Jaime Torres Bodet: Una Semblanza para Conmemorar

JAIME TORRES BODET: UNA SEMBLANZA PARA CONMEMORAR

Por José Ramón González Chávez

Jaime Mario Torres Bodet. México 17 de abril de 1902; México 13 de mayo de 1974.

Diplomático, funcionario público, escritor, ensayista, poeta.

Hijo único de Alejandro Torres Girbent originario deBarcelona, España y de Emile Bodet, originaria de Francia, quienes emigraron yacasados, a la ciudad de México en 1895.

En 1917, concluyó su bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria, de la que posteriormente fue secretario, a los 18 años, bajo la dirección de Ezequiel A. Chávez.

Publicó su primer libro de poesías a los 16 años.

Estudió Derecho en la Facultad de Jurisprudencia y Filosofía y Letras en la de Altos Estudios, ambas en la UNAM.

En 1921, a los 19 años, fue secretario particular del rector de la misma universidad, José Vasconcelos.

Fue director del Departamento de Bibliotecas de la Secretaríade Educación Pública entre 1922 y 1924.

En 1925 fue secretario de Bernardo Gastélum, secretario de Salubridad y de 1925 a 1929, profesor de literatura francesa en la Escuela de Altos Estudios de la UNAM.

Las novelas y relatos de Torres Bodet —siete volúmenes publicados entre 1927 y 1941— pertenecen a la época de interés por por los nuevos rumbos de la prosa francesa y española. Desde la perspectiva actual, son obras sobre todo representativas de la búsqueda de una nueva sensibilidad y un nuevo estilo novelesco que se realizaba por aquellos años.

Junto con otros intelectuales, formó el grupo “Los Contemporáneos”. En sus ensayos y estudios de crítica literaria —publicados inicialmente y en su mayoría en la revista que dio nombre al grupo, y reunidos luego algunos de ellos en un solo volumen (1928)— Torres Bodet unía un conocimiento pleno y siempre renovado de letras antiguas y modernas a un espíritu alerta y a un estilo dúctil y de transparente riqueza. Su crítica rectificó, en su tiempo, el valor de algunos falsos brillos y contribuyó singularmente a la formación literaria de las nuevas generaciones.

En sus escritos relacionados con sus cargos públicos (discursos, mensajes) se encuentran páginas admirables—como la oración a la madre, el discurso académico sobre la responsabilidad del escritor y el pronunciado en la inauguración del Museo Nacional de Antropología, se avocan a elucidar los problemas de la cultura, la educación y la concordia internacional de México y el mundo.

A partir de 1929, estuvo dedicado al servicio exterior mexicano. Ese año aprobó el examen de oposición para ingresar a la carrera diplomática. Estuvo designado como segundo secretario en Madrid hasta 1931; en París entre 1931 y 1934; ese mismo año como secretario en La Haya y en Buenos Aires; entre 1937 y 1938 fue jefe del Departamento Diplomático de la Cancillería. Fue encargado de Negocios en Bruselas, de 1938 a 1940, donde lo sorprende la invasión nazi a Bélgica. A su regreso a México, de 1940 a 1943 fue subsecretario de Relaciones Exteriores.

En diciembre de 1943 fue nombrado Secretario de Educación Pública por el presidente Manuel Ávila Camacho. Inmediatamente inauguró y clausuró el Congreso de Unificación Magisterial del que surgió el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Reorganizó y dio nuevo impulso a la Campaña de alfabetización (en ese entonces, 47.8% de la población mayor de seis años no sabía leer ni escribir). Creó el Instituto de Capacitación del Magisterio en el que se preparaba a los profesores de primaria no titulados;organizó la Comisión Revisora de Planes y Programas, inició la Biblioteca Enciclopédica Popular que publicó más de cien títulos y dirigió el valioso compendio México y la Cultura (1946). Fundó el Comité de Administración del Programa Federal de Construcciones Escolares (CAPFCE) y construyó numerosas escuelas, entre las que destacan la Escuela Normal para Maestros, la Escuela Normal Superior, y el Conservatorio Nacional de Música. Modificó el texto del artículo tercero constitucional, que suprimió el concepto “socialista” a la educación, establecido durante el gobierno de Cárdenas.

Fue secretario de Relaciones Exteriores de 1946 a 1948 durante el gobierno del Presidente Miguel Alemán.

Fue el primer Director General de la UNESCO, de 1948 a 1952 yde 1954 a 1958 Embajador de México en Francia.

Su trabajo a favor de la alfabetización ha sido reconocido mundialmente, además de haber implementado la política de relaciones exteriores de México e influido en la de Latinoamérica durante los inicios de la Guerra Fría.

En 1944 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Nuevo México; en 1947 por la Universidad del Sur de California (USC); en 1951 por la UNAM; en 1963 por la Universidad Autónoma de Sinaloa, y también por las universidades de Burdeos, Bruselas, La Habana, Lima, Lyon, Mérida y París

En 1952 Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua comomiembro de número y tomó posesión de la silla XXI el 12 de junio de 1953.

El 6 de julio de 1953 ingreso como miembro de El Colegio Nacional.

Nuevamente fue Secretario de Educación Pública Durante el Gobierno del Presidente Adolfo López Mateos. Llevó a cabo el Plan de Once Años para la Extensión y el Mejoramiento de la Enseñanza Primaria para atender por completo la demanda real de educación primaria, que se propuso crear más de 50 mil nuevas plazas de profesor y construir cerca de 30 mil aulas. Fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y al entregar los primeros en 1960 mencionó:”Estos son un regalo del pueblo de México para el pueblo de México”.

Promovió la construcción del Museo Nacional de Antropología y del Museo de Arte Moderno; la organización y adaptación de los de Arte Virreinal y de Pintura Colonial. Impulsó la construcción de la unidad profesional de Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional, inaugurada en 1964, hoy conocida como unidad profesional Adolfo López Mateos. En homenaje póstumo, el auditorio de dicho plantel lleva su nombre.

Volvió a ser embajador en Francia de 1970 a 1971.

En 1966 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Literatura y Lingüística de México. En 1971 recibió la Medalla Belisario Dominguez del Senado de la República y muchos otros honores de instituciones nacionales y extranjeras.

Padeció de cáncer durante 16 años. Víctima de dolor, se quitó la vida en la sala de su casa el 13 de mayo de 1974. Se le rindió un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes y se encuentra sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en la ciudad de México.

José Vasconcelos ante la tumba de Benito Juárez

“ANTE LA TUMBA DE BENITO JUÁREZ”

por José Ramón González Chávez

A la memoria del más ilustre de los mexicanos (21/03/1806 – 18/07/1872)

Traigo a la memoria un discurso que con motivo del 47 aniversario luctuoso de Benito Juárez pronunciara José Vasconcelos, uno de los hombres más preclaros que ha tenido México a lo largo de su historia cultural y política.

Al igual que Juárez, Vasconcelos nació en Oaxaca, en febrero de 1882 y murió en la ciudad de México el 30 de junio de 1959. Durante su existencia, se distinguió de tal forma dentro del mundo del pensamiento continental, que su figura ha quedado ubicada para siempre entre la más selecta pléyade de intelectuales hispanoamericanos. Su labor reformadora en el ámbito educativo ha sido considerada por muchos como una de las obras más importantes de la Revolución Mexicana.

Pero antes de incurrir en tan memorable pieza oratoria, ubiquémonos históricamente en el marco histórico en el que fue pronunciada:

1912.- En México, plena guerra civil. El gobierno maderista se encuentra tambaleante. Hay una lucha abierta por el poder entre las diversas facciones políticas, al igual que abierta es la intervención política norteamericana a través de Henry Lane Wilson, embajador de esa nación ante la Mexicana.

Hacía menos de cuatro meses de la sublevación de Orozco, representante militar del plan de Chihuahua. El punto de atención de la contienda bélica intestina se centra en el norte de la República, especialmente en las cercanías de la frontera entre Chihuahua y EE.UU. Francisco Villa y Victoriano Huerta pelean juntos, formando un mismo frente, aunque es evidente la existencia de delicados puntos de fricción.

En la Capital del país, como premio por las derrotas propinadas a las tropas orozquistas, el después traidor Victoriano Huerta es nombrado por el Presidente Francisco I. Madero general en jefe del Ejército Federal.

De otra parte y por la misma razón, los reaccionarios dirigen su mirada hacia Félix Díaz, quien se preparara a encabezar la rebelión en Veracruz, que se efectuaría unos meses más tarde.

En la Ciudad de México, la contienda política es candente.

Inicia el proceso de establecimiento de las directrices del movimiento revolucionario.

Un gran número de miembros de la clase burguesa comienza a emigrar hacia Europa y Estados Unidos.

La medrosa clase media mantiene su indefinición política.

Es en este contexto histórico que llega el 18 de julio de 1919. En el panteón de San Fernando, ante el mausoleo de Juárez, un joven liberal que recién ha cumplido los treinta años, tras un atril, frente a un nutrido grupo de personas, dirige estas palabras:

“SER LIBERAL ES ESTAR PRONTO A REFORMAR Y A REFORMARSE”

Hoy han nacido el recuerdo y la ofrenda del alma misma del pueblo, y todos hemos ido con emoción reavivada a la tumba por donde otros años pasamos agobiados por la culpa de una conducta complaciente, indigna de nuestro antepasado, los firmes ciudadanos cuyo lema confirmado por su conducta se expresó en la máxima valiente de Ocampo: “Me quiebro pero no me doblo”.

El pueblo mexicano dolorido por la terrible lucha que apenas termina, se yergue sobre su dolor y redimido de toda ignominia celebra a su patricio magno con la frente ya altiva aunque sangrando, con el corazón firme no obstante la amargura y el luto, con la voluntad alerta después de la contienda y satisfecho porque ha sufrido males irreparables, pero no lleva en el espíritu la infamia de la sumisión.

Se acerca a la memoria del Benemérito, imaginando que quien tanto amó a su patria, aún vela sus destinos y las aspiraciones del alma popular, angustiosas y alegres como las voces del sacrificio fecundo, se vuelven al pasado con orgullo cantando la esperanza de una raza que ha sabido luchar por el bien y morir por la libertad.

Frente a los manes de los antepasados venerables corresponde hacer la estimación de nuestros progresos y el examen de nuestras faltas, por eso hoy que el pueblo, oprimido por el afán de renacer, vuelve a vosotros, padres de la Reforma, y os trae de nuevo su amor y gratitud.

Rotos los falsos ídolos, era preciso que os buscásemos a vosotros, los puros y abnegados: limpio abolengo que nos inyecta firmeza. El espíritu liberal que os animó resucita multiplicado: el ardor presente es el mismo que a vosotros os llevara al sacrificio y a la gloria…

Es liberal nuestra edad y nuestra generación pero también es preciso que ella sepa y lo sepamos nosotros mismos, que ser liberal no nos obliga a guardar respeto idolátrico por las fórmulas liberales o por los hombres que representan en nuestra historia el liberalismo, sino que al contrario, el liberal está siempre pronto a reformar y reformarse: porque es el progreso lo que constituye el liberalismo.

Nuestras instituciones liberales son intocables tan solo mientras no seamos capaces de producir algo mejor, pues no basta para resolver los problemas contemporáneos inspirarnos en el libro sagrado de nuestras leyes, sin tener presente las luces de nuestra edad y sus doctrinas fecundas.

Ninguna generación puede desprenderse de su derecho para hacer leyes, instituciones, moral, arte o genio, de acuerdo con su mayor saber, su mayor ambición o su mayor poder.

El alcance de las fuerzas humanas es ilimitado, porque cada generación tiende a hacerse autónoma, porque cada individuo está en lo justo si considera que su vida y su duda y su problema son únicos, y es él mismo, el obligado a aumentar esa vida y a resolver ese problema único.

Tal imperiosa resolución de desarrollar con independencia cada individuo, sociedad o generación, es lo que constituye el liberalismo. Cuidarte a ti mismo es su fórmula; deja que el destino realice entre todos sus milagros todas sus sorpresas; eres sustancia trabajada por las fuerzas divinas y aquel que se introduce entre el alma y su intuición, entre el hombre y su pensamiento, es sacrílego contra la obra misteriosa que se realiza instante tras instante por encima de los criterios humanos y del poder de las sociedades.

No digas buen apóstol “haz como yo” pero abre tu corazón, da tu experiencia, por si ella sirve para el caso semejante del hermano afligido, muestra el camino hallado, pero no lleves de la mano, educa al discípulo para que mire con sus ojos y camine con sus pies y encuentre su propia ruta. Hazlo andar, porque la libertad es únicamente un medio, indispensable sin duda, pero en sí estéril, un simple requisito para el desarrollo de la obra que es lo que importa verdaderamente es el individuo y en el pueblo.

No basta por eso que el pueblo grite por las calles el regocijo de su liberación, es preciso que dé valor a esa libertad, pues el hombre o la raza que no dan los frutos de su naturaleza, ni la merecen, ni la practican. La obligación de obrar es superior a la de ser libre, y debe ser nuestro estímulo constante.

Puede esta generación envanecerse con su herencia de Constitución y leyes que aseguran la independencia de las religiones y el Estado; mas solo merecerá apellidarse liberal, si en vez de hinchar su retórica en los comentarios y elogios del pasado, cumple los deberes del progreso del presente, subordina su legislación a lo vital y la transforma a igual paso que el progreso, pues no hay edad que no pueda y no deba hacer o reformar Constituciones, leyes o gobiernos, si con ello acelera la marcha demasiado lenta de la civilización.

Coloquémonos entre el pasado y el porvenir exigiendo, un alto, para nosotros, y así viviremos haciendo del pasado un inmenso pedestal y recibiendo en los oídos la música del porvenir pero con la cabeza y los brazos libres para labrar nuestra huella en los senderos del tiempo. He aquí por qué, generación, debes sentirte fuerte y autónoma, para que se realice tu quimera y llenes tu tiempo con los frutos de tu acción: para que tu esfuerzo se imponga al porvenir y te haga inmortal.

Fortificado con esta fe en la acción, vamos noble patricio a continuar las ceremonias en tu honor. Después de esta velada oficial, los liberales de hoy prenderán cerca de las tumbas del panteón histórico las luces que simbolizan el alma de los muertos. Serás ahí de nuevo recordado como en otros años con veneración siempre igual.

Permite que con los homenajes de ellos, los más afectuosos de cuantos recibas en este día, vaya también el centro de nuestro anhelo nuevo a buscar apoyo en ti, padre de firmezas y heroísmos. Permite que en tu tumba misma, entre las oraciones de tus fieles, encuentre confirmación y esperanza nuestro ideal de victoria.

Detenida en tu recuerdo medita esta noche la patria sus destinos. Llora el dolor de sus hijos huérfanos por la guerra civil; pero escucha el suave trinar de la resurrección prolongándose en la quietud hasta convertirse en canto triunfal de vida”.