Las Lecciones de Fidel

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Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

El 25 de noviembre pasado, en un comunicado desprovisto de matices ideológicos, redactado casi como una esquela, el Presidente de Cuba Raúl Castro anunciaba oficialmente la muerte del líder histórico de la Revolución Cubana: Fidel Castro Ruz.

Nací en el tiempo en el que inició esa Revolución; mis primeros recuerdos están salpicados de frases, comentarios y hasta chistes de mis padres, tíos y sus amigos sobre Fidel y su circunstancia. Su talento político, su intransigencia y hasta fundamentalismo, el manejo de las coyunturas y hasta su suerte, me habían hecho sentir que Fidel era inmortal, así que al momento de escuchar la noticia de su deceso quedé pasmado, hasta cierto punto huérfano de esa parte de mi historia.

Luego, inspirado por el espíritu de Jano, ese dios griego que al mismo tiempo ve hacia el pasado y el futuro, me surgió la reflexión obligada de que con su partida terminaba una era y me sumergía en la incertidumbre hacia lo que vendrá, pero además me empujaba en obligada retrospectiva a los orígenes de todo aquello que motivó la Revolución Cubana y el reconocimiento, con un amargo sabor de boca, de todo aquello que después de todo este tiempo mantiene su vigencia en muchas partes: el empobrecimiento de la mayoría ante el enriquecimiento insultante de unos cuantos; el ensanchamiento de la brecha socioeconómica; la corrupción política y social; el abuso en el ejercicio del poder, la intromisión extranjera en los asuntos públicos y la concomitante imposición de decisiones y gobernantes, solo por mencionar algunos.

Quien piense que los mediados del siglo pasado eran mejores en términos de paz y tranquilidad que los tiempos actuales, se equivoca. Como buen sesentenial; nací en un mundo convulso, tanto o quizá más que el actual: en medio de la creación de la Comunidad Económica Europea; del lanzamiento en plena Guerra Fría del primer satélite soviético, el Sputnik y meses después del norteamericano Explorer1, con lo que daría inicio oficial a la extensión del conflicto hacia zona que desde entonces y hasta ahora tiene alta significación estratégica militar y de seguridad nacional e internacional; con la fundación en EUA de la NASA mientras el gobierno de ese país proseguía con sus cientos de ensayos nucleares en el pacífico, a lo que el Filósofo y humanista Bertrand Russel reaccionó con el inicio de la campaña mundial contra el desarme nuclear, que al final abonaría a la consolidación de la Doctrina Estrada; el Apartheid rampante en estados unidos provocaba la confrontación de grupos de raza negra defendiéndose de los embates del Ku Klux Klan; en Venezuela era derrocado el dictador Marcos Pérez; Siria y Egipto se unían para formar la República Árabe Unida y en respuesta Irak y Jordania proclamaban su propia federación; en España Franco promulgaba sus “Leyes Fundamentales del Reino” al tiempo que invadía Marruecos ante el surgimiento de grupos independentistas En Argentina, la lucha por el laicismo en la educación provocaba fuertes enfrentamientos entre policía y estudiantes, reaccionando tarde a lo que den México había detonado la creación de la UNAM, pero anticipándose a lo que 10 años después sucedería también en México y en muchas partes del planeta.

A todo este contexto se sumó el asalto al Cuartel Moncada y sus secuelas, evento que al inicio fue visto por muchos como un acto aislado de algunos revoltosos, pero que terminó por convertirse en el más grande desafío real que ha tenido el gobierno más representativo del capitalismo en el mundo, no solo en términos bélicos y geopolíticos ante el tenso entorno prevaleciente entonces, sino también en los aspectos económico e ideológico por implicar la confrontación de un modelo propio con el que desde nuestra frontera norte se pretendía imponer para la región. Un desafío que hacía ver que la autodeterminación, la dignidad y la soberanía de los pueblos eran posibles, Desde entonces, Cuba, Latinoamérica y el mundo no volvieron a ser los mismos.

Si hay algún ámbito donde la lucha dialéctica entre capitalismo y socialismo se han reflejado con mayor claridad –sin perjuicio de otros también dignos de resaltar- es en la confrontación entre dos derechos fundamentales: el de Libertad y el de Igualdad, pues en cada caso, en aras de darle viabilidad al propio modelo político – económico – Jurídico, uno se ha exaltado en detrimento del otro. Y en el afán por mantener, defender, imponer el modelo propio, también de un lado y otro se han impuesto decisiones, se han lesionado derechos, se ha trastocado la Paz, la convivencia pacífica, la libre determinación, la no agresión, todos ellos valores universales en la construcción de un entono sano en el que se desenvuelva la comunidad internacional.

Fidel y su pueblo han soportado el embate de 11 gobiernos norteamericanos, demócratas y republicanos, radicales y moderados. Fidel salió ileso de incontables intentos de asesinato provenientes de diversos autores. El peso de sus argumentos ha superado la guerra ideológica; el descrédito mediático; el desgaste que por fuerza acompaña el ejercicio del poder y del gobierno. En cuba no se le llora a Fidel, porque Fidel trascendió su esencia material y se volvió parte de su esencia. Quizá por eso sea el único estadista que después se 50 años en el poder se haya convertido en parte de la sangre y la tierra de la gran mayoría de los cubanos.

Cuba, junto con los países de la región latinoamericana, pasan por procesos internos de transición profunda, de revisión de principios, valores, modelos y expectativas, en un esfuerzo por esculpir sus nuevos rostros ante el futuro.

En política se es alguien, pero también se representa a alguien y a algo. El mundo, Latinoamérica y Cuba ya no fueron los mismos después de la segunda guerra, la posterior guerra fría, la revolución cubana, la crisis de misiles, la caída del muro, el fin y reinvención de la URSS. Tampoco lo serán tras la coyuntura formada por el arribo al poder de Trump y la muerte de Fidel Castro, parteaguas que sin duda marcará la historia de Estados Unidos, Cuba y Latinoamérica en los años por venir.

Fidel Castro, como cualquiera que se digne de tener la denominación de “hombre de Estado” es un personaje de luces, sombras y penumbras. Es en este sentido que puedo entender lo dicho por el Presidente Obama a la ocasión de la muerte de Castro: La historia será su mejor juez.