Los “10 Mandamientos” de Bertrand Russell

Por José Ramón González Chávez

Betrand Russsel fue uno de los Filósofos más importantes del Siglo XX

Ateo de sepa, luchador contra las supersticiones,se enfrentó directamente a ellas mediante la argumentación y el razonamiento lógico. Férreo defensor del liberalismo. Recibió el Premio nobel de literatura en 1950.

El 16 de diciembre de 1951, aprovechó una colaboración para la “New York Times Magazine” para divulgar una vez más la razón mediante un artículo “The best answer to fanaticism: Liberalism”, al final del que expuso un decálogo que, según él, todo profesor debería desear enseñar a sus alumnos.

Posiblemente el decálogo -al que Russell se refirió sarcásticamente como “mandamientos”- no sea una enseñanza completa en sí, pero señala los pasos necesarios todo aquel que intente encontrarse con la razón y alejarse de todo tipo de supersticiones y creencias sin fundamento alguno:

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LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE BETRAND RUSSEL

1. No estés absolutamente seguro de nada.

2. No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.

3. Nunca intentes oponerte al raciocino, pues seguramente lo conseguirás.

4. Cuando encuentres oposición, aunque provenga de tu cónyuge o de tus hijos, trata de superarla por medio de la razón y no de la autoridad, pues una victoria que dependa de la autoridad es irreal e ilusoria.

5. No respetes la autoridad de los demás, pues siempre se encuentran autoridades enfrentadas.

6. No utilices la fuerza para suprimir las ideas que crees perniciosas, pues si lo haces, ellas te suprimirán a ti.

7. No temas ser extravagante en tus ideas, pues todas la ideas ahora aceptadas fueron en su día extravagantes.

8. Disfruta más con la discrepancia inteligente que con la conformidad pasiva, pues si valoras la inteligencia como debieras, aquélla significa un acuerdo más profundo que ésta.

9. Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.

10. No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, pues sólo un necio pensará que eso es la felicidad.

La Tolerancia: Algunas reflexiones.

LA TOLERANCIA: ALGUNAS REFLEXIONES

Por José Ramón González Chávez *

Los tiempos que nos tocan vivir son severos. Junto a la falta de ética y de moral, se mantiene el materialismo, el “individualismo feroz”, un desenfrenado impulso por obtener “más” a costa de lo que sea. Todos los días, a toda hora, en todo lugar, somos testigos de la falta de solidaridad, de la intransigencia, de la indolencia, de la estulticia convertidas en costumbre; las vemos tan seguido que a veces hasta ignoramos su presencia, llegando a considerarlas aún parte de nuestra vida cotidiana.

En este entorno, la intolerancia emerge tentadora, lista para repetir la escena de la serpiente, el árbol y la manzana. Por ello, hoy más que nunca resulta de suma importancia reflexionar sobre el tema de la Tolerancia en estos momentos tan duros y difíciles. Cuesta mucho imbuirse de Tolerancia en momentos y lugares donde los valores democráticos que tanto nos ha costado conseguir, se encuentran en “almoneda“. Es duro ser tolerantes ante un Gobierno intolerante. Es duro ser tolerantes cuando la mentira se utiliza como “justificación de Estado“. Por ello resulta muy importante profundizar, ir al fondo, en la reflexión sobre la Tolerancia como principio fundamental que tanto anhela la humanidad y que sin embargo a algunos les cuesta un gran esfuerzo llevar a la práctica.

La Tolerancia se relaciona directamente con la aceptación y el intercambio de ideas en un ambiente de igualdad de posiciones, de respeto. Debe permitirnos acercar posiciones para superar las mínimas diferencias que nos separan y para centrarnos en lo mucho que nos une.

La Tolerancia para perfeccionarse, es decir para ser efectiva, real, debe de ser no solo una actitud individual sino ante todo una conducta social, pues justamente presupone como condición sine qua non una conducta distinta de la nuestra con la que debemos convivir. Constituye es uno de los signos más claros de la civilidad y la cultura social de un pueblo. Por eso debemos convertirla en practica común, en parte de nuestra actividad vital como sociedad.

Desde el punto de vista social y sobre todo desde el político, la Tolerancia por supuesto que no puede ser sinónimo de indiferencia, de indolencia, sumisión o vasallaje. Es una condición imprescindible de la democracia y el mecanismo por el cual todas las partes pueden exponer sus ideas con civilidad y la ciudadanía puede inclinarse por la que le parezca más compatible a su forma de pensar de acuerdo con las condiciones específicas del momento y del lugar, todo esto en la arena de la denominada “opinión pública”, fomentada y conducida por los medios de comunicación.

La Tolerancia nace con el Estado contemporáneo, y parece ser igual que la democracia, una planta frágil que debe ser cultivada con gran esmero, quizá hoy con mayor celo que antes. Para lograrlo tenemos que hacer a un lado la retórica y asumir como una forma de ver y vivir la vida que la Tolerancia no es otra cosa que reconocer que cada cual que tiene ante sí a alguien con el mismo derecho para opinar y concebir de forma distinta el mundo. Lo más execrable en materia de convivencia intelectual, es pretender clasificar o calificar a los que no piensan como nosotros, incluso a los que no son tolerantes.

La intolerancia proviene siempre del intolerante hacia los demás, no al revés; se sustancia en la Intransigencia, el fanatismo, la terquedad, la obcecación, la obstinación, la tozudez, que si bien son sinónimos, agravan el padecimiento. La tolerancia la rompe aquel que deja de tener respeto hacia el otro, poniendo en peligro el bienestar colectivo. De ahí que el abuso, todo aquello que causa quebranto, dolor, lo que nos aleja de la felicidad, que impide el ejercicio de nuestro libre pensamiento, que pretende anularnos como seres, son cosas y hechos que por su propia naturaleza atentan contra la tolerancia.

Los intolerantes tienen un rasgo propio y distintivo: son ignorantes, pero no analfabetos. Suelen dañar reputaciones sin medir las consecuencias; repudian lo que no entienden ni saben, ni comparten; como carecen de ideas nobles y ecuánimes, no esgrimen ideas: utilizan el puñal de la difamación, el filo de la palabra descalificadora.

La intolerancia, en todos los tiempos, viene precedida de un halo de “virtuosismo” fundamentalista, que pretende soslayar la necesaria ética que impone el respeto hacia el otro, hacia sus ideas y sus acciones. La “presunción”, junto con la Intolerancia, constituyen el caldo de cultivo -cuando no la causa- de todas las violencias y de una buena parte de los males sociales. No existe nada menos lamentable y triste que un hombre guiado por sus prejuicios, cerrado a la comprensión y más aún a la razón, y cuya conducta puede derivar en causar perjuicios a quienes no tolera.

Para lograr adquirir una visión más amplia y profunda del significado de Tolerancia basta con mirar la naturaleza y ver que en ella conviven diferentes especies cumpliendo cada una el rol que le corresponde. De tal suerte, tolerar es asumir la diversidad tal como se presenta, es aceptar al otro tal cual es, con sus ideas políticas y religiosas, su posición social, además de su intelecto y moralidad. Para practicarla debemos respetar todas las ideas, manifestadas de manera libre y abierta, vengan de quien vengan, con la única condición de que quien las expresa lo haga con respeto y consideración y reciprocidad hacia los demás, en un afán preponderantemente constructivo.

Con lo dicho hasta el momento, podríamos irnos acercando a una definición del término Tolerancia, concibiéndola en principio como la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y ubicarse en la vida, siempre que éstas no atenten contra los derechos fundamentales de los individuos.

De ahí que la Tolerancia, en términos sociales, más que reactiva deba ser proactiva, es decir, una Actitud, una forma de ver y vivir la vida que todos los seres humanos debemos tener frente a los demás en cuanto a sus ideas, gustos, formas de ser, etc. aunque no sean iguales a los nuestros; una forma de conducirnos ante los demás que implica a la vez el derecho y la obligación de procurar respeto a las divergencias. Puede que nuestras palabras no sean bien recibidas por otros, que haya gentes que piensen distinto, pero si respetan lo que decimos, deberán asumir culturalmente una actitud tolerante hacia nosotros.


* Profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y de la Universidad Iberoamericana.

Conferencia del Dalai Lama en la UIA: Algunas líneas de reflexión

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Conferencia del Dalai Lama en la Universidad Iberoamericana

Algunas Líneas de reflexión

Por José Ramón González Chávez *

El jueves 7 de febrero de 2004 el Tenzin Gyatso, 14ª reencarnación del Dalai Lama visitó la Universidad Iberoamericana para recibir el doctorado Honoris causa que le otorgó esa casa de estudios, acto con el cual además concluyó su gira por nuestro país. En su discurso de recepción el Dalai Lama hizo algunos apuntamientos en materia de sociedad, política y globalización, que consideramos de gran actualidad y vigencia por lo que presentamos a continuación sus líneas más importantes:

El mundo moderno ha privilegiado el avance científico y tecnológico . Eso que en principio no esta mal, ha sin embargo inclinado la balanza del ser individual y social en detrimento de los valores interiores.

La Iglesia y la Familia declinan como instituciones de valores. De ahí la gran responsabilidad de las instituciones educativas como factores de equilibrio entre el conocimiento científico y pragmático y los valores y el conocimiento del corazón.

La ciencia y la tecnología afectaron el interés y el cuidado de la sociedad por el conocimiento y cultivo de los valores interiores. De hecho, ya en Europa se habla de la crisis moral en la sociedad y se empieza a reflexionar con seriedad sobre el tema.

La ecología implica otro problema y un grave peligro para la vida, valor cuya defensa y protección debe estar en primer lugar en toda sociedad. La cumbre de Río produjo mucha información de los más grandes expertos en materia ambiental, pero en muy poco o en nada se han tomado en cuenta para hacer algo realmente eficaz y tangible contra el deterioro del medio.

El ser humano debe vivir en equilibrio entre su realidad cotidiana y su realidad interior con la misma responsabilidad y compasión[1] para sí y para los demás.

Muchos líderes (políticos, económicos, etc) mundiales, regionales, locales, hablan de libertad, de justicia, de paz, de fraternidad, pero su discurso es muy distinto a lo que en realidad hacen. Todo queda en teoría o retórica, dando como resultado la situación en la que se encuentra la humanidad actualmente.

Sobre la Democracia y la Libertad, concepto este ultimo tan importante para todos, pasa algo similar: la gran mayoría de los países tienen marcos jurídicos con normas muy precisas en esas materias, pero en la práctica su cumplimiento real sigue pendiente. Hay también sociedades que formalmente han logrado estructurar sistemas democráticos pero en su interior padecen de caos y proyectan al exterior de varias formas. El Derecho y la política solo serán benéficos en la medida en que tengan como base el deseo de servir y hacer el bien a los demás.

En cuanto a la igualdad, la brecha que existe entre pobres y ricos, no solo económica, sino cultural, educativa, tecnológica, etc. es cada vez mayor, es algo equivocado no solo en lo material y moral, sino también en lo espiritual.

La violencia, tanto la individual y la social como la traducida a nivel global a través de la guerra y el terrorismo constituye otro grave problema, que amenaza el mundo. La desmilitarización en los hechos ha caminado pero a un ritmo muy lento. Es ahora el momento para encarar una desmilitarización real, a todos los niveles, puede comenzar desde el local y regional y caminar hacia el global.

De hecho, los gobernantes producen y se ha puesto en sus manos mucha información y de alta calidad respecto de todos estos problemas, pero todo se mantiene en teoría, los gobiernos siguen manteniendo una actitud equivocada.

La Guerra es ya un concepto anticuado, obsoleto. El amor y la compasión son los mejores medios que existen contra la violencia. Amor y compasión para crear un mundo de responsabilidad con nuestro presente y futuro.

Hay una interdependencia cada vez mayor en el mundo. Sin embargo en los hechos, la globalidad no se refleja en la realidad material ni en los corazones.

Todas las religiones, creadas desde hace muchos siglos, tienden al progreso de la humanidad. No se tiene que cambiar de religión para aspirar al conocimiento interior, es mejor practicar verdaderamente la que ya se tenga. Principios como una alta autodisciplina, el autocontrol, la comprensión, el amor, entre otros, son factores que construyen la convicción personal para hacer compatible la realidad interior con la vida cotidiana. Cuando nos enfrentamos a un problema donde surgen las pasiones, propias o ajenas, se nos brinda una oportunidad preciosa para ejercitar nuestra autodisciplina y en general todos nuestros valores y encontrar la mejor solución, pero si respondemos a la ira con ira, al contrario no haremos más que alejarnos de ella.

Por eso es muy importante para la humanidad comenzar a preocuparse por el interior del ser humano, del de sí mismo y del de los demás.

 

Si bien en el terreno humanístico los planteamientos del Dalai Lama son de una claridad y transparencia prístinas, cabe decir que en lo político internacional su gira por América Latina y particularmente su visita a México tienen distintas lecturas dignas de desglose, sobre todo tomando en consideración el peso específico del país oriental en el Consejo de Seguridad de la ONU, su indiscutible poder económico, y desde luego en lo bilateral, dentro del marco de la inminente concreción de importantes acuerdos de carácter comercial y económico entre China y nuestro país. Prueba de ello son las declaraciones de la propia embajada China en México, la decisión del ejecutivo federal de no recibirlo como jefe de Estado, la tensión diplomática generada por la visita, el hecho de que dejó para el último evento de su gira este discurso, entre otros.

* Profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y de la Universidad Iberoamericana

[1] Entendido este término como sinónimo de Solidaridad, de compromiso colectivo para terminar con el sufrimiento de los demás, de responsabilidad para buscar y encontrar los medios para aliviar los problemas de los otros. Uno de los rostros del amor, que para su pleno y cabal ejercicio requiere de valor y fuerza interior.