, por un lado, fue precisamente el 12 de julio de 1533 cuando se estableció en la Nueva España –y más bien, en todo el continente americano- la primera cátedra para la enseñanza del Derecho y además se dictaron las primeras Ordenanzas de Buen Gobierno.

Todo empezó cuando Carlos V de España y I de Alemania ordenara por cédula expedida el 21 de septiembre de 1551 el establecimiento de un estudio de universidad de las ciencias, inaugurándose al poco tiempo –para ser exactos, el 25 de enero de 1553- la Real y Pontificia Universidad de México, con las facultades de Cánones y de Leyes, dando con ello inicio a la historia de la educación superior en nuestro país.

Durante el Virreinato hubo una división entre jurisconsultos y abogados. Los primeros estudiaban y desahogaban consultas en su biblioteca y los segundos asistían a los tribunales. La Facultad de Leyes de la Real y Pontificia Universidad de México contaba con cinco cursos anuales de Prima y Vísperas de Derecho y dos cursos más de Jurisprudencia Civil. Así fue que el 12 de julio de 1553, Bartolomé de Frías y Albornoz leyó ante testigos una ponencia sobre Prima de Leyes.

Los abogados virreinales llevaban una vestimenta específica que los distinguía: traje negro con calzón corto, chinelas o zapatos sin talón con hebilla de oro o plata según la alcurnia y la posición económica, con una toga. Después de la Independencia se quitó la solemnidad de la toga para los abogados.

Cabe mencionar que la facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México conmemora también el 3 de junio, pues en esa fecha del mismo año de 1533 inauguraron los cursos en la Real y Pontificia Universidad de México y se pronunció la primera lección jurídica en América por parte de don Pedro Morones.

El Día del Abogado se celebra todos los años a manera de recordatorio de los deberes que todos los mexicanos, tenemos de cumplir y hacer cumplir la Ley y hacer que se haga justicia, pero con un compromiso aun mayor para los abogados.

El primer festejo nacional se llevó a cabo en la ciudad de México, en el Palacio de Bellas Artes, el 12 de julio de 1960, asistió en representación del Presidente Adolfo López Mateos –abogado- el entonces Procurador General de Justicia del Distrito y Territorios Federales, Fernando Román Lugo, declarando formalmente instituido el Día del Abogado.

Para el festejo de 1961, el presidente López Mateos recibió de manos de Federico Bracamontes, fundador de Grupo Diario de México, el galardón “La Cruz de Honor a la Dignidad Profesional”, otorgada por el Comité Fundador del Día del Abogado, en reconocimiento a su carrera en las leyes y la instauración de este festejo.

A partir de esta celebración, los mandatarios Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, fueron recurrentes invitados de honor a este festejo; mientras que los ejecutivos Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari (economista), Ernesto Zedillo Ponce de León (economista), Vicente Fox Quesada (ciudadano), Felipe Calderón –abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho– y Enrique Peña Nieto (abogado de la Universidad Panamericana) han asistido a la festividad.

Los Abogados y la Estadística

Según datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) extraídos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del primer trimestre de 2014, el número de abogados en México, suma un poco más de 321 mil personas, de las cuales  58% son hombres y 42% son mujeres (La primera mujer abogada en el país fue María Asunción Sandoval en 1891).

La edad promedio de los abogados mexicanos es de 37.4 años; en los hombres es de 39.2 mientras que en las mujeres es de 34.9 años. La mayoría tienen de 25 a 34 años. Su promedio de escolaridad es de 16.7 años, lo que equivale a cinco años de licenciatura e incluso hasta un año de posgrado.

En el contexto de la al parecer inminente implantación del nuevo sistema de justicia penal acusatorio, vale la pena mencionar que apenas 3.3% de los abogados mexicanos habla alguna lengua indígena además del español.

Uno de cada doscientos abogados presenta en alguna discapacidad, pero casi en su totalidad se refiere a la dificultad para ver, aun usando lentes.

En el terreno económico, la proporción de abogados respecto del total de ocupados a nivel nacional es de 0.7 por ciento. En el Distrito Federal alcanza el porcentaje más alto, con 1.7%, en tanto que Tlaxcala tiene el porcentaje más bajo con 0.2 por ciento.

36 de cada 100 personas que estudiaron Derecho, están ocupados y son remunerados, se dedican a actividades diferentes a su profesión y otro 48% -casi la mitad- son investigadores, especialistas y docentes, lo que significa que solo el 16% se dedica a actividades litigiosas, como litigantes, ministerios públicos y juzgadores u otras como notarios y legisladores.

Los abogados en México ganan en promedio por hora trabajada alrededor de 73 pesos y trabajan 8 horas. La cantidad es mayor si se trabaja por cuenta propia (83 pesos) o como empleadores (entre 75 y 86 pesos por hora, dependiendo el sexo) y menor cuando son empleados, manteniendo también las mujeres una posición de desigualdad en este rubro.

Sólo seis de cada 100 abogados ejercen un puesto de mando como director, gerente, coordinador, jefe de área o juez calificador en los servicios de salud, enseñanza y sociales. Otro 10% tienen puestos técnicos en oficinas.

Un 59 por ciento son trabajadores subordinados y remunerados, 33 por ciento trabaja por su cuenta, siete son empleadores y uno por ciento es trabajador no remunerado.

De los abogados subordinados, remunerados o asalariados, 43% gana de 3 a 5 salarios mínimos, 31% más de cinco y 19 entre dos y tres, además de que 56% carece de prestaciones a instituciones de salud.

El sector terciario (servicios) es donde más se emplean los abogados mexicanos (97 por ciento del total), principalmente en los que van desde comercio, restaurante, hoteles, transporte y correo hasta servicio financieros, corporativos, sociales y de gobierno u organismos internacionales. Sólo el 3% restante se desenvuelve en industrias como la minería, las manufacturas, la construcción y la electricidad.

Los abogados se distribuyen por toda la geografía nacional, aunque 99% se ubica en zonas urbanas, concentrándose principalmente en cinco entidades federativas (Distrito Federal, Jalisco, México, Puebla y Veracruz), en las que reside 58.3% de la población.

En algunas entidades federativas el número de mujeres abogadas es mayor que el de sus colegas hombres, como Guanajuato (63%), Tabasco (59%), Michoacán (54%) y el Distrito Federal (50.4%).

En el otro extremo, hay otras entidades que tienen bajos porcentajes de abogadas respecto a la media nacional, como Hidalgo y Querétaro (20%) y Nuevo León (25%), pero cabe destacar que Guerrero es el estado que tiene el menor porcentaje de mujeres abogadas, pues solo 16 de cada 100 profesionales del Derecho son del sexo femenino.

Las Lecciones de Fidel

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Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

El 25 de noviembre pasado, en un comunicado desprovisto de matices ideológicos, redactado casi como una esquela, el Presidente de Cuba Raúl Castro anunciaba oficialmente la muerte del líder histórico de la Revolución Cubana: Fidel Castro Ruz.

Nací en el tiempo en el que inició esa Revolución; mis primeros recuerdos están salpicados de frases, comentarios y hasta chistes de mis padres, tíos y sus amigos sobre Fidel y su circunstancia. Su talento político, su intransigencia y hasta fundamentalismo, el manejo de las coyunturas y hasta su suerte, me habían hecho sentir que Fidel era inmortal, así que al momento de escuchar la noticia de su deceso quedé pasmado, hasta cierto punto huérfano de esa parte de mi historia.

Luego, inspirado por el espíritu de Jano, ese dios griego que al mismo tiempo ve hacia el pasado y el futuro, me surgió la reflexión obligada de que con su partida terminaba una era y me sumergía en la incertidumbre hacia lo que vendrá, pero además me empujaba en obligada retrospectiva a los orígenes de todo aquello que motivó la Revolución Cubana y el reconocimiento, con un amargo sabor de boca, de todo aquello que después de todo este tiempo mantiene su vigencia en muchas partes: el empobrecimiento de la mayoría ante el enriquecimiento insultante de unos cuantos; el ensanchamiento de la brecha socioeconómica; la corrupción política y social; el abuso en el ejercicio del poder, la intromisión extranjera en los asuntos públicos y la concomitante imposición de decisiones y gobernantes, solo por mencionar algunos.

Quien piense que los mediados del siglo pasado eran mejores en términos de paz y tranquilidad que los tiempos actuales, se equivoca. Como buen sesentenial; nací en un mundo convulso, tanto o quizá más que el actual: en medio de la creación de la Comunidad Económica Europea; del lanzamiento en plena Guerra Fría del primer satélite soviético, el Sputnik y meses después del norteamericano Explorer1, con lo que daría inicio oficial a la extensión del conflicto hacia zona que desde entonces y hasta ahora tiene alta significación estratégica militar y de seguridad nacional e internacional; con la fundación en EUA de la NASA mientras el gobierno de ese país proseguía con sus cientos de ensayos nucleares en el pacífico, a lo que el Filósofo y humanista Bertrand Russel reaccionó con el inicio de la campaña mundial contra el desarme nuclear, que al final abonaría a la consolidación de la Doctrina Estrada; el Apartheid rampante en estados unidos provocaba la confrontación de grupos de raza negra defendiéndose de los embates del Ku Klux Klan; en Venezuela era derrocado el dictador Marcos Pérez; Siria y Egipto se unían para formar la República Árabe Unida y en respuesta Irak y Jordania proclamaban su propia federación; en España Franco promulgaba sus “Leyes Fundamentales del Reino” al tiempo que invadía Marruecos ante el surgimiento de grupos independentistas En Argentina, la lucha por el laicismo en la educación provocaba fuertes enfrentamientos entre policía y estudiantes, reaccionando tarde a lo que den México había detonado la creación de la UNAM, pero anticipándose a lo que 10 años después sucedería también en México y en muchas partes del planeta.

A todo este contexto se sumó el asalto al Cuartel Moncada y sus secuelas, evento que al inicio fue visto por muchos como un acto aislado de algunos revoltosos, pero que terminó por convertirse en el más grande desafío real que ha tenido el gobierno más representativo del capitalismo en el mundo, no solo en términos bélicos y geopolíticos ante el tenso entorno prevaleciente entonces, sino también en los aspectos económico e ideológico por implicar la confrontación de un modelo propio con el que desde nuestra frontera norte se pretendía imponer para la región. Un desafío que hacía ver que la autodeterminación, la dignidad y la soberanía de los pueblos eran posibles, Desde entonces, Cuba, Latinoamérica y el mundo no volvieron a ser los mismos.

Si hay algún ámbito donde la lucha dialéctica entre capitalismo y socialismo se han reflejado con mayor claridad –sin perjuicio de otros también dignos de resaltar- es en la confrontación entre dos derechos fundamentales: el de Libertad y el de Igualdad, pues en cada caso, en aras de darle viabilidad al propio modelo político – económico – Jurídico, uno se ha exaltado en detrimento del otro. Y en el afán por mantener, defender, imponer el modelo propio, también de un lado y otro se han impuesto decisiones, se han lesionado derechos, se ha trastocado la Paz, la convivencia pacífica, la libre determinación, la no agresión, todos ellos valores universales en la construcción de un entono sano en el que se desenvuelva la comunidad internacional.

Fidel y su pueblo han soportado el embate de 11 gobiernos norteamericanos, demócratas y republicanos, radicales y moderados. Fidel salió ileso de incontables intentos de asesinato provenientes de diversos autores. El peso de sus argumentos ha superado la guerra ideológica; el descrédito mediático; el desgaste que por fuerza acompaña el ejercicio del poder y del gobierno. En cuba no se le llora a Fidel, porque Fidel trascendió su esencia material y se volvió parte de su esencia. Quizá por eso sea el único estadista que después se 50 años en el poder se haya convertido en parte de la sangre y la tierra de la gran mayoría de los cubanos.

Cuba, junto con los países de la región latinoamericana, pasan por procesos internos de transición profunda, de revisión de principios, valores, modelos y expectativas, en un esfuerzo por esculpir sus nuevos rostros ante el futuro.

En política se es alguien, pero también se representa a alguien y a algo. El mundo, Latinoamérica y Cuba ya no fueron los mismos después de la segunda guerra, la posterior guerra fría, la revolución cubana, la crisis de misiles, la caída del muro, el fin y reinvención de la URSS. Tampoco lo serán tras la coyuntura formada por el arribo al poder de Trump y la muerte de Fidel Castro, parteaguas que sin duda marcará la historia de Estados Unidos, Cuba y Latinoamérica en los años por venir.

Fidel Castro, como cualquiera que se digne de tener la denominación de “hombre de Estado” es un personaje de luces, sombras y penumbras. Es en este sentido que puedo entender lo dicho por el Presidente Obama a la ocasión de la muerte de Castro: La historia será su mejor juez.

 

Requiem a un Muro *

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por Jose Ramon Gonzalez Chavez

* Texto elaborado en conmemoración del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín

 

También era un 9 de noviembre, pero de 1989,hace un cuarto de siglo…

Era un jueves y, como tal, fui a mis clases a la Sorbona, en Paris II, en la Facultad de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

Salí corriendo del Instituto Internacional de Administración Publica, donde tomada clases diario desde las 9 de la mañana. Ya eran 10 para las 4 hora a la que debía entrar a mi clase de Ciencia Administrativa, así que apenas tenía el tiempo preciso para anticiparme a la llegada de mi tutor, Roland Drago, hombre de porte y gesto adusto, acentuados por unos lentes de armazón gruesa y mucha graduación, a los que aderezaba un pelo cano y encrespado, que hablaba muy bien de su carácter, así que nadie -al menos, con toda seguridad, yo- tenía el menor interés de llegar tarde y solicitarle entrar al salón.

Salí corriendo del Instituto por la avenida Observatorio hacia la entrada principal del Jardín de Luxemburgo, que me quedaba en la esquina con la calle Augusto Compte. Aunque tuviera poco tiempo, lo prefería a irme por la calle Saint Michel, un trayecto comparativamente más aburrido que el de esta opción, que ofrecía siempre una bella vista frontal del palacio, que con cada estación cambiaba de ropaje. Era la mitad del otoño, así que empezada a hacer frío; las hojas secas de los árboles, que ahora tenían tonos rojos, ocres y amarillos, sonaban de un modo particularmente hermoso al ser movidas por el viento y caer al suelo, creando un tapiz multicolor y a la vez sonoro a cada pisada

Como siempre, al llegar hasta la plazoleta central del jardín, tomaba a la derecha para salir justo a la Rue Soufflot, cuyo recorrido me regalaba también una vista monumental y continua del Panthéon hasta la entrada de la escuela.

Subí a zancadas las amplias escaleras del ala sur del recinto que llevaban al salón y para mi fortuna llegue al mismo tiempo que mi tutor caminaba en sentido contrario por el pasillo. Entré atrás de él yme coloque en mi lugar de siempre al fondo pegado al ventanal, para tener la vista hermosa del Panthéon y ver el momento en que se iluminaba, al caer la tarde.

La clase transcurrió como cualquier otra. Para ese momento ya me había desecho del pesado fardo de tener que traducir todo,escuchaba la clase como si fuera en español, ayudado por la voz potente e impostada y la dicción especialmente clara y sin rastro alguno de acento (era de origen argelino) que correspondía a un profesor de la talla de Drago.

Salí de la escuela a las 8 de la noche. En estas épocas anochece temprano. Todo parecía ser un día normal. Ningún rasgo extraño en la cara de la gente, salvo el dejo nostálgico que trae el otoño. Pase a la óptica de la esquina de Soufflot y Rue de la Sorbonne por unas fotografías que había mandado revelar. Me detuvieron -como es recurrente en esa zona- unos turistas japoneses que en mal inglés y peor francés me preguntaban sobre la ubicación del Zig Zag, un Pub que se encuentra entre la Rue de Cannes y Lenneau, en pleno corazón del Cartier Latin. Estaba de humor y sin prisa, y como no entendían mi improvisado lenguaje de señas, mejor tome una hoja de mi libreta y les hice unmapa.

Caminé, como de costumbre, hacia la estación “Luxemburgo” del RER que tomaba hasta la estación “Cité Universitaire”. Nada parecía dar muestras de ser algún día especial, al contrario la sensación era más bien de rutina. Era el final de una hora “pico”, así que el metro venía algo cargado. A medios empellones entre al vagón y me ubiqué en el pasillo. Por ser zurdo me detenía de la abrazadera con mi mano izquierda y eso me permitió ver la edición vespertina de un diario, doblado bajo el brazo izquierdo del vecino a mi derecha, del cual surgían algunas palabras que aludían al muro de Berlín. No se podía leer bien de que se traba la nota, pero en una parada, desplegó el diario en la primera plana y entonces pude ver con toda claridad las 8 columnas: “Cayó el Muro de Berlín”.

Ya había pasado recientemente lo de la Plaza Tien An Men en Pekin; la actividad bélico geopolítica del dúo hiperdinámico Reagan-Thatcher era manifiesto; por su parte y en la misma tónica, el papa Juan Pablo II con el sindicato Solidaridad en Polonia y en otras naciones que poco tiempo después se identificarían mediáticamente como Los Países del Este; Gorbachev con su Cambio (Perestroika) y Transparencia (Glasnost) al interior dela todavía Unión Soviética y su relación con sus países aliados. Pero esto era realmente inusitado, sorprendente -lo comenté con el dueño del periódico- por lo que por décadas significó ese muro.

Cuando llegue a la “Casa de México” en la “Loge” (vestíbulo) todo era algarabía. Los estudiantes de derecho, política, administración pública, con ojos de plato comentaban, reían, dudaban… “Todos a Berlín!, Todos a Berlín!” comenzaban a gritar.

Prendí la tele y ahi pude ver imágenes de la Puerta de Brandemburgo. Llamaba fuertemente la atención que no había adultos ni viejos, que fueron quienes vivieron y sufrieron con mas intensidad las secuelas del muro. Solo jóvenes. Después nos enteramos que “para la foto” habían abierto una entrada y una salida angostas y que al pasar los alemanes orientales con su pasaporte recibían 100 dolares para gastar del otro lado; abarrotaban los Mc Donalds; las vinaterías; era la primera bacanal global…

La guerra fría y con ella el riesgo de la Guerra Total –al menos por ese momento- terminaba también. hubo quien hasta osó escribir sobre “El Fin de la Historia”. Pero el fin de la dialéctica capitalista-socialista anunciaba al mismo tiempo, aunque de manera tácita, el mundo unipolar, con sus nuevos evangelios y todos sus profetas y discípulos.

El Siglo XXI comenzaba realmente en 1989…

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Vicente Guerrero y el Prisma de las Historias

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Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

* Texto preparado para la presentación del ciclo de conferencias “Vida y Obra de Vicente Guerrero”. Auditorio Sentimientos de la Nación, Chilpancingo Guerrero. 10 al 13 de agosto de 2015.

 

Un Estado en convulsión, inmerso entre el inminente arribo de la modernidad y la profunda crisis interna, política económica y social.

Un territorio de grandes riquezas, y una sociedad con grandes desigualdades, pobrezas y discriminaciones.

Un entorno político de violencia, enfrentamientos, deficiencias, necesidades, traiciones, pero también de potencialidades, oportunidades y esperanzas.

No, no estoy hablando del periódico de hoy, sino del entorno que envolvió la etapa insurgente por la independencia, que es más amplia en el antes y el después que el intervalo que comprende las fechas conmemorativas del 16 de septiembre de 1810 y el 27 de septiembre de 1821.

El Gobierno del Estado de Guerrero a través de la Secretaría General de Gobierno, lleva a cabo desde el lunes y hasta mañana jueves un ciclo de conferencias sobre la Vida y Obra de Vicente Guerrero, en las que se abarca desde diversas perspectivas la figura de uno de los defensores (quizá el más importante) de la Igualdad Jurídica, la República y el Federalismo.

No haré reseñas de las ponencias presentadas. En su lugar me permitiré hacer una reflexión personal respecto del valor de la historia como sujeto de conocimiento en la actualidad.

La ciencia, al menos desde los años 60´ del siglo pasado, incluyó como uno de sus requisitos indispensables la falibilidad de sus productos de conocimiento y eso –hay que decirlo- propició, entre otras muchas cosas, que hayamos avanzado en términos positivos más en 50 o 60 años que en todo el resto de la historia.

La consecuencia de esta modificación sustancial del concepto de ciencia ha sido una sensible relativización de sus principios fundamentales, a grado tal que en la actualidad llega a ser considerada como el mero ensayo de posibles soluciones a problemas mediante la proposición de conjeturas y su constante refutación.

Stephen Hawkin en su reciente libro “El Gran Diseño” refiere que bajo este piso tan viscoso en que nos ha dejado parados la realidad cognitiva, no tenemos más que aceptar un modelo que nos permita construir la realidad a partir de la conjunción de todas las verdades posibles.

En este contexto, al navegar como pasajeros del barco de la historia en la vida y obra de personajes ilustres como Vicente Guerrero, nos enfrentamos a la convergencia múltiples facetas, como si fueran las de un prisma: La historia de bronce, la de papel, la mitológica, la coloquial, incluso la poética, cada una con un fondo, una razón, una intención.

Con cuál de todas esas facetas hay que quedarnos? Pues si alguien pidiera mi opinión diría que siguiendo a Stephen Hawkin no me queda más que responder que con todas, pues como un prisma, como una piedra tallada, cada una de ellas me regala un aspecto único y hermoso, con todos sus claroscuros, de una misma pieza del gran joyero de nuestro pasado, caleidoscopio del cual, en nuestra calidad de humildes copropietarios todos, guerrerenses y mexicanos, nos hacen sentirnos cada vez más orgullosos del tesoro de nuestro pasado y ubicarnos en el centro del “aquí y ahora”, para entender, para no olvidar, para asumir.

La Bandera y el Escudo Nacionales de México: Simbolismo e interpretacion.

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(Foto tomada por el autor en el Palacio de Gobierno de Chilpancingo, Guerrero)

La Bandera y el Escudo Nacionales de México: Simbolismo e interpretacion.
Por José Ramón González Chávez
Por supuesto que esto no será noticia hoy en los medios (como no hay escándalo…) ni “Trend Topic” en Facebook, comparado con asuntos mas “importantes” como los óscares, la detencion de narcos y esas cosas.
No obstante, quedo como siempre atento a sus comentarios, adiciones, observaciones, etc. en este espacio.
El texto fue publicado originalmente en la Revista “Derecho y cultura” y luego por el Instituto Tecnologico y de Estudios Superiores (Tec) de Monterrey.
Saludos JRG
. . . . . . . . . . . . .
SIGNIFICADO SIMBOLICO DEL ESCUDFO Y LA BANDERA NACIONAL DE MEXICO
Por José Ramón González Chávez
Nunca se perderá, nunca se olvidará
Lo que vinieron a hacer,
lo que vinieron a asentar en las pinturas:
su renombre, su historia, su recuerdo.
Así en el provenir,
jamás perecerá, jamás se olvidará,
siempre lo guardaremosnosotros,
los hijos de ellos, los nietos, hermanos,
bisnietos, tataranietos, descendientes,
quienes tenemos su sangre y color,
lo vamos a decir, lo vamos a comunicar
a quienes todavía vivirán, habrán de nacer,
los hijos de los mexicas, los hijos de los tenochcas….
(Fernando Alvarado Tezozomoc, “Crónica Mexicayotl”)
. . . . . . . . . . . . .
A mi madre.
. . . . . . . . . . . . .
En todas las culturas y las épocas, los grupos sociales, desde los clanes y tribus, hasta las comunidades de naciones, han tenido sus emblemas de unificación, tótems, banderas y escudos, creadores y mantenedores todos ellos de una conciencia de identidad colectiva. México no es la excepción:
La “enseña patria” –como también se le llama a nuestra bandera- es, de todos los emblemas nacionales, el más claro, contundente y definitorio de nuestra identidad como mexicanos. Tal vez por eso nunca reparamos en su profundo significado; en su grandilocuencia como símbolo de la nación a la que pertenecemos, como lo demuestra la poca o mejor dicho casi nula bibliografía dedicada a la consideración histórica de los símbolos que la integran y a cómo éstos se han ido fusionando paulatina pero constantemente a lo largo de los siglos.
La bandera es por supuesto, símbolo de identidad nacional. Sin embargo, en su confección simbólica, lo distintivo de la bandera mexicana es que es producto de la mezcla de alegorías provenientes de tres civilizaciones, distintas tanto en el tiempo como en el espacio: I) La indígena prehispánica, derivada de las mitologías olmeca, maya y azteca; II) la española, religiosa y colonial; y III) la franco-inglesa del liberalismo ilustrado.
Por eso nuestra bandera, símbolo nacional a todas luces mestizo, es el espejo fiel de nuestra identidad cultural multicolor y multiforme, refleja a la perfección nuestra identidad como mexicanos, como una sociedad única e irrepetible; ni mejor ni peor, sino distinta a las demás que existen en el orbe.
A continuación analizaremos cada uno de estos tres vectores de influencia:
I) LA APORTACION INDIGENA PREHISPANICA:
Son cinco los símbolos principales aportados por las culturas prehispánicas al escudo nacional y por extensión a nuestra bandera: 1. La Montaña Sagrada, rodeada de agua (Altepetl) 2. La Piedra de Fundación; 3. El Árbol Cósmico (Tunal); 4. El Águila; 5. La Serpiente;
1. La Montaña Sagrada:
Desde tiempos inmemoriales, la tierra, esa Terra Patria o tierra de los padres, constituyó el símbolo de identidad más íntimo y persistente entre los hombres. Desde las poblaciones sedentarias más antiguas hasta el “Blut Und Bloden” del 4° Reich, el derecho por la tierra y la sangre (ius solis y ius sanguini) se erige en fundamento jurídico de la nacionalidad, y aún en nuestros días puede verse, olerse y sentirse con claridad en fenómenos como la unión Europea, Irak, los Balcanes y hasta Chiapas.
En mesoamérica, entre 1500 y 800 antes de nuestra era aparecieron los primeros cacicazgos. Como en muchas civilizaciones de la antigüedad, el mito de la creación que acompañó a las fundaciones de estos señoríos narraba la aparición maravillosa de la Primera Montaña Verdadera, la colina que brotó de las aguas primordiales y que contenía en su interior el agua fertilizadora y las semillas nutricias que sustentaron a los primeros seres humanos.
Esta montaña primigenia, ya estaba presente entre los Olmecas y entre los nahuas, llamándola estos últimos Altepetl, (Atl-Agua, Tepetl-Cerro), vocablo que se traduce como cerro rodeado o lleno de agua, donde reposan las semillas fundamentales, término que llegaron a usar como sinónimo de Reino o Estado.
El glifo del Altepetl es significativo, pues la parte baja del cerro se dibujaba como una red cuadriculada con un círculo en el centro, y que era símbolo de la tierra.
Al centro la plaza ceremonial de la capital de cada reino -corazón simbólico de la patria-, se levantaba la Primera Montaña Verdadera, un montículo que dominaba el centro ceremonial de forma cuadrangular, acompañado por la plaza hundida, que simulaba el estanque donde reposaban las aguas primordiales y los edificios consagrados a los dioses protectores el gobernante supremo .
Así, el concepto de patria se vincula al de residencia ancestral, pasada, presente y futura; lugar donde se producen los alimentos esenciales del cuerpo, el alma y el espíritu; sitio donde transcurre la vida común, todo lo cual une a los miembros del grupo. De esta manera, tres sitios dominaron el entorno urbano prehispánico: la casa de los dioses (el templo, la vida espiritual), la de los comerciantes (el mercado, la vida económica) y la del emperador (el palacio, la vida política) y la ocupación de la tierra constituyó el derecho de propiedad supremo, el título más radical sobre el territorio
.
2.- La Piedra de Fundación.-
La Piedra (Tetl) asentada al centro de la Montaña Sagrada (Altepetl) no es otra cosa que el corazón de Copil, hijo de Malinalxochitl, hermana mayor de Huitzilopochtli, el colibrí del norte, dios tutor mexica (águila en el cielo de día, jaguar en el cielo de noche). Una vez, al pelearse Malinalxochitl con su hermano, fue apartada de la tribu, yendo a refugiarse a Malinalco, donde procreó a Copil, alimentándolo con el odio que le profesaba a su Hermano.
Cuando los mexicas se asentaron en Chapultepec (otro cerro de agua) y comenzaron a ser hostigados por los pueblos vecinos, Copil comenzó a sublevar a los pobladores de la cuenca contra el dios-rey. Copil subió a la cima del cerro para contemplar la destrucción de sus enemigos. Sin embargo, Huitzilopochtli, enterado del plan de su sobrino, se adelantó y lo capturó, y él mismo lo decapitó, le arrancó el corazón, entregándolo a uno de sus sacerdotes, quien lo lanzó lo más lejos que pudo, yendo a caer en el Altepetl ubicado en el centro de la laguna, y convirtiéndose en la piedra de donde nació el nopal, que reprodujo su corazón en miles de tunas rojas. La leyenda sugiere entonces que Tenochtitlan fue fundada sobre el corazón de los enemigos de Huitzilopochtli y por extensión, del pueblo Mexica.
De hecho, la palabra Tenoch bien puede ser una combinación de las palabras Tetl y Nochtli (Piedra – Tuna). En ese mismo sentido, el término Tenochtli significa la tuna nacida de la piedra sagrada y Tenochtitlan seria “el lugar del tunal que nace de la piedra sagrada”.
Como dato curioso podemos señalar que desde sus primeras representaciones, este símbolo de la Piedra aparece decorado con tres franjas diagonales entrelazadas de color verde, blanco y rojo, mismo que por cierto está presente también en el icono de la virgen de Guadalupe.
3. El Árbol Cósmico:
Los mayas representaban este eje fundacional, con la planta del Maíz. También dibujaban los cuatro rumbos del cosmos con árboles propios de su región, heredando esa tradición a los demás pueblos mesoamericanos. De ahí nació probablemente la costumbre de representar a cada región por su árbol emblemático. Así, tal como la Ceiba representaba la región maya, las tierras situadas al norte de Tenochtitlan fueron representadas por el Cactus, de tal suerte que los Mexicas, provenientes del norte, adoptaron el Nopal como su árbol emblemático.
La tuna, fruto de pulpa jugosa, calma el hambre, y su jugo colorado calma la sed. Por tales características ocupó un lugar privilegiado en la iconografía sacrificial de los aztecas, pues representó el corazón humano y más precisamente, el corazón de los sacrificados al sol (cuanochtli), siendo su jugo emblema de la sangre (chalchihuatl), esencia vital, soma, elixir sagrado. El códice florentino dice al describir la tuna: “Los corazones de los cautivos sacrificados los llamaban , las preciosas tunas del águila. De modo que en la imagen y los símbolos de la fundación de Tenochtitlan la tuna aparece asociada con el sacrificio de corazones para alimentar al águila, al sol, Tonatiuh, la deidad nacional mexica.
4. El Águila.
El águila, elemento “Yang” de los escudos mexicas, es el águila dorada (aquila crisateos), ave que defiende su nido como ninguna, se aparea con su pareja de por vida, es monógama. Entre los pueblos cazadores, anteriores incluso a los aztecas, era un símbolo solar tradicional, que aludía a la fuerza violenta.
En el emblema mexica, los símbolos de guerra: el Atl Tlachinolli (el himno de guerra cantado por el águila) y los escudos y las flechas están asociados con el águila, y aluden a la guerra sagrada que nutre al sol con corazones humanos y asegura el equilibrio cósmico.
5. La Serpiente:
La Serpiente apegada a la tierra, es en cambio símbolo terrestre, elemento “Yin” entre los pueblos agrícolas. Está relacionada con la vida en sus aspectos positivo (fertilidad) y negativo (muerte). Tlaloc “el que hace brotar la vida”, tiene un ato de serpientes en una mano. Xiutehcutli es la tierra-ígnea (xiu = fuego, lengua de serpiente) . La sangre de la serpiente fertiliza la tierra.
Un fragmento del canto de la diosa tierra de los mexicas reza: “… el águila está parada con su sangre de serpiente…”
En conjunción, la imagen del águila que lucha contra la serpiente, en su sentido histórico expresa la batalla que libraron los guerreros contra los agricultores que poblaban la cuenca de México, con lo cual, en términos exotéricos el emblema de Tenochtitlan es una exaltación de la guerra que permitió construir el poder de la nación mexica. Pero en el Nahuatlatoli, lenguaje esotérico de los mexicas, al contrario de la creencia vulgar (divulgada a partir de la colonia para hacer congruente el símbolo con los preceptos católicos), el águila no devora a la serpiente, sino que lucha junto con ella; están en igualdad de fuerzas y por tanto en las mismas posibilidades de vencer. Es el símbolo de la victoria por la lucha de los contrapuestos, o más bien en términos herméticos, de los correspondientes y complementarios; del Ser (Yang) y del Espíritu (Yin), que en lucha permanente generan y mantienen la Vida en perpetuo movimiento (tai-chi).
El Edén maya, donde se creó el maíz y nacen los niños, se llama Tamoanchan, que quiere decir “La casa del Águila (Cielo) y la Serpiente (Tierra)”. En el mito maya, el Águila trajo la sangre de la Serpiente, que al mezclarla los dioses con el Maíz formaron la masa con la que hicieron al Hombre.
Los peregrinos de Iztlan (la ciudad blanca, origen y destino de los aztecas) son tamoanchanes gentilicio que significa “procedentes del lugar del águila y la serpiente” (así también se nombraba a los olmecas).
Cuando los mexicas vencieron a los tepanecas en 1427, se convirtieron en la mayor fuerza política de la cuenca de México y fundaron la llamada “Triple Alianza”, junto con Texcoco y Tlacopan, Confederación imperial que adoptó íntegro el símbolo como estandarte nacional. Cada vez que se conquistaba un pueblo, se colocaba el blasón en la cima de su templo principal, a fin de representar: a) la legitimidad de la ocupación territorial; b) la unidad de la confederación; y c) la obsesión por la grandeza futura. De esta manera, el símbolo mítológico se convirtió en insignia universal del Estado Mexica.
II) LA APORTACIÓN ESPAÑOLA COLONIAL:
Al fundar los conquistadores su ciudad sobre los escombros de México-Tenochtitlan, la ciudad antigua se transformó en “Historia de la nueva”. Los cronistas que cuentan los avatares de la nueva fundación, regresan siempre casi obligadamente a la crónica de la antigua ciudad y nación; La visión ancestral permea, sobrevive y en ciertos aspectos se impone y vence a la nueva , a pesar del esfuerzo de los españoles por imponer su cultura a la prehispánica.
Al principio de la conquista, los españoles llamaban a la ciudad “Temixtitan” (degeneración lingüística de Tenochtitlan), pero luego se decidieron por el nombre más sonoro de México; el reino, en cambio, le llamaron “Nueva España”. Esto a la larga suscitó pugnas por imponer un concepto al otro, rencores y enfrentamientos que no fueron resueltos sino hasta bien entrado el siglo XIX ala consumación de la independencia, triunfando el nombre y el símbolo prehispánicos.
Al principio de la colonia, el nombre de México se uso en distintas regiones de la Nueva España; muchos topónimos retomaron el apellido de la capital: el mar de la costa atlántica fue llamado “Golfo de México”, el territorio más al norte del reino fue nombrado desde entonces y hasta la fecha “Nuevo México”, solo por citar unos ejemplos.
1. El escudo de armas de la Ciudad:
El 17 de diciembre de 1527 Carlos V de España, I de Alemania, decide darle escudo de armas a la ciudad conquistada . Este resultó ser una mera copia de sus similares castellanos. Del antiguo emblema indígena solo sobrevivió el pálido reflejo de la laguna y las hojas sueltas del nopal, desprendidas del árbol mitológico. Pero al imponer el peso de la tradición heráldica hispana y borrar prácticamente la indígena, el nuevo escudo, en lugar de propiciar cohesión, desencadenó una serie ininterrumpida de rechazos, que se convirtieron en un problema para los políticos gobernantes y para los clérigos de la ciudad, que tenían que lidiar día tras día con la población nativa, con cuyos brazos se edificaba la nueva ciudad. De hecho el escudo imperial tampoco resultó del gusto de los conquistadores y sus descendientes, dados a ensalzar la grandeza, las virtudes y riqueza de la ciudad antigua. En fin, unos se resistieron a usarlo y otros de plano se afanaron en reemplazarlo; el caso es que nadie estuvo de acuerdo con él.
Ante tal problema, el gobierno de la ciudad encontró una solución burocrática: Ya que el escudo imperial carecía del “timbre insignia” (en ese entonces era necesario que todo escudo llevara este distintivo en la parte superior), así que el ayuntamiento le añadió el escudo nativo del águila y la serpiente sobre el tunal. Así por un golpe de prestidigitación política, el escudo mexica se sobrepuso a la heráldica hispana.
No conformes con esta decisión, los mismos habitantes de la ciudad presionaron a las autoridades locales para construir una fuente en medio de la plaza mayor, coronada con el emblema mexicano.
Los clérigos sensibles a la idiosincrasia y el sentir del pueblo, notaron sin problemas el apego de los mexicanos a su emblema, y prestos se dieron a la tarea de incluirlo en la iconografía de sus iglesias y pinturas.
El Virrey Palafox, alarmado por el rechazo de la población a las insignias imperiales, ordenó suprimir el escudo mexicano y quitar el águila de la fuente, sustituyéndola por “imágenes cristianas”. Sin embargo, la medida no tuvo el éxito esperado, pues los mexicanos siguieron usando su escudo tradicional.
Con el tiempo, las inconformidades calladas se volvieron oposiciones rebeldes: comenzó una guerra de símbolos sin tregua, que se agravó cuando se empezaron a representar a los continentes con figuras de mujeres ataviadas con ropas y ornamentos propios de cada uno de ellos, que si bien eran llamativos para los europeos, para los novohispanos resultaban realmente ofensivos.
A fines del siglo XVI, el clero, funde la imagen mexica con la de la virgen de Guadalupe. Los íconos europeos de América, fueron sustituidos por imágenes de rasgos indígenas. Esta reivindicación étnica-social de las imágenes tuvo un claro sentido político, pues con ellas la burguesía criolla pretendía transmitir una situación de igualdad política entre ambos reinos.
El teólogo nacionalista Miguel Sánchez, relator del “milagro” de Juan Diego y la Virgen, es también el creador de la unión mística entre el símbolo del águila y la serpiente y el de la virgen de Guadalupe, llegando a afirmar que dicho milagro estaba prescrito en las sagradas escrituras, con lo que mezcló este ícono con el Apocalipsis de san Juan y las tradiciones mexicas.
El poder de la imagen rebasa al de las palabras y los sermones. Comienza la “fiebre” nacionalista Mexicano–Guadalupana. Para inicios del siglo XVIII las ciudades se habían transformado física y socialmente en núcleos de población mestiza. La burguesía local, creciente en número y poder económico, comenzó a buscar una identidad propia, y en ese afán rechazó los símbolos hispanos y dirigió la mirada de vuelta a los emblemas tradicionales de la antigua capital. En 1737 la Virgen de Guadalupe es declarada patrona de la Ciudad de México y una década después, de la Nueva España. Vuelve entonces a usarse el emblema del águila y la serpiente como timbre del escudo colonial, y es aceptado ya no solo por mestizos, también por criollos, indígenas y las mismas autoridades virreinales, quienes ahora lo defienden.
La progresiva penetración del escudo mexicano en el imaginario colectivo y en los diferentes niveles y bloques de poder, abrió las puertas de la iglesia que antes lo repudiara como símbolo de hereje idolatría; ahora buscaría y conseguiría reconciliarlo con los símbolos de la iconografía cristiana. Se publica entonces la biografía de San Felipe de Jesús (hasta hace poco único santo mexicano) y en la portada del documento se coloca junto a la imagen de este personaje el águila y la serpiente; se empieza a divulgar la idea de que Santo Tomas en forma de Quetzalcoatl vino a México a predicar y difundir la “verdadera religión”, mucho antes de que Colón llegara a este continente. Algo similar sucedió con San Juan Evangelista, al afirmarse que la visión que tuvo en la Isla de Patmos, fue realmente la de la aparición de la virgen y la fundación de México Tenochtitlan(!!!); se empieza a representar a la virgen flanqueada por Juan Evangelista y Juan Diego (que sustituye a la antigua mujer indígena) a cada lado.
En una especie de simbiosis política, económica, social, cultural y religiosa, tendiente a la conformación de una nueva identidad nacional, nace la orden secreta de corte masónico de los “Guadalupes”; Clavijero escribe su historia de México, añadiendo por primera vez la parte de la historia prehispánica y colocando en la portada el emblema mexica. En una forma poco usual, los conceptos de territorialidad, soberanía política, protección divina e identidad nacional se hacen fundir en un símbolo religioso prehispánico colonial. La conversión de los indígenas al catolicismo por fin triunfa 200 años después de la conquista(!).
Así, las identidades mestiza y criolla fundan el “espíritu mexicano”, que descansa y se afirma en la doble imagen de la virgen de Guadalupe y del escudo mexicano.
2. Las Ramas de Laurel y Encino:
En este contexto, la academia de san Carlos creada por los Borbones para imponer el estilo neoclásico en la Nueva España, toma como uno de sus principales íconos el escudo mexicano, agregándole las ramas de laurel y de encino. Le siguieron la Casa de Moneda y la Aduana.
Surge el primer medio de comunicación social: la “Gaceta de México” que tenía en su portada al águila y la serpiente, agregando arriba de la primera una estrella y una corona real, con lo que se alude ya a la intención de crear un imperio propio, independiente del español y de que la Ciudad de México fuera la representante del conjunto.
La “fiebre nacionalista”, de la cual se impregnan incluso extranjeros como el Historiador Lorenzo Boturini, llega a su clímax. En los primeros años del siglo XIX apenas momentos antes de que diera inicio el movimiento de independencia, se coloca el águila y la serpiente en las portadas de las catedrales de México y Morelia.
III LA APORTACIÓN LIBERAL.
Los dos legados culturales e iconográficos del escudo mexicano y de la Virgen de Guadalupe convergen a fines del siglo XVIII y principios del XIX en el anhelo de crear un Estado independiente de España, fundado en los ideales de la ilustración europea.
Llega Napoleón a España; Fernando VII abdica y sale al exilio. El anticlericalismo se expande hacia las colonias. Las Cortes de Cádiz emiten decretos contra el poder temporal de la iglesia. Se suprimen los fueros eclesiásticos; las órdenes monásticas y la compañía de Jesús son abolidas; desaparece la inquisición.
Los conservadores novohispanos consideran esta situación riesgosa y empiezan a contemplar la perspectiva de la separación política de España. Primo de Verdad proclama la radicación de la soberanía de la nueva España en los ciudadanos que la integran; Hidalgo usa el Estandarte de la Virgen de Guadalupe como símbolo del inicio del movimiento armado.
1. Los colores de la bandera:
Iturbide lanza en 1821 el plan de Iguala cuyo objeto “trigarante” era la conservación de la Religión católica sin tolerar otra, la Independencia bajo la forma de Monarquía Moderada, y la Unión entre Criollos y Españoles. A estas tres garantías, aluden en términos profanos los colores de la bandera con que se consumó la independencia.
En franjas diagonales, el blanco simbolizaba la pureza de la religión católica; el verde representaba la esperanza de los ideales del movimiento insurgente, o sea la independencia; y el rojo al grupo español adherido al impulso libertador. La virgen y el águila habían desaparecido (la patrona de los realistas era la virgen del Pilar).
Ante la traición de Iturbide al movimiento social de insurgencia, renacen en este amplio grupo de la población los emblemas indígenas. En reacción, Iturbide decreta la cancelación del escudo de armas español y la sustitución por el emblema mexicano. Casi de inmediato a este decreto, emite otro en el que se dispone que la bandera mantenga los mismos tres colores pero en franjas verticales verde, blanco y rojo (al estilo francés) y con el águila al centro, pero sin serpiente y tocada con una corona imperial, con el perfil hacia el rojo (España).
La declaración de Independencia significó también el fin de la guerra civil. El emblema mexicano también fue aceptado por la iglesia, que apoyo la consumación de la independencia en la Profesa y la coronación de Iturbide. En 1822 la organización de los Guadalupes se convierte en Orden Imperial. El discurso político acorde a la línea de Fray Servando, se orienta a justificar el imperio como mecanismo de restauración de aquel que fuera derrocado tres siglos antes por los españoles. Era la restitución del cetro de Moctezuma, la “resurrección de América”. Se anunciaba en todo el territorio que se había restablecido el imperio más rico del mundo. Pero en la realidad, detrás de la monarquía se mantenían los poderes reales: La burguesía, el ejército y el clero.
Iturbide abdica en 1823 y con la Forma de gobierno Federal se restablece el emblema mexicano, ya sin corona y con el perfil hacia el Verde (la esperanza insurgente). Despojado de todo sentido religioso, la bandera nacional se convierte en el primer emblema cívico, no religioso, que unió a la antigua insignia indígena de los mexicas con los principios y las banderas surgidas de la guerra de liberación nacional y con el pensamiento occidental de la ilustración.
Sentido Esotérico:
Tal como sucedió en muchas naciones de Europa y América, las sociedades secretas, en especial la Francmasonería, jugaron un papel muy importante en el diseño del lábaro patrio, no solo al incluir emblemas alusivos a la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, sino también elementos de lo que René Guénon denomina como el simbolismo sagrado tradicional.
La forma de la bandera atiende en su confección al número de oro pitagórico (tres tantos de alto por 4 de ancho). Masónicamente, los colores de los tres tramos verticales de igual dimensión, corresponden a los tres grados simbólicos: Aprendiz (blanco, el alma, escencia humana)), Compañero (Verde, la sabia, escencia vegetal) y Maestro (Rojo, la sangre, escencia animal), y alquímicamente al azufre, el mercurio y la sal.
Respecto del mencionado conocimiento sagrado universal, el conjunto simbólico formado por el águila y la serpiente se encuentra en infinidad de culturas y disciplinas, por ejemplo, en la mitología china, persa, egipcia, en la alquimia, solo por mencionar algunas.
En cuanto a los colores del lábaro patrio, éstos se encuentran vinculados profundamente al conocimiento alquímico: Por una parte, la involución vegetal, de energía centrípeta (yin), cuya esencia interna es la sabia (verde), se desarrolla a expensas de la energía solar, por medio de la función clorofílica.
Por otra, la evolución animal, de energía centrífuga (yang), cuyo medio interno es la sangre (rojo), se desarrolla en las criaturas por la energía anímica. Ambos mundos presentan un aspecto dualista de alto contenido simbólico y hermético y esta circulación de energía vital de ambos reinos refuerza singularmente el valor esquemático del nopal/tuna y el águila/serpiente del escudo.
La simbiosis de ambos reinos, del binomio verde y rojo, se resuelve en el blanco de la Sal (centro, ollin, movimiento, energía interior, Chi), color del tramo central de la bandera (reino mineral, de nuevo la tierra) y que representa la pureza de la Luz de la vida manifestada (blanco) con la que se restaura el equilibrio del mundo.
IV. CARACTERISTICAS D ELA BANDERA ACTUAL.
Tres características distinguen al emblema mexicano:
1. El predominio de los símbolos antiguos sobre los recientes: la regla es que lo antiguo es lo más sagrado. El emblema indígena ha probado ser capaz de resistir los efectos destructivos del paso del tiempo y de los gobernantes. El antiguo blasón indígena se ha impuesto al embate de otros símbolos que en distintos momentos han amenazado con usurpar la representación nacional.
2. Ese emblema es asimismo, un símbolo de la resistencia indígena que enfrentó a la invasión española y todos sus excesos. Quizá por eso concentró en él las nociones de legitimidad y defensa del territorio autóctono. Su característica fundamental es su representatividad, su capacidad para convocar a grupos y clases diversos.
3. El emblema del águila y la serpiente al mezclarse con el de la virgen de Guadalupe e infundirle a esa imagen un acentuado sello de mexicanidad, se transformó en un catalizador mítico que afirmaba la identidad indígena con el pasado remoto. Y para los criollos y mestizos vino a ser un puente entre su presente incierto y un pasado iluminado por el prestigio de la antigüedad. De este modo el emblema indígena comunicó a estos grupos entonces tan distintos, una imagen del pasado que reunía las nociones de origen, parentesco, grandeza, vitalidad, legitimidad y prestigio.
La sociedad, al establecer comunicación con su imagen triunfa sobre el tiempo, crea su historia, se constituye a sí misma y garantiza su viabilidad. De tal suerte, el grupo es capaz de participar de su propio pasado, lo asume vivo, convive en una especie de comunión mística con aquello que le dio existencia. En suma, los mitos son para la mentalidad primitiva tanto una expresión de la solidaridad del grupo social consigo mismo en el tiempo y con otros seres que lo rodean, como una forma de perpetuar y reavivar el sentimiento de esa solidaridad.
La historia mexicana muestra que los símbolos visuales han sido los transmisores más eficaces de los mensajes políticos y culturales. Esta forma de ver nuestros símbolos de identidad contradice la tesis de los historiadores y antropólogos que afirman que la conquista española hizo tabla rasa de las antiguas culturas mesoamericanas. No lo hizo, ni lo hará.
Conjuntos simbólicos como el del escudo nacional han resistido con éxito la invasión de distintivos extranjeros y a la postre se han impuesto sobre ellos. El escudo mexicano deja de ser representativo de una un etnia para convertirse una divisa colectiva. A diferencia del emblema guadalupano, el escudo nacional es un símbolo pagano, prfundamente popular, transmisor de un mensaje de identidad que apela a la unidad histórica de la nación.
La independencias de Estados Unidos de América y la revolución francesa aceleraron la formación del nacionalismo moderno y sus emblemas. Pero al estamparse la antigua insignia de los mexicas en el blanco de la bandera tricolor, se conservó la individualidad de la representación nacional. Al acudir a la fuerza del emblema indígena de raíces milenarias, se logró la unidad nacional y su proyección hacia el futuro.
Las identidades colectivas no son entes inmutables cristalizados para siempre en el tiempo. Por el contrario, son concepciones constantemente recreadas y cambiantes. Al mantener el oído atento a los murmullos del pasado y a los asedios del presente no puede olvidarse la amonestación del Alfonso Reyes:
“…Nos une la profunda comunidad de la emoción cotidiana ante el mismo objeto natural. El choque de la sensibilidad con el mismo mundo, labra, engendra un alma común. La emoción histórica es parte de la vida presente y sin su fulgor, nuestros valles y nuestras montañas serían como teatros sin luz. No le neguemos al poeta la evocación, no desperdiciemos la leyenda. Si la tradición nos fuere ajena, está como quiera en nuestras manos y solo nosotros disponemos de ella…”
BIBLIOGRAFIA:
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