Errores de la Historia: El Bautizo de América

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El Bautizo de América:

La historia de una equivocación que ha cumplido cinco siglos

La desfiguración de una carta que cambió para siempre uno de los nombres de la Tierra

Por José Ramón González Chávez 

Si -como el griego afirma en el Cratilo- “el nombre es arquetipo de la rosa”, el continente que habitamos debería llamarse Colombia. Lo que en el siglo XVII se consideró una de las peores injusticias de la historia, comenzó a gestarse, sin embargo hace aproximadamente 500 años, en mayo de 1499, cuando entre los colores blancos y azules del puerto de Cádiz el navío comandado por el capitán Alonso de Ojeda empezó a perderse en el solitario Atlántico.

Los resultados de aquel viaje, que cambió para siempre la idea que el hombre tenía de la Tierra, deben comenzar a rastrearse en realidad en 1503, cinco años después de que en su tercer viaje, el más infortunado de los navegantes, Cristóbal Colón, llegará a Venezuela, Trinidad y el Río Orinoco; tres años antes de que el propio Colón, descubridor de América, muriera sin honores, ni riquezas, ni cargos. Es decir, exactamente en el año en que por las principales ciudades de Europa comenzó a circular un puñado de hojas impresas con el título de Mundus Nuvus, escritas en forma de carta por un oscuro comerciante: Americus Vesputius.

La de Vesputius era una carta semejante a todas las que en aquella época solían redactar, soporíferamente, pilotos y cartógrafos.

Estaba dirigida al comerciante florentino Lorenzo de Médicis y contenía la relación de un viaje que por orden del rey de Portugal, Vesputius había realizado a principios de 1501. En todo caso, fue leída con la misma sorpresa con que hoy se recibiría el descubrimiento de un planeta ubicado, digamos, entre la Tierra y Marte.

El autor afirmaba haber zarpado de Lisboa, atravesado el Cabo Verde y desembarcado no en las Indias, si no en tierras hasta entonces desconocidas: un territorio informe que flotaba entre Asia y Europa, y en el que los hombres aún vivían con inocencia; una selva virgen que prodigaba frutos desconocidos y especies que no habían podido soñar los copistas que ilustraron los bestiarios medievales.

“…Nuestros antepasados creían que al sur del equinoccio no había tierra firme”, escribió Vesputius, “sino sólo un mar infinito y aun los que admitían la posibilidad de que por allí se encontrara un continente, tenían diversas razones para suponerlo inhabitable. Por mi viaje he comprobado que aquella opinión es errónea, puesto que al sur del ecuador llegamos a una tierra nueva, que encontramos ser tierra firme. Conocimos que aquella tierra no era isla, sino continente. Yo descubrí un continente habitado por más multitudes de pueblos y animales que nuestra Europa…”.

Antes de la publicación de Mundus Nuvus, la apertura de un nuevo camino a las Indias sólo interesaba a reyes y comerciantes. La noticia del descubrimiento realizado por Vesputius, en cambio excitó a la cristiandad, puso en serios aprietos a teólogos, eruditos y filósofos y despertó el interés de legiones de cartógrafos, geógrafos y aventureros.

Vesputius prometía entregar los detalles de aquel viaje en un documento que a la sazón, todavía se encontraba redactando. Cuando un año después apareció la célebre Carta de AméricoVespucio sobre las islas recién halladas, Europa entera se entregó a la lectura del documento que tiempo después iba a determinar que América fuera bautizada, precisamente, de ese modo. El relato decía que Vesputius (Vespucio, para nosotros) había realizado cuatro viajes entre 1497 y 1504; que en el primero había partido de Cádiz en mayo de 1497, viajado con rumbo a occidente hasta tocar tierra firme “en 16 grados de latitud norte y 90 grados de longitud oeste” y regresado a España el 15 de octubre de 1498.

Aquello significaba que el mundo estaba equivocado. Que la gloria del descubrimiento del Mundus Nuvus no correspondía al Almirante Colón (quien si bien divisó la isla de Guanahaní en octubre de 1492 no pisó tierra firme si no hasta mayo de 1498), sino a un desconocido que se le había adelantado por seis meses y que había comprendido, además, lo que escapara al ofuscado Almirante: que aquellas tierras no eran las Indias, sino un Nuevo Mundo.

Los historiadores no describen sino pálidamente lo que la carta de Vespucio provocó en las cortes europeas. En todo caso, en 1507, un año después de que Colón muriera vencido y humillado, el geógrafo alemán Martín Waldseemülleer público una Introducción a la Cosmografía en la que sugirió que, dado que la cuarta parte del mundo había sido descubierta por Américo Vespucio, “y puesto que Europa y Asia han recibido nombres femeninos, el nuevo continente bien podría llamarse América”.

El libro de Waldseemüller, que contenía la trascripción de las cartas de Vespucio se agotó rápidamente. Según algunos investigadores, incluso fue necesario imprimir dos ediciones en un mismo día.

“Apenas el público se enteró de la insinuación –cuenta el escritor austriaco Stefan Zweig-, la aceptó con entusiasmo. El nombre de América comenzó a figurar por todas partes, en todos los globos, las láminas de acero, los libros y las cartas…”.

Desde entonces, en los libros del siglo XVI, Américo Vespucio apareció como el verdadero descubridor del Nuevo Mundo, Colón, en cambio, como el hombre que solo había descubierto un signficante puñado de islas.

Las cosas recobraron su sitio mucho tiempo después, cuando el atroz redentor fray Bartolomé de las Casas supo que América no se llamaría Colombia.

Las casas, había llegado a las Indias en 1502 y vivido en ellas hasta 1547. Era probablemente el hombre que en el Nuevo Mundo más cosas sabía del cielo y la tierra. Entre ellas, que Colón había sido el primero en pisar el continente, por lo que los informes de Vespucio le parecieron un descarado intento por arrebatar el honor y la gloria que sólo le correspondían al Almirante. Lleno de cólera, inició una investigación que lo llevó a descubrir las cartas de Vespucio que estaban plagadas de inexactitudes: que no podía haber desembarcado “en 16 grados de latitud norte y 90 grados de longitud oeste”, como decía, estas coordenadas correspondían a una región apartada a la costa, en el interior de Honduras; que en Portugal no existían indicios de los viajes que Vespucio decía haber realizado al servicio del rey y que contra lo que falsamente afirmaba, no había desembarcado en el continente en 1497, si no hasta 1499, mucho tiempo después de que Colón desembarcara en Venezuela.

Las Casas descubrió algo peor: que en 1497, lejos de arriesgar la vida explorando los mares del Nuevo Mundo, Vespucio estaba cómodamente instalado, realizando negocios para una casa comercial de Sevilla y fraguando el alud de mentiras que en unos cuantos años lo habían llevado a la fama.

Las investigaciones de Las Casas volvieron a sacudir Europa. Vespucio, que había pasado a los libros como cartógrafo ilustre y navegante esforzado, se convirtió, durante el siglo siguiente, en una hiena de la gloria, el más vil de los usurpadores. En 1627, se sugirió, incluso, que su nombre fuera borrado de mapas, globos y libros.

En el siglo XVIII, sin embargo, un inesperado hallazgo provocó que las cosas volvieran a cambiar. Todo comenzó la tarde en la que el anticuario Francisco Bartolozzi halló accidentalmente tres cartas que Vespucio había dirigido a Lorenzo de Médicis. Aunque básicamente eran las mismas que aparecían en la Carta de Américo Vespucio poseían un carácter completamente distinto. Especialmente por que Vespucio no afirmaba haber realizado el viaje en 1497 sino en mayo de 1499 y sobre todo, porque en ellas no reclamaba para sí la gloria de ningún descubrimiento.

Con todo, la historia no término de escribirse si no hasta 1924, cuando un investigador italiano comprobó que tanto Mundus Nuvus como la Carta de Américo Vespucio “…no habían sido redactadas por este comerciante florentino, si no por una pareja de editores que no habían tenido empacho en desfigurar los textos originales para ofrecer al público un mixtum compositum de verdad y mentira y obtener ganancias espectaculares…”.

Américo Vespucio murió en 1512, sin saber que sus cartas iban a provocar dos siglos de disputas y confusiones. Sin saber que, involuntariamente, se había adueñado del continente que, cinco siglos después, todavía seguiría llevando su nombre.

 

Las Lecciones de Fidel

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Por Jose Ramon Gonzalez Chavez

El 25 de noviembre pasado, en un comunicado desprovisto de matices ideológicos, redactado casi como una esquela, el Presidente de Cuba Raúl Castro anunciaba oficialmente la muerte del líder histórico de la Revolución Cubana: Fidel Castro Ruz.

Nací en el tiempo en el que inició esa Revolución; mis primeros recuerdos están salpicados de frases, comentarios y hasta chistes de mis padres, tíos y sus amigos sobre Fidel y su circunstancia. Su talento político, su intransigencia y hasta fundamentalismo, el manejo de las coyunturas y hasta su suerte, me habían hecho sentir que Fidel era inmortal, así que al momento de escuchar la noticia de su deceso quedé pasmado, hasta cierto punto huérfano de esa parte de mi historia.

Luego, inspirado por el espíritu de Jano, ese dios griego que al mismo tiempo ve hacia el pasado y el futuro, me surgió la reflexión obligada de que con su partida terminaba una era y me sumergía en la incertidumbre hacia lo que vendrá, pero además me empujaba en obligada retrospectiva a los orígenes de todo aquello que motivó la Revolución Cubana y el reconocimiento, con un amargo sabor de boca, de todo aquello que después de todo este tiempo mantiene su vigencia en muchas partes: el empobrecimiento de la mayoría ante el enriquecimiento insultante de unos cuantos; el ensanchamiento de la brecha socioeconómica; la corrupción política y social; el abuso en el ejercicio del poder, la intromisión extranjera en los asuntos públicos y la concomitante imposición de decisiones y gobernantes, solo por mencionar algunos.

Quien piense que los mediados del siglo pasado eran mejores en términos de paz y tranquilidad que los tiempos actuales, se equivoca. Como buen sesentenial; nací en un mundo convulso, tanto o quizá más que el actual: en medio de la creación de la Comunidad Económica Europea; del lanzamiento en plena Guerra Fría del primer satélite soviético, el Sputnik y meses después del norteamericano Explorer1, con lo que daría inicio oficial a la extensión del conflicto hacia zona que desde entonces y hasta ahora tiene alta significación estratégica militar y de seguridad nacional e internacional; con la fundación en EUA de la NASA mientras el gobierno de ese país proseguía con sus cientos de ensayos nucleares en el pacífico, a lo que el Filósofo y humanista Bertrand Russel reaccionó con el inicio de la campaña mundial contra el desarme nuclear, que al final abonaría a la consolidación de la Doctrina Estrada; el Apartheid rampante en estados unidos provocaba la confrontación de grupos de raza negra defendiéndose de los embates del Ku Klux Klan; en Venezuela era derrocado el dictador Marcos Pérez; Siria y Egipto se unían para formar la República Árabe Unida y en respuesta Irak y Jordania proclamaban su propia federación; en España Franco promulgaba sus “Leyes Fundamentales del Reino” al tiempo que invadía Marruecos ante el surgimiento de grupos independentistas En Argentina, la lucha por el laicismo en la educación provocaba fuertes enfrentamientos entre policía y estudiantes, reaccionando tarde a lo que den México había detonado la creación de la UNAM, pero anticipándose a lo que 10 años después sucedería también en México y en muchas partes del planeta.

A todo este contexto se sumó el asalto al Cuartel Moncada y sus secuelas, evento que al inicio fue visto por muchos como un acto aislado de algunos revoltosos, pero que terminó por convertirse en el más grande desafío real que ha tenido el gobierno más representativo del capitalismo en el mundo, no solo en términos bélicos y geopolíticos ante el tenso entorno prevaleciente entonces, sino también en los aspectos económico e ideológico por implicar la confrontación de un modelo propio con el que desde nuestra frontera norte se pretendía imponer para la región. Un desafío que hacía ver que la autodeterminación, la dignidad y la soberanía de los pueblos eran posibles, Desde entonces, Cuba, Latinoamérica y el mundo no volvieron a ser los mismos.

Si hay algún ámbito donde la lucha dialéctica entre capitalismo y socialismo se han reflejado con mayor claridad –sin perjuicio de otros también dignos de resaltar- es en la confrontación entre dos derechos fundamentales: el de Libertad y el de Igualdad, pues en cada caso, en aras de darle viabilidad al propio modelo político – económico – Jurídico, uno se ha exaltado en detrimento del otro. Y en el afán por mantener, defender, imponer el modelo propio, también de un lado y otro se han impuesto decisiones, se han lesionado derechos, se ha trastocado la Paz, la convivencia pacífica, la libre determinación, la no agresión, todos ellos valores universales en la construcción de un entono sano en el que se desenvuelva la comunidad internacional.

Fidel y su pueblo han soportado el embate de 11 gobiernos norteamericanos, demócratas y republicanos, radicales y moderados. Fidel salió ileso de incontables intentos de asesinato provenientes de diversos autores. El peso de sus argumentos ha superado la guerra ideológica; el descrédito mediático; el desgaste que por fuerza acompaña el ejercicio del poder y del gobierno. En cuba no se le llora a Fidel, porque Fidel trascendió su esencia material y se volvió parte de su esencia. Quizá por eso sea el único estadista que después se 50 años en el poder se haya convertido en parte de la sangre y la tierra de la gran mayoría de los cubanos.

Cuba, junto con los países de la región latinoamericana, pasan por procesos internos de transición profunda, de revisión de principios, valores, modelos y expectativas, en un esfuerzo por esculpir sus nuevos rostros ante el futuro.

En política se es alguien, pero también se representa a alguien y a algo. El mundo, Latinoamérica y Cuba ya no fueron los mismos después de la segunda guerra, la posterior guerra fría, la revolución cubana, la crisis de misiles, la caída del muro, el fin y reinvención de la URSS. Tampoco lo serán tras la coyuntura formada por el arribo al poder de Trump y la muerte de Fidel Castro, parteaguas que sin duda marcará la historia de Estados Unidos, Cuba y Latinoamérica en los años por venir.

Fidel Castro, como cualquiera que se digne de tener la denominación de “hombre de Estado” es un personaje de luces, sombras y penumbras. Es en este sentido que puedo entender lo dicho por el Presidente Obama a la ocasión de la muerte de Castro: La historia será su mejor juez.

 

Sigmund Freud a 75 años de su muerte

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Sigmund Freud

(Biographia Brevis)

Por Jose Ramon Gonzalez

(Publicado el 24 de septiembre de 2014)

 

Sigismund Sholom Freud, Médico neurólogo, de origen judío, creador del psicoanálisis. Y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.

Nació, en Pribor, Morabia, (Actual República Checa) el 6 de mayo de 1856.

Hijo Mayor único varón, con 5 hermanas y dos hermanastros de un matrimonio anterior del padre.

Cuando tenía 3 años su familia se trasladó a Viena, en el afán de su padre de probar mejor suerte en su negocio de lanas en declive. A pesar de las carencias económicas de la familia, Sigismund tuvo una buena instrucción. A los 17 entró a la universidad de Viena a estudiar medicina en un abierto ambiente antisemita. Es entonces cuando cambia su nombre a Sigmund. Estudió en París con el neurólogo francés Jean Martin Charcot las aplicaciones de la hipnosis en el tratamiento de la histeria. De regreso a Viena, en 1880, conoce a Joseph Breuer quien sería su colaborador en el desarrollo del método catártico.

Junto con su amigo Eduard Silberstein aprendió el español de manera autodidacta y junto conél formó una fraternidad a la que denominaron “Academia Castellana” adoptando como pseudónimos los nombres de los perros protagonistas de la obra de Cervantes “El Coloquio de los perros”, él Cipióny Silberstein Berganza. Su correspondencia fue publicada en 1965.

Se graduó de médico en 1885. Fue pionero al proponer el uso terapéutico de la cocaína como estimulante y analgésico. Entre 1884 y 1887 escribió un buen número de artículos sobre las propiedades de dicha droga. En base a las experimentaciones que él mismo realizaba en el laboratorio de neuroanatomía del notable patólogo austríaco y especialista en histología Salomon Stricker, logró demostrar las propiedades dela cocaína como anestésico local.

En 1884 Freudpublicó su trabajo “Uber Coca” (Sobre la coca), al que sucedieron variosartículos más sobre el tema. Aplicando los resultados de Freud, pero sincitarlo, Carl Koller utilizó con gran éxito la cocaína en cirugía eintervenciones oftalmológicas, publicando al respecto y obteniendo por ello ungran reconocimiento científico.

Se ha podidodeterminar -tras la publicación de las cartas a su entonces prometida y luegoesposa, Martha Bernays- que Freud hizo un intento frustrado de curar concocaína a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, quien era adicto a la morfina,pero el tratamiento sólo agregó una nueva adicción y finalmente falleció. Se lecritica a Freud no haber admitido públicamente este fracaso, así como el hechode que su biógrafo y amigo Ernest Jones tampoco lo haya reportado. Es tambiénconocido que el propio Freud consumió cocaína por algún período de su vida,según se puede leer en la versión completa de su correspondencia con WilhelmFliess.

Su interés científico inicial como investigador se centró en el campo de la neurología,derivando progresivamente sus investigaciones hacia la vertiente psicológica delas afecciones mentales, de la que daría cuenta en su práctica privada.

En 1886, Freud se casó con Martha Bernays y abrió una clínica privada especializada en desórdenes nerviosos. Comenzó su práctica para tratar la histeria y la neurosis,utilizando la hipnosis y el método catártico que su colaborador Josef Breuer había aplicado con Bertha Pappenheim (Anna O.), obteniendo resultados que en aquel momento parecían sorprendentes, para posteriormente abandonar ambas técnicas en favor de la asociación libre, desarrollada por él entre los años 1895 y 1900, impulsado por las experiencias con sus pacientes histéricas. Freud notó que podía aliviar sus síntomas animándolas a que verbalizaran sin censura cualquier ocurrencia que pasara por su mente.

Paulatinamente,reemplazó tanto la sugestión hipnótica como el método catártico por la asociación libre y la interpretación de los sueños. De igual modo, la búsqueda inicial centrada en la rememoración de los traumas psicógenos como productores de síntomas, fue abriendo paso al desarrollo de una teoría etiológica de las neurosis más diferenciada. Todo esto se convirtió en el punto de partida del psicoanálisis, al que se dedicó ininterrumpidamente el resto de su vida.

En 1889 se publicó la que es considerada como su obra más importante e influyente, La Interpretación de los Sueños,inaugurando una nueva disciplina y modo de entender al hombre, el psicoanálisis.

Tras algunos años de aislamiento personal y profesional debido a la incomprensión e indignación que en general sus teorías e ideas provocaron, comenzó a formarse un grupo de adeptos en torno a él, el germen del futuro movimiento psicoanalítico. Sus ideas empezaron a interesar cada vez más al gran público yse fueron divulgando pese a la gran resistencia que suscitaban.

Asimismo, Freud postuló la existencia de una sexualidad infantil perversa polimorfa, tesis que causó una intensa polémica en la sociedad puritana de la Viena de principios del Siglo XX, por la cual fue acusado de pansexualista.

El primer reconocimiento oficial como creador del psicoanálisis fue en 1902 al recibir el nombramiento imperial como Profesor Extraordinario,hecho que Freud comentaría en una carta a Wilhelm Fliess fechada en Viena el 11de marzo de 1902, señalando sarcásticamente que esto era “…como si de pronto el papel de la sexualidad fuera reconocido oficialmente por su Majestad…”

Internacionalmente,sin embargo, el primer reconocimiento oficial de su trabajo ocurrió en 1909,cuando la Universidad de Clark, en Worcester Massachusetts, le concedió el doctorado Honoris Causa.

G. Stanley Hallinvitó a Freud a dar una serie de conferencias como parte de las celebraciones con motivo del vigésimo aniversario de la fundación de la universidad que presidía, con la intención de divulgar el psicoanálisis en los Estados Unidos.

Freudex perimentó la primera disensión interna a su doctrina en octubre de 1911 cuando Alfred Adler y seis de sus partidarios se dieron de baja de la Asociación Psicoanalítica Vienesa. Por esta época ya estaba en gestación la que en 1914 y con más graves consecuencias, protagonizaría Carl Gustav Jung, que amenazaría con desestabilizar todo el edificio psicoanalítico.

En 1923 le fue diagnosticado un cáncer de paladar, probablemente a consecuencia de su intensa adicción a los puros, por el cual fue operado hasta 33 veces. Su enfermedad,aparte de provocarle un gran sufrimiento, una gran incapacidad y una eventual sordera del oído derecho, lo obligó a usar una serie de incómodas prótesis de paladar que le dificultaron grandemente la capacidad del habla. Nunca dejó de fumar, con las consecuencias que esto le acarreó. A pesar de su enfermedad, Freud continuó trabajando como psicoanalista y, hasta el fin de su vida, no cesó de escribir y publicar un gran número de artículos, ensayos y libros.

El 28 de agosto de 1930 Freud fue galardonado con el Premio Goethe de la ciudad de Frankfurt del Meno por su actividad creativa.

Toda la vida de Freud, con la excepción de sus tres primeros años, transcurrió en la ciudad de Viena. Sin embargo, en 1938, tras la anexión de Austria por parte de la Alemania Nazi, Freud, en su condición de judío y fundador de la escuela psicoanalítica, fue considerado enemigo del Tercer Reich. Sus libros fueron quemados públicamente y tanto él como su familia sufrieron un intenso acoso.Reacio a abandonar Viena, se vio obligado a escapar del país al quedar claro que el peligro que corría su vida era inminente. En un allanamiento de la casa donde operaba la editorial psicoanalítica y de su vivienda, su hijo Martin fue detenido durante todo un día. Una semana más tarde, su hija Anna fue interrogada en el cuartel general de la Gestapo. Estos hechos lo llevaron a convencerse de la necesidad de partir.

El hecho que sus hermanas (cuatro de ellas permanecieron en Viena) fueran apresadas más tarde y murieran en campos de concentración, confirma a posteriori que el riesgo vital era completamente cierto.

Gracias a la intervención in extremis de Marie Bnaparte y Ernest Jones, consiguió salir del país y refugiarse en Londres. En el momento de partir, se le exigió que firmara una declaración donde se aseguraba que había sido tratado con respeto por el régimen Nazi. Freud consintió en firmarla, pero añadió el siguiente comentario sarcástico: “Recomiendo calurosamente la Gestapo a cualquiera”

El 23 de septiembre de 1939, muy deteriorado físicamente e incapaz de soportar el dolor que le producía la propagación del cáncer de paladar, le recordó a su médico personal, Max Schur, su promesa de sedación terminal, a fin de ahorrarle el sufrimiento agónico. Freud murió después de serle suministradas tres inyecciones de morfina. Fue incinerado en el crematorio laico de Goldens Green donde reposan sus cenizas junto a las de su esposa Martha.

A pesar de la hostilidad que tuvieron que afrontar sus revolucionarias teorías e hipótesis, Freud acabaría por convertirse en una de las figuras más influyentes del Siglo XX. Sus teorías, sin embargo, siguen siendo discutidas y criticadas, cuando no simplemente rechazadas. Muchos limitan su aporte al campo del pensamiento y de la cultura en general, existiendo un amplio debate acerca de si el psicoanálisis pertenece o no al ámbito de la ciencia.

La división de opiniones que la figura de Freud suscita podría resumirse del siguiente modo: por un lado, sus seguidores le consideran un gran científico en el campo de la medicina, que descubrió gran parte del funcionamiento psíquico humano; y por otro, sus críticos lo ven como un filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, pero cuyas teorías, como ciencia, fallan en un examen riguroso.

Un dato curioso es que también en su honor, se nombró Sigmund Freud a un pequeño cráter de impacto lunar que se encuentra en una meseta en el Oceanos Procellarum, en la parte noroeste del lado visible de la luna.

Requiem a un Muro *

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por Jose Ramon Gonzalez Chavez

* Texto elaborado en conmemoración del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín

 

También era un 9 de noviembre, pero de 1989,hace un cuarto de siglo…

Era un jueves y, como tal, fui a mis clases a la Sorbona, en Paris II, en la Facultad de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

Salí corriendo del Instituto Internacional de Administración Publica, donde tomada clases diario desde las 9 de la mañana. Ya eran 10 para las 4 hora a la que debía entrar a mi clase de Ciencia Administrativa, así que apenas tenía el tiempo preciso para anticiparme a la llegada de mi tutor, Roland Drago, hombre de porte y gesto adusto, acentuados por unos lentes de armazón gruesa y mucha graduación, a los que aderezaba un pelo cano y encrespado, que hablaba muy bien de su carácter, así que nadie -al menos, con toda seguridad, yo- tenía el menor interés de llegar tarde y solicitarle entrar al salón.

Salí corriendo del Instituto por la avenida Observatorio hacia la entrada principal del Jardín de Luxemburgo, que me quedaba en la esquina con la calle Augusto Compte. Aunque tuviera poco tiempo, lo prefería a irme por la calle Saint Michel, un trayecto comparativamente más aburrido que el de esta opción, que ofrecía siempre una bella vista frontal del palacio, que con cada estación cambiaba de ropaje. Era la mitad del otoño, así que empezada a hacer frío; las hojas secas de los árboles, que ahora tenían tonos rojos, ocres y amarillos, sonaban de un modo particularmente hermoso al ser movidas por el viento y caer al suelo, creando un tapiz multicolor y a la vez sonoro a cada pisada

Como siempre, al llegar hasta la plazoleta central del jardín, tomaba a la derecha para salir justo a la Rue Soufflot, cuyo recorrido me regalaba también una vista monumental y continua del Panthéon hasta la entrada de la escuela.

Subí a zancadas las amplias escaleras del ala sur del recinto que llevaban al salón y para mi fortuna llegue al mismo tiempo que mi tutor caminaba en sentido contrario por el pasillo. Entré atrás de él yme coloque en mi lugar de siempre al fondo pegado al ventanal, para tener la vista hermosa del Panthéon y ver el momento en que se iluminaba, al caer la tarde.

La clase transcurrió como cualquier otra. Para ese momento ya me había desecho del pesado fardo de tener que traducir todo,escuchaba la clase como si fuera en español, ayudado por la voz potente e impostada y la dicción especialmente clara y sin rastro alguno de acento (era de origen argelino) que correspondía a un profesor de la talla de Drago.

Salí de la escuela a las 8 de la noche. En estas épocas anochece temprano. Todo parecía ser un día normal. Ningún rasgo extraño en la cara de la gente, salvo el dejo nostálgico que trae el otoño. Pase a la óptica de la esquina de Soufflot y Rue de la Sorbonne por unas fotografías que había mandado revelar. Me detuvieron -como es recurrente en esa zona- unos turistas japoneses que en mal inglés y peor francés me preguntaban sobre la ubicación del Zig Zag, un Pub que se encuentra entre la Rue de Cannes y Lenneau, en pleno corazón del Cartier Latin. Estaba de humor y sin prisa, y como no entendían mi improvisado lenguaje de señas, mejor tome una hoja de mi libreta y les hice unmapa.

Caminé, como de costumbre, hacia la estación “Luxemburgo” del RER que tomaba hasta la estación “Cité Universitaire”. Nada parecía dar muestras de ser algún día especial, al contrario la sensación era más bien de rutina. Era el final de una hora “pico”, así que el metro venía algo cargado. A medios empellones entre al vagón y me ubiqué en el pasillo. Por ser zurdo me detenía de la abrazadera con mi mano izquierda y eso me permitió ver la edición vespertina de un diario, doblado bajo el brazo izquierdo del vecino a mi derecha, del cual surgían algunas palabras que aludían al muro de Berlín. No se podía leer bien de que se traba la nota, pero en una parada, desplegó el diario en la primera plana y entonces pude ver con toda claridad las 8 columnas: “Cayó el Muro de Berlín”.

Ya había pasado recientemente lo de la Plaza Tien An Men en Pekin; la actividad bélico geopolítica del dúo hiperdinámico Reagan-Thatcher era manifiesto; por su parte y en la misma tónica, el papa Juan Pablo II con el sindicato Solidaridad en Polonia y en otras naciones que poco tiempo después se identificarían mediáticamente como Los Países del Este; Gorbachev con su Cambio (Perestroika) y Transparencia (Glasnost) al interior dela todavía Unión Soviética y su relación con sus países aliados. Pero esto era realmente inusitado, sorprendente -lo comenté con el dueño del periódico- por lo que por décadas significó ese muro.

Cuando llegue a la “Casa de México” en la “Loge” (vestíbulo) todo era algarabía. Los estudiantes de derecho, política, administración pública, con ojos de plato comentaban, reían, dudaban… “Todos a Berlín!, Todos a Berlín!” comenzaban a gritar.

Prendí la tele y ahi pude ver imágenes de la Puerta de Brandemburgo. Llamaba fuertemente la atención que no había adultos ni viejos, que fueron quienes vivieron y sufrieron con mas intensidad las secuelas del muro. Solo jóvenes. Después nos enteramos que “para la foto” habían abierto una entrada y una salida angostas y que al pasar los alemanes orientales con su pasaporte recibían 100 dolares para gastar del otro lado; abarrotaban los Mc Donalds; las vinaterías; era la primera bacanal global…

La guerra fría y con ella el riesgo de la Guerra Total –al menos por ese momento- terminaba también. hubo quien hasta osó escribir sobre “El Fin de la Historia”. Pero el fin de la dialéctica capitalista-socialista anunciaba al mismo tiempo, aunque de manera tácita, el mundo unipolar, con sus nuevos evangelios y todos sus profetas y discípulos.

El Siglo XXI comenzaba realmente en 1989…

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