Trump y el regreso de Carlos Salinas

EL ESCENARIO TRUMP Y EL REGRESO DE CARLOS SALINAS

Por José Ramón González

Publicado el 6 de marzo de 2017

Hasta el momento, las reacciones al “discurso de las trumpadas” (denominación acuñada por los “genios” de comunicación social del Senado de la República) lejos de ayudar a los migrantes o impedir la conclusión del Muro de la Tortilla (como se le llamó al inicio de su construcción durante el gobierno de George Bush papá a principios de los 90) no ha hecho más que abonar al posicionamiento de Trump y rescatar del baúl de los recuerdos de los norteamericanos los viejos fantasmas consecuencia natural del nacionalismo blanco: la cerrazón, la intolerancia, el racismo, la exclusión.

Esta coyuntura, parece ser terreno fértil para el reposicionamiento de otro fantasma, en este caso mexicano: El salinismo que de una u otra manera ha mantenido su presencia no solo en la mente del ser colectivo nacional sino en la integración de los gabinetes de los ejecutivos federales y muchos estatales, desde 1994 a la fecha, con una doble intención:

1. En lo económico, fortalecer tanto a las empresas y grupos que lo patrocinaron como a los que creó, al poder participar en la versión actualizada y recargada de su máxima obra macroeconómica que viera la luz hace 23 años y continua vigente: el TLCAN que dio origen a la estrategia de libre comercio mexicana, la que al paso de los años y sexenios ha producido casi medio centenar de tratados y acuerdos con diversos países, regiones y grupos económicos internacionales y cuyos contenidos por cierto giran alrededor de las llamadas “Reformas Estructurales”, siendo Comunicaciones y Energía, las más relevantes en tal sentido; y

2. En lo político, mover estratégicamente sus piezas clave en el ajedrez de las decisiones de gobierno, a fin de reinstalar y continuar su proyecto y recomponer su poco envidiable imagen histórica, creada en gran medida –también hay que decirlo- más que por hechos reales y objetivos, por los innumerables detractores con que cuenta dentro y fuera de su partido.

Recordemos que a fines del año pasado primero en noviembre en entrevista con “The Economist” y luego en el Reforma y el Universal, Carlos Salinas de Gortari hizo declaraciones mediante las que, contrario a la visión de Trump, se erigió en portador de la bandera en la defensa y renegociación, no extinción, del TLC, lo que desde su apreciación, traería grandes ventajas como:

– Contar con una estrategia regional de competitividad ante las industrias y productos chinos;

– Las Grandes empresas ante el incremento de su productividad “jalarían” a las Pymes de ambos lados de la frontera, reactivando las economías internas por ser este tipo de empresas las que más empleos generan;

– Por lo mismo, en lugar de que se eliminaran millones de empleos por la extinción del TLC, su renegociación constituiría para ambos países una solución a sus economías internas, además de contribuiría a disminuir sensiblemente la migración indocumentada.

Inmediatamente después a la publicación de este ensayo, su Sobrina Claudia Ruiz Massieu, entonces Secretaria de Relaciones exteriores, se reunió con el Consejero de Estado Chino Yang Jiechi para resolver diplomáticamente las diferencias bilaterales en relación con la repentina no firma de dos contratos multimillonarios en dólares: el tren de alta velocidad México – Querétaro, y el Dragon Mart, en los que la intervención del ex presidente Salinas ha sido expuesta por diversos medios.

Inmediatamente después también gente de los medios ligada al ex mandatario, omitiendo nombres que se conocen a voces, hablaron sobre esa propuesta y pusieron en evidencia la intención del grupo liderado por Carlos salinas para apoderarse de la política exterior y la renegociación del TLC. Solo así se explican los posteriores cambios que hizo el Presidente Enrique Peña Nieto, solo por mencionar algunos, en la Secretaría de Relaciones Exteriores de Luis Videgaray por Claudia Ruiz Massieu Salinas (ahora Secretaria General como lo fue su Padre Jose Francisco y quizá próxima presidente del CEN del PRI) y el nombramiento del titular de la embajada de México en EUA, que increíblemente tenía bastante tiempo acéfala siendo la más importante del servicio exterior de nuestro país y el cambio del discurso de Trump inclinado ahora a la renegociación de lo que para ellos es acuerdo, el NAFTA, no tratado, lo es para nosotros el TLCAN.

De la influencia de Carlos Salinas en la Política interior y el forcejeo y distanciamiento con el actual Ejecutivo Federal, mi único y querido lector, ya ni hablar: en ella tiene incrustada gente de primer y segundo nivel en no pocas carteras, así como en el manejo político y de medios de los procesos contra algunos gobernadores, desde Moreira hasta Borge, lo cual será materia de otra entrega…

“La Guerra de las Falacias: Una Nueva Desesperanza”

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LA GUERRA DE LAS FALACIAS

“Una nueva desesperanza”

Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

No, mi estimado y único lector que tengo, no se trata de un nuevo episodio de la famosa zaga de George Lucas, aquella de Arturito, Sitripio y Chubaca (tenía unos cuates que hasta así les apodaban…) ni de la Princesa Lea, perdón, quise decir la Princesa Lía; la primera era vedette de antes de que se cayera el cabaret Capri por el sismo de 1985, en que andaba pensando jeje… ¡No, de ninguna manera! me refiero a la sarta de dimes y diretes que se ha soltado entre el ejecutivo federal y sus detractores a raíz del “Gasolinazo” (título que ya desde hace tiempo se venía usado en la farándula mediática para designar a los aumentos de precio del líquido elemento vehicular, pero que ahora se ha puesto realmente de moda con todo su tétrico esplendor), buena parte de los cuales de uno y otro bando son verdaderos adefesios en términos argumentativos.

De la parte gubernamental, escuché con atención el discurso del 5 de enero con el que el Presidente Peña nos dio nuestro regalote de día de reyes y también lo dicho en el mismo sentido por diversos personajes de los sectores público, privado y social en el evento el pasado lunes 9 de enero dentro del marco de la firma del “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección del a Economía Familiar”. Al margen de las frases y recursos retóricos tan sobados por décadas, de los arrumacos discursivos que ya ni a ellos convencen, en términos de estricta técnica argumentativa se dieron algunos conceptos dignos de destacar por ser falacias, esto es, mentiras disfrazadas de verdad. He aquí solo un par de botones de muestra:

         1. El aumento no se dio por causas internas, sino externas (premisa mayor): subió el precio del petróleo (premisa menor 1); en consecuencia, también subió el de la gasolina (premisa menor 2) y como importamos más de la mitad de la que consumimos (premisa menor 3) pues aumento el precio en México (conclusión).

Total falacia que técnicamente se denomina de Causa – Efecto. A ver señor Presidente, secretarios y achichincles del ramo. Ahí les va un contraargumento: a) si ese es el criterio, ¿por qué no bajó el precio de la gasolina cuando los precios del petróleo y por ende de la gasolina extranjera estaban comparativamente mucho más bajos?; b) aunque hay que reconocer, sin eximir de culpas a nadie, que el precio de la gasolina no ha dejado de subir desde hace ya mucho tiempo (solo recordemos que cuando Fox se sentó en la silla presidencial en el año 2000 la gasolina costaba menos de 5 pesos) ¿por qué en lugar de subirle campechanamente al precio no se pusieron desde 2012 a rehabilitar las refinerías que ya tenemos y aumentar la producción de gasolina nacional para volver a ser autosuficientes tal como lo éramos antes?; c) Si el aumento es “externo” ¿por qué la gasolina mexicana cuesta menos en Estados Unidos que en México? Al hacer la comparación de precios con otros países latinoamericanos, solo refiere a los que no tienen petróleo y omite a los que sí son productores como Venezuela, entre otros, donde la gasolina tiene un precio mucho menor; por lo tanto, esta comparación así como la pretendida justificación del alza, en general, son falaces.

Ahí va otra joya:

         2. (Premisa Mayor) Seguir subsidiando la gasolina, a la larga hubiera sido peor, principalmente para los que menos tienen para quienes habrá programas de apoyo: (Premisa menor 1) O se acababa con el subsidio de más de 200 mil millones de pesos al año o se acaban los programas sociales; (Premisa menor 2) de hecho, resentirán más el alza quienes gastan más gasolina, que son los que más dinero tienen y que son solo el 10% de la población; además se afectarían los impuestos y las finanzas públicas por un recorte presupuestal que paralizaría al gobierno. (Premisa menor 3) Además, comparativamente con otros países latinoamericanos el precio de la gasolina en México sigue siendo menor

Estamos ante otra falacia denominada Ad Verecundiam, en la que las cuatro premisas (mayor y menores) carecen de inferencia (relación lógica entre ellas) y por lo mismo, de una conclusión que las englobe y explique. Ahí les va otro contraargumento: a) ¿Por qué se contradice al afirmar primero que el aumento de la gasolina afecta a los que menos tienen y luego sostiene que afecta más a los que más tienen por lo que no hay tanto problema, pues se trata solo del 10% de la población?. Ay Sr. Presidente y conclapaches: el aumento afecta a TODOS, un gobernante tiene la responsabilidad de gobernar para todos y de apoyar a todos, según los recursos disponibles y las necesidades específicas de cada grupo. b) por que la posición apocalíptica de que o gasolinazo o cero programas sociales? Por qué no se fue primero con obligar al pago de impuestos a las 400 empresas que más ganan en México? ¿por qué no acabar con los aviones, viajes, coches, guaruras, celulares, sueldos exorbitantes, bonos, etc., de sus funcionarios mayores de los tres poderes y órganos autónomos? Por qué no establecer una acción contundente de tolerancia cero contra la corrupción? Lejos de paralizar al gobierno ¿no lo haría más honesto y modesto ante la ciudadanía?

Hasta ahí me quedaría con la postura oficial, para no hacer más corajes. Pero ni qué decir de los detractores que -salvo la respuesta del ingeniero Cuauhtemoc Cárdenas que, estemos de acuerdo o no, es digna de reconocerse por su actitud propositiva- no sé si están igual o peor, al dedicarse de forma más que simplista y reduccionista al insulto, a la petición de renuncia, a la mentada, al meme, en lugar de dar argumentos, propuestas, alternativas, de asumir acciones de solidaridad y colaboración para contener el efecto, justificando incluso actos delictivos contra terceros en sus bienes y derechos, que en total contradicción, dicen ser a quienes se supone representan en sus “marchas”, bloqueos y saqueos.

En medio de esta guerra de falacias, estamos usted y yo, ciudadanos como cualquiera, en calidad de meros espectadores de la ignominia. Como decía el compa Tomás Mojarro: Ah México, hasta cuando….

 

“Memecracia” y Aculturación Política

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Por Jose Ramon Gonzalez

Cada ocasión que surge un evento de alto impacto mediático, surge ipso facto un meme, versión recargada del grafiti político y social; pero poco pensamos en sus orígenes, su naturaleza y características, sus creadores y sus objetivos y más aún sobre los efectos que pudiera tener sobre la cultura política y la estructura social.

El meme es una forma de comunicación directa que se sostiene en hechos o personajes muy conocidos, compuesta de un gráfico al que se le añade una o dos frases cargadas de supuesto humor, ironía, ridículo y/o descrédito sin fundamento, llevando a la deslegitimación la y debilitación de la imagen del personaje y/o la institución, o bien a la minimización o maximización de un hecho sobre un tema común, cotidiano o solemne.

La palabra Meme viene del griego Mimema, que puede traducirse como “algo que se reproduce, que se imita”.

Específicamente en lo que se refiere a los memes políticos, se tiene la idea que estos se crean de forma espontánea por personas –siempre anónimas- que escudados en una interpretación seudo existencialista de la libertad de expresión y una supuesta e inofensiva superficialidad comunicativa de los mensajes, gracias a su creatividad, imaginación y ocurrencia comentan de manera jocosa o ingeniosa (aunque destructiva y nunca propositiva) algún hecho o dicho (o supuestamente dicho) por un actor político.

Sin embargo, la publicación de memes está lejos de tener un surgimiento espontáneo y menos un objetivo inocuo; muchos de ellos son generados en despachos y empresas consultoras de comunicación mediática y política para atacar o proteger a alguien o a algo, según la expectativa del cliente.

Hay quienes consideran que el meme actual es una interpretación descafeinada de la Teoría y la Filosofía del Absurdo, base del Existencialismo, corriente filosófica que tiene entre sus exponentes más distinguidos a personajes como Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Soren Kierkegard, Albert Camus, Franz Kafka. Bajo este modelo, el Zoon Politikon de Aristóteles se extingue para dar paso a la existencia humana a partir ya no de la sociedad sino del individuo, esto es: ante una realidad tan irracional, lo que importa es lo que yo piense, lo subjetivo, no lo objetivo, lo que dice el establishment que es lo política o socialmente correcto.

Sin perjuicio de lo anterior, el concepto actual de Meme tiene sus orígenes en la Teoría desarrollada por el genetista Richard Dawkins en 1976 (vid. “El Gen Egoísta”) donde sostiene que se trata de unidades de información cultural que tienden a crearse, evolucionar y extenderse de forma similar a los genes pero ya no en el patrimonio genético, sino en el medio social y que tienen un impacto neto en las neuronas espejo, fijando conductas o comportamientos ligados a su significado y contenido, similar al efecto del símbolo aunque con mayor contundencia por lo específico de su mensaje, en el cerebro, la conciencia y la cultura

Con ello, el meme se liga indefectiblemente a la reciente neurociencia social, bajo cuya óptica una de sus grandes fortalezas consiste en que sus contenidos sobreviven en la memoria para luego reproducirse (mimetizarse) en conductas o actitudes correlativas de forma individual y luego colectiva.

“Casualmente” los memes tal como los conocemos ahora surgieron casi de manera sincrónica con las redes sociales virtuales, lo cual es muy reciente teniendo en cuenta que Facebook se fundó en 2004 y la primera representación de la compañía en México se abrió en 2008.

Al inicio, los mensajes trataban sobre temas de poca relevancia, pero de forma paulatina y rápida han ido subiendo de intensidad, ubicándose ahora la mayor parte de ellos en el tema político, específicamente en la imagen pública de candidatos, gobernantes e instituciones.

En este orden de ideas, quienes “compran” el meme piensan que al mimetizarlo dándole like, reproduciéndolo y/o compartiéndolo ya con eso participan en democracia, cuando lo que hacen es justamente lo contrario: al repetir como pericos lo dicho por quién sabe quién, al negar el argumento, dejan de pensar por sí mismos, de reflexionar sobre el fondo de los problemas y pensar en soluciones, y con ello cierran la posibilidad a todo debate constructivo, alimentando de manera endémica el subdesarrollo democrático y social.

Cualquier declaración, comentario o incluso una sola frase o palabra puede de un actor político ser sujeto de un meme que de inmediato lo sumerge en el absurdo y lo desacredita sin necesidad de una mínima reflexión razonada sobre el fondo del asunto, volviéndose más viral en la medida de su ingenio, gracia o capacidad de humillación.

En la guerra de los memes, los anónimos memeideólogos y sus seguidores los memécratas –unos ingenuos y más identificables, otros virtuales y etéreos parte del negocio-, desacreditan al candidato o al gobernante sin importar que para ello se empleen infundios (aseveraciones sin fundamento), falacias (mentiras disfrazadas de verdad), alusiones inclusive a la complexión, la capacidad intelectual, la etnia, la imagen física; y los sujetos pasivos del meme sin saber todavía cómo reaccionar ante el ataque mediático viral, no han encontrado mejor opción que también desacreditar –por desgracia también en la mayoría de los casos, sin argumentos- todo lo que digan sus detractores

Esa desacreditación mutua sin contenido, rompe con las reglas más elementales de la argumentación, herramienta de comunicación que desde la época de los griegos es base de la participación y el desarrollo democrático, anulando cualquier posibilidad de debate razonado, con lo que en muchos casos un infundio, falacia o comentario denigrante, compartidos o retwiteados miles o cientos de miles de veces se convierte en “verdades” del mundo virtual.

Así, el ingenio gracioso, humillante, incapaz de tolerar, sustituye a la reflexión seria, profunda, constructiva, de los problemas de la democracia y del gobierno, sus mecanismos de acción y operadores, metiéndonos a todos en un contexto de frivolidad pasmosa, que lo único que produce aparte del denuesto del personaje afectado, es el debilitamiento de las instituciones políticas y sociales y el empoderamiento de una comunidad política ciega, sorda y muda, ignorante, incapaz de actuar en el terreno del debate real de ideas y en los hechos pero muy corrosiva en términos mediáticos.

Esto, sumado al miedo a contestar por parte del atacado convertido ya a sí mismo en un meme, con el fin según él de “no hacer el asunto más grande”, dada su incapacidad técnica para responder con argumentos al menos con las mismas armas de su oponente, no hace más que debilitar a la democracia y a la gobernanza como instituciones políticas fundamentales del Estado constitucional, y convertir los asuntos de la politeia (lo que nos incumbe a todos) en temas de espectáculo en los medios, lo cual sobra decir que para todos resulta algo muy delicado, pues con todo esto el concepto de democracia es trastocado desde sus raíces y su significado y trascendencia para la vida social se debilitan estrepitosamente en la misma medida en que el meme avanza ya ahora convertido en una forma de “aculturación” política.

De hecho, vemos que diversas encuestas aplicadas recientemente reflejan que para la mayoría de los jóvenes usuarios de redes sociales, es preferible un gobierno y un gobernante autoritarios que postule soluciones acordes con la memecracia, o bien que les da lo mismo de tener uno de ese tipo que uno resultante de una elección democrática, institución para ellos deslegitimada, anacrónica e inútil.

¿Qué hacer ante tal estado de cosas? Vaya pregunta más compleja, pues intentar responderla implica abordar la problemática desde sus múltiples y diferentes aristas. Sin embargo una de ellas, sin duda, es la necesidad de estar alertas, ser más cautelosos, menos ingenuos, más perspicaces. Algunos buscadores en Internet como Google ofrecen la posibilidad de rastrear la cadena comunicativa de los originadores de los memes y sus replicadores. Una exploración acuciosa de estos procesos podría llevarnos a interesantes sorpresas.

 

La Primera Entrevista de Trump Presidente Electo: Qué hay que retener?

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LA PRIMERA ENTREVISTA DE DONALD TRUMP COMO PRESIDENTE ELECTO:

LO QUE HAY QUE RETENER

Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

 

El pasado domingo 13 de noviembre, en el programa 60 minutos de la CBS norteamericana, Donald Trump dio su primera entrevista como presidente electo. En ella dejó ver las que serán sus líneas básicas de trabajo, la mayoría congruentes con su discurso de campaña, aunque algunas atemperadas en el ánimo de la conciliación y la presión de los grupos de poder y de interés americanos y multinacionales.

La primera declaración fue que renunciará a su sueldo como presidente (oficialmente más o menos 400 mil dólares al año) recibiendo en cumplimiento a la ley, un dólar, aunque no habló de las llamadas partidas secretas o discrecionales, cuyo monto es nada despreciable. Este acto de demagogia pura intenta comunicar un pretendido desinterés por sus propios beneficios sobreponiendo a ellos los públicos (su fortuna se calcula en unos 3 mil setecientos millones de dólares, desde luego sin descontar un 30% por los impuestos que aún debe y ahora quién sabe si pague).

También, en un intento de conciliar y resolver las crecientes tensiones y polarizaciones generadas a partir de su elección, lanzó un llamado a la calma para sus detractores (que por cierto son más de la mitad del electorado, pues recordemos que al igual que al Gore contra Bush, Hillary Clinton ganó la elección voto por voto): “no tengan miedo, vamos a restablecer nuestro país”.

Lamentó los actos de violencia y acoso proferidos contra las minorías musulmanas, negras, hispánicas, que se han multiplicado a partir de la elección, a lo que pidió a sus autores y seguidores: “paren eso!”.

Mantuvo firme su posición a favor de la portación de armas de fuego y contra el aborto, afirmando que nombrará jueces que concuerden con su postura sobre esos temas. “Yo soy pro vida y los jueces que nombre serán pro vida… Serán favorables a la segunda enmienda constitucional que hace de la portación de un arma un derecho para todo ciudadano americano”. Esta declaración, aunada al hecho de que durante su mandato podrá sustituir a varios juzgadores en caso de muerte o retiro y a que también deberá nombrar a un noveno ministro de la suprema corte por estar vacante una plaza, y al hecho de que tanto la cámara de representantes (diputados) como el senado tendrán mayoría republicana, además del capital político que tiene en los gobiernos estatales y municipales de su partido, implicará riesgosamente la republicanización de las tres ramas del poder público federal y local y con ello el regreso, ahora recargado por el uso de los medios y las redes, del fantasma del autoritarismo a las decisiones políticas y jurídicas tanto internas como externas.

Sobre el Obamacare, similar a lo que aquí sería el seguro popular, moderó su postura al decir ahora que no se abrogará, sino que sufrirá modificaciones.

No obstante que estas declaraciones tendrán un serio impacto para nuestro país por sus inminentes efectos negativos en muchos sentidos, lo que más pareció llamar la atención de los penosos medios nacionales fue la que tuvo que ver con la migración: “Lo que vamos a hacer es aprehender a los malos, los que son criminales y tienen expedientes judiciales, a los que se agrupan en pandillas, a los que trafican drogas, que son dos o quizá tres millones. Vamos a sacarlos de nuestro país, están aquí ilegalmente, o a meterlos a la cárcel”.

Esta declaración modera la propuesta de campaña de expulsar a 11 millones de inmigrantes, y aunque preocupante tendrá que ser modulada, pues si bien lejos de ser original da continuación a la desde hace años tradicional política de deportaciones del gobierno estadounidense sea quien sea el que esté sentado en la silla (el gobierno de Obama tiene el Récord histórico en ese rubro), parece poco viable e incoherente tal como lo ha planteado hasta el momento, pues 1) no existe esa cantidad de inmigrantes con antecedentes penales, traficantes y pandilleros y 2) porque les guste o no van a seguir requiriendo esa mano de obra que abate considerablemente los costos de producción al estar subvalorada y libre de regulación salarial, impuestos, seguridad social, condiciones de trabajo, etc.

Independientemente, de ello esta política será operada bajo la sombra del autoritarismo, ya que con ese pretexto se podrán manejar las expulsiones prácticamente a placer, como siempre ante la presencia ciega, sorda y muda de los organismos internacionales de derechos humanos en aquel país.

También se refirió al tema del muro: “Para algunas zonas quisiera puestos de control; para otras el muro es lo más apropiado”. Recordemos que la frontera mexicano norteamericana es la más extensa del mundo, con más de 3,185 kilómetros de largo y la más transitada también. Y que desde hace años (George Bush Sr.) se comenzó a construir y no ha dejado de avanzar el famoso “Muro de la tortilla” que ahora tiene ya más de 1,200 kilómetros, más otro tanto de frontera natural entre las inhóspitas zonas de desierto y la propia barrera fluvial; así que solo le faltaría una tercera parte para terminar el trabajo, lo que hace ver que su promesa de que los mexicanos pagarían por la construcción (de lo que falta) del muro no está tan descabellada, pues en otras declaraciones ha dicho que para tales efectos cobrará indirectamente a través de las compañías norteamericanas de transferencias de fondos un impuesto por cada dólar enviado por concepto de remesas de EUA a nuestro país.

La viabilidad de estas propuestas se hace todavía más posible al ver la forma de integración del círculo rojo del flamante presidente Trump, con personajes conocidos y reconocidos por su postura radical de derecha, tema que nos dará pie para la redacción de una columna dedicada en específico al tema. Base un botón de muestra: Reince Priebus, representante connotado de la derecha “alternativa” (radical) y del movimiento nacionalista blanco, muy cercano al presidente de la cámara de representantes, de su misma orientación, Paul Ryan, y que desde antes de la campaña ha manifestado públicamente su posición aún más extremista que Trump sobre el asunto migratorio, el obamacare y el terrorismo islámico.

Todo esto nos muestra el inminente regreso de un nuevo nacionalismo que tiene como plataforma algo así como una Doctrina Monroe recargada, impulsada por la derecha norteamericana, cuya cara visible es la imagen mediática de Trump y que junto con posturas similares en otros países ponen en entredicho y en una seria crisis conceptual y de viabilidad objetiva –entre otras cosas- la oferta globalizadora del reaganismo-tatcherimo propuesta e impuesta desde hace más de tres décadas. Lo grave del asunto es que nuestro país en general, no solo el gobierno, ha sido incapaz hasta el momento de generar un plan para hacerle frente, de lo cual también hablaremos en futuras entregas.