Muere el escritor mexicano Carlos Fuentes, referente de la literatura en español del siglo XX

HOMENAJE AL ESCRITOR MEXICANO CARLOS FUENTES, REFERENTE DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

Por José Ramón González Chávez

He aqui una base para construir una biografía mas completa, capaz de reflejar aunque brevemente, todo su aporte a la Literatura y la Cultura de nuestro país y de latinoamérica.

En espera de sus comentarios, reflexiones, adiciones, reacciones, etc.

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Carlos Fuentes Macías

Es uno de los escritores más talentosos y representativos de las letras hispanas del Siglo XX.

De padres mexicanos, nació en Panamá el 11 de noviembre de 1928. Su padre era diplomático, razón por la que pasó su infancia en diversas capitales de América como Montevideo, Rio de Janeiro, Washington, D. C., Santiago de Chile (1940-44), Quito y Buenos Aires (1934). Pasa los veranos en la Ciudad de México, para no perder el idioma y para aprender su historia.

Llega a México en 1944, a los 16 años y entra a hacer la prepa en el Centro Universitario de México (CUM).

Se inicia como periodista colaborador de la revista Hoy y obtiene el primer lugar del concurso literario del Colegio Francés Morelos.

Se graduó como abogado en la UNAM y en Economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza.

Gran aficionado al cine, escribió guiones para numerosas películas, como Las dos Elenas, filme corto basado en su cuento homónimo y dirigida en 1964 por José Luis Ibáñez (director de otra cinta, Las dos cautivas, también basada en una historia de Fuentes); El gallo de oro (1964, junto con Gabriel García Márquez y el director de la película Roberto Gavaldón); Un alma pura (1965 Director Juan Ibáñez), Tiempo de morir (1966, junto con Gabriel García Márquez), Pedro Páramo (adaptación de la novela de Juan Rulfo, con Carlos Velo, director, y Manuel Barbachano Ponce, 1967); Con Sergio Olhovich filmó Muñeca Reina en 1972; Ignacio (también adaptado de un cuento de Juan Rulfo, 1975). y en 1988 Orlando Merino realizó el mediometraje Vieja Moralidad, filmes basados en relatos homónimos del libro de cuentos de Fuentes Cantar de Ciegos.

Es en esta época donde se conforma la corriente literaria denominada “El Boom Latinoamericano”, de la que forma parte junto con escritores como Octavio Paz, Julio Cortazar, Vargaz Llosa, García Marquez, Alejo Carpentier, que ofrecíó por primera ver en la historia una visión del mundo desde nuestra región.

Su novela La cabeza de la hidra fue llevada al cine en 1981 por el director mexicano Paul Leduc con el título de Complot Petróleo: Luis Puenzo filmó en 1989 Gringo Viejo. A principios de los 90 filmó la serie televisiva El espejo enterrado, basada en su libro homónimo y difundida en 1992 en conmemoración a los 500 años del descubrimiento de América

El profesor Lanin A. Gyurko, de la Universidad de Arizona, ha demostrado, en The Shattered Screen. Myth and Demythification in the Art of Carlos Fuentes and Billy Wilder (New Orleans: University Press of the South, 2009) y Magic Lens. The Transformation of the Visual Arts in the Narrative World of Carlos Fuentes (New Orleans: University Press of the South, 2010), la influencia de Carlos Fuentes sobre el cine norteamericano y la del cine sobre la obra literaria de este.

En 1972 fue elegido miembro de  El Colegio Nacional, siendo presentado por Octavio Paz.En 1975 es nombrado embajador de México en Francia. Durante su gestión, abre las puertas de la embajada a los refugiados políticos latinoamericanos y a la resistencia española. Actúa como delegado en la Conferencia sobre Ciencia y Desarrollo en Dubrovnik, Yugoslavia. Renuncia en 1977 en protesta contra el nombramiento del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz como primer embajador de México en España, después de la muerte de Francisco Franco.

Fue amigo personal de grandes exponentes del Arte y  la cultura, así como de hombres poderosos de la política y  la economía mundial, como Jaques Chirac, Bill Clinton, Felipe González, Alberto Cortina , Simón Pedro Barceló. Alabó la figura de Fidel Castro y le puso en algunas ocasiones reparos importantes. Elogió también la apertura de Raúl Castro.

Obra Literaria

Novelas

  • La región más transparente,Ed. FCE, México, 1958
  • Las buenas conciencias,Ed. FCE, México, 1959
  • La Muerte de Artemio Cruz, FCE, Colección Popular, México, 1962
  • Aura, Ediciones Era, México, 1962
  • Zona Sagrada, Siglo Veintiuno, México, 1967
  • Cambio de piel, J. Mortiz, México, 1967
  • Cumpleaños, J. Mortiz, México, 1969
  • Terra Nostra, J. Mortiz, México, 1975; Seix Barral, Biblioteca Breve 385, Barcelona, 1975
  • La cabeza de la hidra, Argos, Barcelona, 1978
  • Una familia lejana, Ediciones Era, México, 1980
  • Agua Quemada. Cuarteto Narrativo, FCE, México, 1983
  • Gringo Viejo, FCE, colección Tierra Firme, México, 1985
  • Cristóbal Nonato, FCE, colección Tierra Firme, México 1987
  • Constancia y otras novelas para vírgenes, FCE, colección Tierra Firme, México, 1990.
  • La campaña (1990); México: Santillana. (Alfaguara)(2002)
  • Los años con Laura Díaz (México, Alfaguara, 1999)
  • Instinto de Inez, Alfaguara, México, 2001
  • La silla del águila, Alfaguara, 2003
  • Todas las familias felices, Alfaguara, 2006
  • La voluntad y la fortuna, Alfaguara, México, 2008
  • Adán en Edén, Alfaguara, México, 2009
  • Vlad, Alfaguara, México, 2010[4]

Relatos y cuentos

  • Los Días Enmascarados, Ed. Novaro. Los Presentes, México, 1954.
  • Cantar de Ciegos, J. Mortiz, México, 1964 (Serie del volador).
  • Chac Mool y otros cuentos, Salvat Editores, Barcelona, 1973.
  • Agua quemada, México: CREA, 1983 (Biblioteca Joven; 4).
  • Dos educaciones, Mondadori España, Madrid, 1991
  • El naranjo, Alfaguara, 1994.
  • La frontera de cristal. Una novela en nueve cuentos (1995) 2. reimpr. Madrid: Santillana, 1996.
  • Inquieta compañía, Alfaguara, 2004.
  • Cuentos fantásticos, Alfaguara, 2007.
  • Cuentos naturales, Alfaguara, 2007.
  • Carolina Grau, Alfaguara, México, 2010

Ensayo

  • Magic Lens. The Transformation of the Visual Arts in the Narrative World of Carlos Fuentes, Lanin A Gyurko, University Press of the South, Nueva Orleáns, 2010
  • The Shattered Screen. Myth and Demythification in the Art of Carlos Fuentes and Billy Wilder, Lanin A Gyurko, University Press of the South, Nueva Orleáns, 2009
  • La nueva novela hispanoamericana, J. Mortiz, México, 1969 (colección Cuadernos de Joaquín Mortiz 4)
  • El mundo de José Luis Cuevas, Tudor Publishing Company, Nueva York, 1969
  • Casa con dos puertas, J. Mortiz, México, 1970
  • Tiempo mexicano, J. Mortiz, México, 1971 (colección Cuadernos de Joaquín Mortiz 11-12; recopilación de artículos publicados en periódicos
  • Cervantes o la crítica de la lectura, J. Mortiz, México, 1976 (colección Cuadernos de Joaquín Mortiz 42)
  • El Dragón y el Unicornio: La tensión del pensamiento entre las antiguas relaciones de sangre y las nuevas relaciones jurídico-estatales que surgieron con la civilización. Co-autoría conAlejandro Carrillo Castro (Cal y Arena 1980).
  • Valiente mundo nuevo. Épica, utopía y mito en la novela hispanoamericana, Mondadori España, Madrid, 1990
  • El espejo enterrado, FCE, colección Tierra Firme, México, 1992
  • Geografía de la novela, FCE, México, 1993.
  • Tres discursos para dos aldeas. FCE, Buenos Aires, 1993 (Colección Popular 489)
  • Nuevo tiempo mexicano, Aguilar, México, 1994
  • Retratos en el tiempo, con Carlos Fuentes Lemus, Alfaguara, México, 1998
  • Los cinco soles de México: memoria de un milenio, Seix Barral, Biblioteca Breve, Barcelona, 2000.
  • En esto creo, Seix Barral, Barcelona, 2002
  • Contra Bush, Aguilar, México, 2004
  • Los 68, Grijalbo, México, 2005
  • La gran novela latinoamericana, Alfaguara, Madrid, 2011

Teatro

  • Todos los gatos son pardos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1970
  • El tuerto es rey J. Mortiz, México, 1970 (Teatro del volador)
  • Los reinos originarios, Seix Barral, Barcelona, 1971
  • Orquídeas a la luz de la luna. Comedia mexicana, Seix Barral, Biblioteca Breve 494, Barcelona, 1982
  • Ceremonias del alba, Mondadori España, Madrid, 1991. Rescritura hecha por Fuentes en 1990 de Todos los gatos son pardos; en esta restructuración, introdujo nuevos personajes y situaciones

Libretos de ópera

  • Santa Anna, libreto para la ópera homónima sobre el político y militar mexicano, del compositor cubano José María Vitier.

Premios y reconocimientos

  • 1972, miembro de El Colegio Nacional.
  • 1972, Premio Mazatlan de Literatura, por Tiempo mexicano. Fuentes rechazó el galardón en protesta por la política del gobierno de Sinaloa contra el movimiento estudiantil en la Universidad de ese Estado[5]
  • 1976. Premio Javier Villaurrutia por Terra Nostra[6]
  • 1977, Premio Rómulo Gallegos, por Terra Nostra.
  • 1979, Premio Internacional Alfonso Reyes
  • 1984, Premio Nacional de Literatura de México
  • 1987, Premio Cervantes
  • 1992, Legión de Honor
  • 1992, Premio Internacional Menéndez Pelayo
  • 1994, Premio Grizane Cavour
  • 1994, Premio Príncipe de Asturias
  • 1994, Medalla Picasoo de la Unesco
  • 2000, Doctorado honoris causa, por la Universidad Veracruzana
  • 2000 Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Sinaloa
  • 2001 Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua
  • 2004, Premio Real Academia Española de Creación Literaria, por En Esto Creo
  • 2008 Premio Internacional Don Quijote de la Mancha.
  • 2009, docotrado Honoris Causa por la Universidad de Quintana Roo
  • 2009, Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica
  • 2009, Premio González Ruano de Periodismo, otorgado por la Fundación MAPFRE, por el artículo El Yucatán de Hernán Zavala.
  • 2009, Doctorado Honoris Causa, en la Universidad de Veracruz
  • 2009, Homenaje Nacional
  • 2010, Doctorado Honoris Causa, por la Universidad de Puerto Rico
  • 2011, Premio Fomentor de las Letras en reconocimiento a toda su obra
  • 2011, Doctorado Honoris Causa por la Universidad Michel de Montaigne

Murió el día de hoy de una afección cardiaca, en la ciudad de México, el 15 de mayo de 2012.

“Yo Acuso” de Emile Zolá: un paradigma en la lucha contra la injusticia

Por José Ramón González Chávez

Hablando sobre jóvenes y justicia, les presento un documento que integra el famoso texto “Yo acuso” de Emile Zolá, que le costara materialmente la vida, pero que a cambio cerrara con broche de oro su paso a la inmortalidad.

La materia del texto es el caso Dreyfus, que le mostró a la humanidad como el no reconocimiento de un error de impartición de injusticia por parte del poder público, no genera más que una injusticia mayor, entre otros monstruos.

El texto está compuesto de distintas cartas y escritos, entre los que se encuentra este que aquí les público, denominado “Carta a los Jóvenes” de cuya lectura se descubren pasajes de sorprendente actualidad. Espero que sea de su interes. Saludos.

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Nota sobre el caso Dreyfus

En 1894, los servicios de contraespionaje (Service de Renseignements) del Ministerio de la Guerra francés interceptan un documento dirigido al agregado militar alemán en París, Schwartzkoppen, en el que se menciona en nota manuscrita el anuncio del envío de informaciones concretas sobre las características del nuevo material de artillería francés. El riesgo de escándalo es más preocupante que la propia filtración; había, pues, que encontrar a un culpable. Basándose en el escrito, los expertos comparan letras de los oficiales del Estado Mayor y concluyen que el capitán Alfred Dreyfus, de treinta y cinco años, judío y alsaciano, es su autor. El 15 de octubre de ese año Dreyfus es arrestado, juzgado por un consejo de guerra y declarado culpable de alta traición.

Pese a las declaraciones de inocencia del acusado (declaraciones que no se hacen públicas), se condena a Dreyfus a la degradación militar (enero de 1895) y a cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo, en la Guayana francesa. Durante el juicio, el general Mercier, ministro de la Guerra, expresa sus convicciones a la prensa y comunica al tribunal que existen pruebas «abrumadoras» de la culpabilidad de Dreyfus, pruebas que no puede mostrar porque pondrían en peligro la seguridad de la nación. Hasta ese momento, nadie duda de la existencia de dichas pruebas. Únicamente la familia de Dreyfus, convencida de su inocencia, habla de error judicial y busca apoyos entre los politicos y la prensa para conseguir la revision del juicio.

En marzo de 1896, el nuevo responsable del Service de Renseignements, el coronel Picquart, descubre un telegrama dirigido por el agregado militar alemán Schwartzkoppen a un oficial francés de origen húngaro, el comandante Esterhazy; el telegrama no deja dudas de que este ultimo es el informador de Schwartzkoppen en el Estado Mayor francés. La letra de Esterhazy, que se parece a la de Dreyfus, es, sorprendentemente, muy similar a la del famoso escrito. Picquart informa a sus superiores y expresa su convicción de que fue un error atribuir el escrito a Dreyfus. El Estado Mayor destina a Picquart a la frontera del este y, posteriormente, a Túnez. Los tribunales militares, dominados por camarillas de extrema derecha y antisemitas, se niegan a revisar el caso Dreyfus y tratan de sofocar el escándalo, pero no logran evitar que algunos rumores alerten a personalidades de la izquierda.

En 1897 -con la ayuda del periodista Bernard Lazare, del senador Scheurer-Kestner y del diputado Joseph Reinach-, Mathieu Dreyfus, hermano de Alfred, promueve una campaña en Le Figaro para exigir que se investigue a Esterhazy y se revise el juicio de 1894. La extrema derecha reacciona de inmediato. Indignado, Émile Zola, próximo a la izquierda radical y a grupos socialistas, entra en liza. La campaña de Le Figaro rompe la conspiración de silencio.

En diciembre de 1897, Esterhazy, cuya letra es idéntica a la de los facsímiles del escrito que la prensa ha reproducido, es inculpado y comparece ante un tribunal militar; contra todo pronóstico, los jueces lo absuelven en enero de 1898, al tiempo que el presidente del Consejo de Ministros, Méline, rechaza la revision del caso Dreyfus: «El caso Dreyfus no existe». Zola, consciente de los riesgos que corre, plantea la cuestión ante la opinion pública en su célebre carta al presidente de la República, titulada «Yo acuso» y publicada el 13 de enero en L’Aurore. Ese mismo día, la policía detiene al teniente coronel Picquart. La polémica enardece al país y se desencadenan las hostilidades entre la derecha militarista y la izquierda socialista o radical, entre las corrientes nacionalistas antisemitas y los defensores del Derecho, entre el integrismo católico y los adalides del libre pensamiento. Llueven insultos y críticas sobre Zola. En estas circunstancias, aparece, ya en su sentido moderno, la expresión «los intelectuales», que emplearon los antidreyfusards (Barrès, Drumont, Leon Daudet, Pierre Loti, Jules Verne…) contra los dreyfusards (Zola, Gide, Proust, Péguy, Mirbeau, Anatole France, Jarry, Claude Monet…).

Del 7 al 23 de febrero de 1898, Zolá, amenazado de muerte por los grupos de extrema derecha, comparece ante un tribunal, acusado de difamar a los oficiales y personalidades que había denunciado en su «Yo acuso». Se le declara culpable y se le condena a un año de cárcel, a pagar tres mil francos de multa y se le despoja de la Legión de Honor. Tras recurrir la sentencia, el tribunal de instancia vuelve a condenarle, esta vez, sin embargo, en rebeldía, pues Zola, temiendo por su vida, se ha exiliado en Inglaterra. Semanas después de este segundo juicio, se confirma que el documento que se utilizó para comprometer a Dreyfus en el juicio de 1894 era falso; lo había confeccionado un oficial del Service de Renseignements, el coronel Henry, quien confiesa su culpabilidad el 30 de agosto y el 31 se suicida en la cárcel. El Tribunal Supremo, que había empezado a revisar el expediente Dreyfus en junio, ordenó la revisión del caso.

Zola, pese a la confirmación de la sentencia condenatoria, regresa de su exilio en junio de 1899; el Gobierno renuncia a tomar medidas contra él. Entre agosto y septiembre de ese año, Dreyfus, trasladado a Francia, se somete a un segundo juicio y de nuevo le condenan los tribunales militares, que no acceden a reconocer el error judicial que se cometió en 1894; el 19 de septiembre, el presidente de la República, Loubet, indulta a Dreyfus. Puesto en libertad, gran parte de la opinión pública considera que debe, además, reconocerse su inocencia. Hasta el 12 de julio de 1906 no obtendrá Dreyfus la rehabilitación en el ejército. Cuatro años antes, la noche del 28 al 29 de septiembre de 1902, de regreso a París tras sus vacaciones en Médan, Emilio Zola muere asfixiado en su casa, debido a las exhalaciones de una chimenea. Desde 1898, Zola había recibido numerosas amenazas de muerte, pero este «caso» nunca llegó a esclarecerse. Dreyfus, por su parte, falleció en 1935 ocupando un alto cargo oficial. Quedaron dudas sobre su inocencia hasta la publicación de los Carnets de Schwartzkoppen en 1930: Dreyfus inocente, Esterhazy culpable.

CARTA A LA JUVENTUD

Emile Zolá

(Este texto apareció publicado como folleto y se puso a la venta el 14 de diciembre de 1897)

Como no encontré ningún periódico dispuesto a aceptar mis artículos, y además deseaba sentirme del todo libre, proyecté continuar mi campaña mediante una serie de folletos. Primero quise lanzarlos un día fijo, con regularidad, uno por semana. Después preferí controlar las fechas de publicación, de modo que pudiese elegir el momento a intervenir según los temas y sólo los días que me parecieran útiles.

¿Adónde vais, jóvenes, adónde vais, estudiantes que corréis en grupos por las calles, manifestándoos en nombre de vuestras iras y de vuestros entusiasmos, sintiendo la necesidad irresistible de lanzar públicamente el grito de vuestras conciencias indignadas?

¿Vais a protestar contra algún abuso del poder, han ofendido vuestro anhelo de verdad y equidad, ardiente aún en vuestras almas jóvenes, almas que ignoran los arreglos políticos y las cobardías cotidianas de la vida?

¿Vais a reparar una injusticia social, vais a poner la protesta de vuestra juventud vibrante en la balanza desigual donde, con tanta falsedad, se pesa el sino de los afortunados y de los desheredados de este mundo?

¿Vais, para defender la tolerancia y la independencia de la raza humana, a silbar a algún sectario de la inteligencia, de estrecha mollera, que ha pretendido conducir vuestras mentes liberadas hacia el antiguo error proclamando la bancarrota de la ciencia?

¿Vais a gritar, al pie de la ventana de algún personaje esquivo a hipócrita, vuestra fe inquebrantable en el porvenir, en ese siglo venidero que representáis y que ha de traer la paz al mundo en nombre de la justicia y del amor?

«¡No, no! ¡Vamos a abuchear a un hombre, a un anciano que, tras una larga vida de trabajo y de lealtad, imaginó que podía sostener impunemente una causa generosa, que podía querer que se hiciera la luz y se reparara un error, por el mismo honor de la patria francesa!»

¡Ah!, cuando yo era joven, vi cómo se estremecía el Barrio Latino con las orgullosas pasiones de la juventud, el amor a la libertad, el odio a la fuerza brutal que aplasta cerebros y oprime almas. Lo vi, bajo el Imperio, entregado de lleno a su esforzada labor de oposición, a veces incluso injusto, pero siempre por un exceso de amor a la libre emancipación humana. Silbaba a los autores gratos a las Tullerías, se ensañaba con los profesores cuyas enseñanzas le parecían sospechosas, se alzaba contra cualquiera que se declarase en favor de las tinieblas y de la tiranía. En él ardía el fuego sagrado de la hermosa locura de los veinte años, cuando todas las esperanzas son realidades, cuando el mañana aparece como el triunfo indudable de la Ciudad perfecta.

Y si nos remontáramos más atrás en esta historia de las nobles pasiones que han alzado a la juventud de las universidades, veríamos a ésta siempre indignada ante la injusticia, estremecida y sublevada a favor de los humildes, de los abandonados, de los perseguidos, contra los crueles y los poderosos. Se ha manifestado en favor de los pueblos oprimidos, ha abrazado la causa de Polonia, de Grecia, se ha erigido en defensora de cuantos sufrían, de cuantos agonizaban bajo la brutalidad de una masa o de un déspota. Si corría la voz de que el Barrio Latino estaba en ascuas, no había duda de que detrás ardía una llama de justicia juvenil, ajena a precauciones, que acometía con entusiasmo obras dictadas por el corazón. ¡Y qué espontaneidad entonces, qué torrente desbordado corría por las calles!

Ya sé que hoy el pretexto sigue siendo la patria amenazada, Francia entregada al enemigo vencedor por una pandilla de traidores. Yo sólo le pregunto al país dónde podremos encontrar la clara intuición de las cosas, la sensación instintiva de lo que es verdad, de lo que es justo, como no sea en esas almas nuevas, en esos jóvenes que nacen a la vida pública y a quienes nada debería ofuscar su razón recta y buena. Que los políticos deteriorados por años de intriga, que los periodistas desequilibrados por todas las componendas de su oficio puedan aceptar las mentiras más impúdicas, puedan hacer la vista gorda ante abrumadoras evidencias, es explicable, comprensible. Pero ¿la juventud? Muy gangrenada ha de estar para que su pureza, su candor natural no se reconozca a simple vista en medio de los inaceptables errores y no se enfrente directamente a lo que es evidente, a lo que está claro, luminoso como la luz del día.

La historia es sencilla. Han condenado a un oficial y a nadie se le ocurre sospechar de la buena fe de sus jueces. Lo han castigado siguiendo el dictado de sus conciencias, basándose en pruebas que creyeron veraces. Después, un día, sucede que un hombre, que varios hombres, tienen dudas y acaban por convencerse de que una de las pruebas, la más importante, la única al menos en la que se apoyaron públicamente los jueces, ha sido atribuida erróneamente al condenado, y que no cabe duda de que esa prueba procede de la mano de otro. Y lo dicen, y ese otro es denunciado por el hermano del preso, cuyo estricto deber era hacerlo; y así, a la fuerza, empieza un nuevo juicio que, si resultase en una condena, conllevaría la revision del primer caso.

¿No es todo esto perfectamente diáfano, justo y razonable? ¿Dónde ven la maquinación, el perverso complot para salvar a un traidor? Simplemente deseamos, ¿quién lo niega?, que el traidor sea un culpable y no un inocente que expía el crimen. Ya lo tendréis a vuestro traidor; la cuestión está en que os den el auténtico.

¿No debería bastar un mínimo de sentido común? ¿A qué móvil obedecerían, así pues, los hombres que persiguen la revisión del caso? Descartad el antisemitismo estúpido, cuya cruel monomanía no ve en eso más que un complot judío, el oro judío, que trata de sustituir en el calabozo a un judío por un cristiano. No existe base alguna, las inverosimilitudes y las imposibilidades se derrumban unas tras otras, ni todo el oro del mundo podría comprar ciertas conciencias. Y hay que llegar a la realidad, que es la expansión natural, lenta, invencible de todo error judicial. La historia es eso. Un error judicial es una fuerza que avanza: unos hombres con conciencia se ven sometidos, asediados, se entregan con creciente obstinación, arriesgan su fortuna y su vida para que se haga justicia. Y no hay otra explicación posible a lo que hoy está pasando; el resto se limita a abominables pasiones políticas y religiosas, al torrente desbordado de calumnias a injurias.

Pero ¿qué excusa tendría la juventud si sus ideas de humanidad y de justicia se hubieran debilitado por un instante? En la sesión del 4 de diciembre, una Cámara francesa se cubrió de oprobio al votar una orden del día «que condena a los instigadores de la odiosa campaña perturbadora de la conciencia pública». Lo digo en voz alta, con vistas al futuro que, espero, ha de leerme: un votación como ésa es indigna de nuestro generoso país, y quedará como una mancha imborrable. Los «instigadores» son los hombres con conciencia y con valentía que, seguros de un error judicial, lo han denunciado para que se repare, en la convicción patriótica de que una gran nación donde un inocente agoniza entre torturas sería una nación condenada. La «odiosa campaña» es el grito de la verdad, el grito de la justicia emitido por esos hombres, es el empeño con que desean que Francia siga siendo, ante los pueblos que la contemplan, la Francia humana, la Francia que ha logrado la libertad y que impartirá la justicia. Y, ya lo veis, seguramente la Cámara ha cometido un crimen, porque ha corrompido incluso a la juventud de nuestras universidades, y ésta, engañada, extraviada, desbocada por nuestras calles, se manifiesta, cosa aún nunca vista, en contra de lo más orgulloso, de lo más valiente, de lo más divino que pueda tener el alma humana.

Después de la sesión del Senado del día 7, la gente habló de hundimiento refiriéndose a Monsieur Scheurer-Kestner. ¡Oh, sí, qué hundimiento en su corazón, en su alma! Imagino su angustia, su tormento al ver cómo se desploma a su alrededor cuanto ha amado de nuestra República, cuanto ha ayudado a conquistar para ella en la gran lucha que ha sido su vida: la libertad, primero, y después las viriles virtudes de la lealtad, de la franqueza y del valor cívico.

Es uno de los últimos que quedan de su preclara generación. Bajo el Imperio, supo lo que era un pueblo sometido a la autoridad de uno solo, y se consumía de fiebre y de impaciencia, la boca brutalmente amordazada, ante las injusticias. Con el corazón desgarrado, vio nuestras derrotas, conoció las causas, todas originadas por la ceguera y la imbecilidad despóticas. Más adelante, fue de los que con mayor inteligencia y ardor trabajaron para levantar el país de sus escombros, para devolverle su lugar en Europa.

Procede de los tiempos heroicos de nuestra Francia republicana, a imagino que debía de considerarse autor de una obra buena y sólida: el despotismo expulsado para siempre, la libertad conquistada, me refiero a esa libertad humana que permite que cada conciencia ejercite su deber en medio de la tolerancia de las demás opiniones.

¡Sí! Todo pudo conquistarse, pero todo vuelve a estar por los suelos una vez más. En torno a él, dentro de él, no hay más que ruinas. Haber sucumbido al anhelo de verdad es un crimen. Haber exigido justicia es un crimen. Retornó el horrible despotismo, la mordaza más dura acalla otra vez las bocas. Quien aplasta la conciencia pública no es ya la bota de un César, sino toda una Cámara que condena a quienes se enardecen por el deseo de lo justo. ¡Prohibido hablar! Los puños machacan los labios de quienes han de defender la verdad, se amotina a las masas para que reduzcan al silencio a los aislados.

Nunca se había organizado una opresión tan monstruosa y dirigida contra la libre discusión. Y reina el más vergonzoso terror, los más valientes se vuelven cobardes, nadie se atreve ya a decir lo que piensa por miedo a que le denuncien acusándole de vendido y traidor. Los escasos periódicos que conservan cierta honestidad se humillan ante sus lectores, quienes se han vuelto locos con tantos chismes estúpidos. Ningún pueblo, creo yo, ha pasado por un momento más confuso, más absurdo, más angustioso para su razón y su dignidad.

Por lo tanto, es cierto, todo el leal y prestigioso pasado de Monsieur Scheurer-Kestner ha debido de hundirse. Si todavía cree en la bondad y en la equidad de los hombres, es que posee un sólido optimismo. Lleva tres semanas viendo cómo le arrastran por el fango porque ha puesto en juego el honor y la alegría de su vejez, porque quiso ser justo. No existe aflicción más dolorosa para un hombre honrado que sufrir martirio a causa de su honradez. Es asesinar en ese hombre su fe en el mañana, envenenarle la esperanza; y si muere dirá: «¡Se acabó, ya no queda nada, todo lo bueno que hice se va conmigo, la virtud solo es una palabra, el mundo es sólo tinieblas y vacío!».

Y para vilipendiar al patriotismo, se ha elegido a ese hombre que es el último representante de Alsacia-Lorena en nuestras Asambleas. ¡Un vendido, él, un traidor, un ofensor del ejército, cuando la simple mención de su nombre debería bastar para tranquilizar las más sombrías inquietudes! No cabe duda de que cometió la ingenuidad de creer que su calidad de alsaciano y su fama de ardiente patriota le valdrían como garantía de su buena fe en sus delicadas funciones de justiciero. Que se ocupase de este caso, ¿no venía a significar que una pronta conclusión le parecía necesaria para el honor del ejército, para el honor de la patria? Dejad que el caso siga arrastrándose más semanas, intentad sofocar la verdad, impedid que se haga justicia y veréis cómo nos habréis convertido en el hazmerreír de toda Europa, cómo habréis situado a Francia a la cola de las naciones.

¡No, no! ¡Las estúpidas pasiones políticas y religiosas no quieren comprender nada, y la juventud de nuestras universidades ofrece al mundo el espectáculo de ir a abuchear a Monsieur Scheurer-Kestner, el traidor, el vendido que insulta el ejército y que compromete a la patria!

Ya sé que el grupo de jóvenes que se manifiesta no representa a toda la juventud y que un centenar de alborotadores por la calle causan más ruido que diez mil trabajadores que se quedan en su casa. Pero cien alborotadores son ya demasiados, y ¡qué desalentador es el síntoma de que ese movimiento, por reducido que sea, se produzca hoy en el Barrio Latino!

Antisemitas jóvenes. ¿Existen, pues, esas cosas? ¿Hay cerebros nuevos, almas nuevas desequilibradas por ese veneno idiota? ¡Qué triste, qué inquietante para el siglo XX que va a iniciarse! Cien años después de la Declaración de los Derechos del Hombre, cien años después del acto supremo de tolerancia y emancipación, volvemos a las guerras de religión, al más odioso y necio de los fantasmas. Eso es comprensible en algunos hombres que desempeñan su papel, que tienen que mantener una actitud y satisfacer una ambición voraz. Pero ¡en los jóvenes, en los que nacen y ayudan a que se desarrollen y expandan todos los derechos y libertades que habíamos soñado ver surgir, fulgurantes, en el próximo siglo! Eran los trabajadores que esperábamos y, en cambio, se declaran ya antisemitas, o sea, que comenzarán el siglo exterminando a todos los judíos porque son ciudadanos de otra raza y de otra fe. ¡Buen principio para la Ciudad de nuestros sueños, la Ciudad de la igualdad y la fraternidad! Si la juventud llegara de veras a ese extremo, sería para echarse a llorar, para negar toda esperanza y toda felicidad humanas. ¡Oh juventud, juventud! Te to ruego, piensa en la gran labor que te espera. Eres la futura obrera, tú pondrás los cimientos de este siglo cercano que, estamos profundamente convencidos, resolverá los problemas de verdad y de equidad planteados por el siglo que termina. Nosotros, los viejos, los mayores, te dejamos el formidable cúmulo de nuestras investigaciones, tal vez muchas contradicciones y oscuridades, pero ciertamente también te dejamos el esfuerzo más apasionado que nunca siglo alguno haya realizado en pos de la luz, los más honestos y más sólidos documentos, los fundamentos mismos de este vasto edificio de la ciencia que tienes que seguir construyendo en pro de tu honor y tu felicidad. Y sólo te pedimos que seas más generosa aún que nosotros, más abierta de espíritu, que nos superes con tu amor a una existencia pacífica, dedicando tu esfuerzo al trabajo, esa fecundidad de los hombres y de la tierra que por fin sabrá lograr que brote la desbordante cosecha de alegría bajo el resplandeciente sol. Nosotros te cederemos fraternalmente el puesto, satisfechos de desaparecer y descansar de nuestra parte de labor en el sueño gozoso de la muerte, si sabemos que tú continuarás y harás realidad nuestros sueños.

¡Juventud, juventud! Acuérdate de lo que sufrieron tus padres, y de las batallas terribles que tuvieron que vencer, para conquistar la libertad de que gozas ahora. Si te sientes independiente, si puedes ir y venir a voluntad o decir en la prensa lo que piensas, o tener una opinión y expresarla públicamente, es porque tus padres contribuyeron a ello con su inteligencia y su sangre. No has nacido bajo la tiranía, ignoras lo que es despertarse cada mañana con la bota de un amo sobre el pecho, no has combatido para escapar al sable del dictador, a la ley falaz del mal juez. Agradéceselo a tus padres y no cometas el crimen de aclamar la mentira, de alinearte junto a la fuerza brutal, junto a la intolerancia de los fanáticos y la voracidad de los ambiciosos. La dictadura ha tocado a su fin.

¡Juventud, juventud! Mantente siempre cerca de la justicia. Si la idea de justicia se oscureciera en ti, caerías en todos los peligros. No me refiero a la justicia de nuestros Códigos, que no es sino la garantía de los lazos sociales. Por supuesto, hay que respetarla; sin embargo, existe una noción más elevada de justicia, la que establece como principio que todo juicio de los hombres es falible y la que admite la posible inocencia de un condenado sin por ello insultar a los jueces. ¿No ha ocurrido ahora algo que por fuerza ha de indignar tu encendida pasión por el Derecho? ¿Quién se alzará para exigir que se haga justicia sino tú, que no estás mezclada en nuestras luchas de intereses ni de personas, que no te has aventurado ni comprometido en ninguna situación sospechosa, que puedes hablar en voz alta, con toda honestidad y buena fe?

¡Juventud, juventud! Sé humana, sé generosa. Aunque nos equivoquemos, permanece a nuestro lado cuando decimos que un inocente sufre una pena atroz y que se nos parte de angustia nuestro corazón sublevado. Basta admitir por un instante el posible error frente a un castigo tan desmesurado para que se encoja el corazón y broten lágrimas de los ojos. Cierto, los carceleros son insensibles, pero tú, ¡tú que aún lloras, tú, afectada ante cualquier miseria, cualquier piedad! ¿Por qué no realizas este sueño caballeresco de defender su causa y liberar al mártir que en algún lugar sucumbe al odio? ¿Quién sino tú intentará la sublime aventura, se lanzará a defender una causa peligrosa y soberbia, se enfrentará a un pueblo en nombre de la justicia ideal? ¿No te avergüenza que sean unos viejos, unos mayores, los que se apasionen, los que cumplan tu tarea de generosa locura?

«¿Adónde vais, jóvenes, adónde vais, estudiantes que corréis por la calle manifestándoos, enarbolando en medio de nuestras discordias el valor y la esperanza de vuestros veinte años?»

«¡Vamos a luchar por la humanidad, la verdad, la justicia!»

Y de Miguelón quién se acuerda?

Una breve semblanza para conmemorar los 400 años de la muerte del Gigante de Lepanto

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MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547 – Madrid, 22 de abril de 1616), soldado, novelista, poeta y dramaturgo, denominado “El Príncipe de los Ingenios”, El Manco de “Lepanto” considerado una de las máximas figuras de la literatura española y autor de la obra monumental Don Quijote de la Mancha, considerada como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal, además de ser el libro más editado y traducido de la historia, sólo superado por la Biblia y las citas (“el libro rojo”) de Mao, aunque estas dos con fines no literarios.

Aquí un minúsculo fragmento de su poesía “Viaje del Parnaso”: 

…Yo, que siempre trabajo y me desvelo

por parecer que tengo de poeta 

la gracia que no quiso darme el cielo,

quisiera despachar a la estafeta

mi alma, o por los aires, y ponella

sobre las cumbres del nombrado Oeta,

pues, descubriendo desde allí la bella

corriente de Aganipe, en un saltico

pudiera el labio remojar en ella,

y quedar del licor süave y rico

el pancho lleno, y ser de allí adelante

poeta ilustre, o al menos magnifico.

Mas mil inconvenientes al instante 

se me ofrecieron, y quedó el deseo

en cierne, desvalido e ignorante.

Porque la piedra que en mis hombros veo,

que la Fortuna me cargó pesada,

mis mal logradas esperanzas leo

Las muchas leguas de la gran jornada

se me representaron, que pudieran

torcer la voluntad aficionada,

si en aquel mesmo istante no acudieran

los humos de la fama a socorrerme,

y corto y fácil el camino hicieran.

Dije entre mí: «si yo viniese a verme 

en la difícil cumbre deste monte,

y una guirnalda de laurel ponerme,

no envidiaría el bien decir de Aponte,

ni del muerto Galarza la agudeza,

en manos blando, en lengua Rodomonte».

Mas, como de un error otro se empieza,

creyendo a mi deseo, di al camino

los pies, porque di al viento la cabeza.

los pies, porque di al viento la cabeza.

En fin, sobre las ancas del Destino,

llevando a la Elección puesta en la silla,

hacer el gran vïaje determino…

¿Y de Willy quién se acuerda?

William Shakespeare Strafford-Avon-Warwickshire-Reino Unido, 26 de abril de 1564 – íbidem 3 de mayo de 1616. Dramaturgo, poeta y actor. Considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Sus obras hoy se leen y representan con cada vez mayor frecuencia y en más países que nunca.

La profecía de uno de sus grandes contemporáneos, Ben Johnson, se ha cumplido: “Shakespeare no pertenece a una sola época sino a la eternidad”.

Aquí un botón de muestra, dos de sus centenares de sonetos, escogidos casi al azar:

64

Cuando veo la cruel mano del Tiempo

Borrar pompas de épocas pasadas,

Cuando veo caer altivas torres

Y el bronce eterno esclavo de la ruina;

Cuando veo el océano voraz

Avanzar en el reino de la costa,

Y tierras que en el piélago se internan

Medrando con las pérdidas ajenas;

Cuando veo tal mudanza en los estados

Y estados tan revueltos y caducos,

Aprendo presenciando estos estragos

Que el Tiempo querrá un día arrebatarte. 

Pensamiento que es muerte y que me incita

A llorar por perdido lo que tengo.

65

Si bronce, piedra, tierra y mar extenso

Son doblegados por la triste muerte, 

¿Qué podrá contra su ira la belleza,

Que a una flor no supera en magras fuerzas?

¿Cómo vencerá el fragante estío

El asedio feroz de días aciagos

Si batientes de acero y altas rocas

Los embates del Tiempo no resisten?

¡Atroz meditación! ¿Cómo ocultarle

al Tiempo la mejor gema del Tiempo?

¿Qué mano detendrá sus pies alados

O impedirá que la belleza arruine?

Ninguna, salvo ocurra este milagro: 

Que mi amor perdure en negra tinta.

¿Y de “Coco” quién se acuerda?

JULIO CORTÁZAR, a 100 años de su nacimiento

Por José Ramón González Chávez

(publicado en 2014)

Julio Florencio Cortázar, escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina, adoptó la nacionalidad francesa en 1981 en protesta contra el gobierno militar argentino.

Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética, y la narración breve en general, creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal.

Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el Realismo Mágico e incluso con el Surrealismo.

Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte de Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras (vgr. Rayuela, La autopista del Sur).

Además de su obra como escritor, fue también un reconocido traductor, oficio que desempeñó para instituciones como la Unesco.

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Nació el 26 de agosto de 1914 en Ixelles, un suburbio situado en el sur de la ciudad de Bruselas, que en ese entonces estaba ocupada por los alemanes; fue hijo de Julio José Cortázar y María Herminia Descotte. Su padre era funcionario de la embajada de Argentina en Bélgica, donde se desempeñaba como agregado comercial. Más adelante en su vida declararía: «Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia».

Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, los Cortázar lograron pasar a Suiza gracias a la condición alemana de la abuela materna de Julio y de allí, poco tiempo más tarde, a Barcelona, donde vivieron un año y medio.

A los cuatro años volvieron a Argentina y pasó el resto de su infancia en Banfield, en el sur de Buenos Aires, junto a su madre, una tía y Ofelia, su única hermana (un año menor que él). Vivió en una posición acomodada (Los venenos y Deshoras, están basados en sus recuerdos infantiles), pero no fue totalmente feliz. «Mucha servidumbre,excesiva sensibilidad, una tristeza frecuente» (carta a Graciela M. de Sola,París, 4 de noviembre de 1963).

Según el propio escritor, su infancia fue brumosa y con un sentido del tiempo y del espacio diferente al de los demás. Cuando tenía 6 años de edad, su padre abandonó a la familia y ésta ya no volvió a tener contacto con él.

Julio fue un niño enfermizo y pasó mucho tiempo en cama, por lo que la lectura fue su gran compañera. Su madre le seleccionaba lo que podía leer, convirtiéndose en la gran iniciadora de su camino de lector, primero, y de escritor después.

A los nueve años ya había leído a Julio Verne, Victor Hugo y Edgar Allan Poe, que durante un tiempo le provocaban pesadillas frecuentes. Solía además pasar horas leyendo un diccionario Pequeño Larousse. Leía tanto que su madre primero acudió al director de su colegio y luego a un médico para preguntarles si era normal, y éstos le recomendaron que su hijo dejara de leer o leyera menos durante cinco o seis meses, para que en cambio saliera a tomar el sol. En esa época escribió una pequeña novela —afortunadamente perdida, según el propio autor—, incluso antes algunos cuentos y sonetos.

Dada la calidad desus escritos, su familia, incluida su madre, dudó de la veracidad de su autoría, lo que generó una gran pesadumbre en Cortázar, quien compartió ese recuerdo en entrevistas posteriores.

Muchos de sus cuentos como Bestiario, Final del Juego, Los Venenos, La Señorita Cora, entre otros, son autobiográficos y relatan hechos de su infancia,

Tras realizar los estudios primarios en la Escuela nº10 de Banfield, se recibió como maestro normalista en 1932 y luego como profesor en Letras, en 1935 en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta.

De aquellos años surgió «La escuela de noche» (Deshoras) y su gusto por asistir a las funciones de Box, donde ideó una especie de filosofía de este deporte «eliminando el aspecto sangriento y cruel que provoca tanto rechazo y cólera» (La fascinación de las palabras). Admiraba al hombre que siempre iba para adelante y a pura fuerza y coraje conseguía ganar (Torito, Final del juego).

A los diecinueve años recién cumplidos, leyó en Buenos Aires Opio: diario de una desintoxicación de Jean Cocteau, traducido por Julio Gómez de la Serna y con un prólogo de su hermano Ramón. La obra lo deslumbró y se convirtió en uno de sus libros de cabecera, acompañándolo por el resto de su vida.

Comenzó sus estudios de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Aprobó el primer año, pero comprendió que debía utilizar el título que ya tenía para trabajar y ayudar a su madre. Dictó clases en Bolívar y Saladillo (ciudad que figura en su Libreta Cívica como oficina de enrolamiento). Vivió en cuartos solitarios de pensiones aprovechando todo el tiempo libre para leer y escribir (Distante espejo).

Entre 1939 y 1944 Cortázar vivió en Chivilcoy, en cuya Escuela Normal daba clases como profesor de literatura y era asiduo concurrente a las reuniones de amigos que se hacían en el local de fotografía de Ignacio Tankel, a propuesta de quien realizó su primera y única participación en un texto cinematográfico, donde colaboró en el guion de la película La Sombra del Pasado, que se filmó en esa ciudad entre agosto y diciembre de 1946. Ese episodio fue tratado en el filme documental Buscando la Sombra del Pasado, dirigido por Genaro Panero, que se estrenó en 2004.

En 1944 se mudó a Mendoza, en cuya Universidad Nacional de Cuyo impartió cursos de literatura francesa.

Su primer cuento,«Bruja», fue publicado en la revista Correo Literario.

Participó en manifestaciones de oposición al peronismo. En 1946, cuando Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales, presentó su renuncia. «Preferí renunciar a mis cátedras antes de verme obligado a sacarme el saco, como les pasó a tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos». Reunió un primer volumen de cuentos, La Otra Orilla. Regresó a Buenos Aires, donde comenzó a trabajar en la Cámara Argentina del Libro y ese mismo año publicó el cuento Casa Tomada en la revista Los Anales de Buenos Aires, dirigida por Jorge Luis Borges, así como también un trabajo sobre el poeta inglés John Keats, «La urna griega en la poesía de John Keats» en la Revista de Estudios Clásicos de la Universidad de Cuyo

En 1947 colaboró en varias revistas, entre ellas, Realidad. Publicó un importante trabajo teórico: Teoría del Túnel y en Los Anales de Buenos Aires, donde aparece su cuento «Bestiario».

Al año siguiente obtuvo el título de traductor público de inglés yfrancés, tras cursar en apenas nueve meses estudios que normalmente llevan tres años. El esfuerzo le provocó síntomas neuróticos, uno de los cuales (la búsqueda de cucarachas en la comida) desaparece con la escritura del cuento Circe, que junto con los dos anteriormente citados, publicados en la revista Los Anales de Buenos Aires, serían incluidos más adelante en el libro “Bestiario”.

En 1949 publicó el poema dramático «Los reyes», primera obra firmada con su nombre real e ignorado por la crítica. Durante el verano escribió una primera novela, Divertimento, que de alguna manera prefigura Rayuela, que escribiría en 1963.

Además de colaboraren la citada revista Realidad, escribió para otras revistas culturales de Buenos Aires, como Cabalgata Sur (8 textos,principalmente de crítica literaria y cine). En la revista literaria Oeste de Chivilcoy publicó el poema «Semilla» y colaboraciones en otros tres números.

En 1950 escribió su segunda novela, “El Examen”, rechazada por el asesor literario de la Editorial Losada, Guillermo de Torre. Cortázar la presentó a un concurso convocado por la misma editorial, nuevamente sin éxito, y, como la primera novela, vio la luz apenas en 1986.

En 1951 publicó “Bestiario”, una colección de ocho relatos quele valieron cierto reconocimiento en el ambiente local. Poco después,disconforme con el gobierno de Perón, decidió trasladarse a París, ciudad donde, salvo esporádicos viajes por Europa y América Latina, residiría el resto de su vida.

En 1953 se casó con Aurora Bermúdez, una traductora argentina, con quien vivió en París con cierta estrechez económica, hasta que aceptó la oferta de traducir la obra completa, en prosa, de Edgar Alan Poe para la Universidad de Puerto Rico. Dicho trabajo sería considerado luego por los críticos como la mejor traducción de la obra del escritor estadounidense. Se trasladaron a Italia durante el año que duró el trabajo; luego viajaron a Buenos Aires en barco y Cortázar pasó la mayor parte del trayecto escribiendo en su máquina portátil una nueva novela.

En 1967 rompió su vínculo con Bernárdez y se unió a la Lituana Ugn´w Karvelis, con quien nunca contrajo oficialmente matrimonio, pero quien le inculcó un gran interés por la política.

Con su tercera pareja y segunda esposa, la escritora estadounidense Carol Dunlop, realizó numerosos viajes, entre otros a Polonia, donde participó en un congreso de solidaridad con Chile. Otro de los viajes que hizo Dunlop fue plasmado en el libro Los Autonautas de la Cosmopista, que narra el trayecto de la pareja por la autopista París-Marsella.

Tras la muerte de Carol Dunlop, Aurora Bermúdez lo acompañó nuevamente, esta vez durante su enfermedad, antes de convertirse en la única heredera de su obra publicada y de sus textos.

«La Revolución Cubana me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho, el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura» (La fascinación de las palabras).

En 1963 visitó Cuba invitado por Casa de las Américas para ser jurado en un concurso. A partir de entonces, ya nunca dejaría de interesarse por la política latinoamericana.

En ese mismo año aparece lo que sería su mayor éxito editorial y le valdría el reconocimiento de ser parte del Boom Latinoamericano “Rayuela”, que se convirtió en un clásico de la Literatura en Español.

Según declaró en una carta a Manuel Antín en agosto de 1964, ese no iba a ser el nombre de su novela sino Mandala: «De golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano; pero no estaba arrepentido por el cambio».

Los derechos de autor de varias de sus obras fueron donados para ayudar a los presos políticos de varios países, entre ellos Argentina. En una carta a su amigo Francisco Porrúa de febrero de 1967, confesó: «El amor de Cuba por el Ché me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la Plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300 mil personas una ovación que duró diez minutos».

En noviembre de1970 viajó a Chile, donde se solidarizó con el gobierno de Salvador Allende y pasó unos días a Argentina para visitar a su madre y amigos, y ahí el delirio fue una especie de pesadilla diurna contó en una carta a Gregory Rabassa.

Al año siguiente, junto a otros escritores cercanos (Mario Vargas Llosa, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, se opuso a la persecución y arresto del autor Heberto Padilla, desilusionado con la actitud del proceso cubano. En mayo de 1971 reflejó su sentir ambivalente hacia Cuba en «Policrítica en la hora de los chacales», poema publicado en Cuadernos en Marcha y reproducido después incluso por Casa de las Américas

A pesar de ello, sigue de cerca la situación política de Latinoamérica. En noviembre de 1974 fue galardonado con el Medicis Etranger por “Libro de Manuel” y entregó el dinero del premio al Frente Unificado de la resistencia chilena.

Ese año fue miembro del Tribunal Russel II, reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular, las violaciones de los Derecho Humanos. Fruto de esa participación fue el cómic editado posteriormente en México, “Fantomas contra los Vampiros Multinacionales”, que Gente Sur editó en 1976.

En esa misma época, junto a otros escritores como Borges Bioy Cazarez, Octavio Paz, pidieron la liberación de Juan Carlos Onetti, apresado por deliberar como jurado en favor del cuento “El Guardaespldas” de Nelson Marra, cuyo encarcelamiento le significó secuelas traumáticas.

Aunque Cortázar es reconocido principalmente por su narrativa, escribió gran cantidad de poemas en prosa, en libros mixtos como “Hostorias de Cronopios y de Famas”; “Un tal Lucas”; “Último Round” e incluso poemas en verso, como en “Presencia”, “Pameos y meopas” y “Salvo el crepúsculo”.

Colaboró en muchas publicaciones en distintos países, grabó sus poemas y cuentos, escribió letras de tangos (por ejemplo con el Tata Cedrón) y le puso textos a libros de fotografías e historietas. Grabó en Alemania con el bandoneonista Juan José Mosalini el poema Buenas noches, che bandoneón y con otros autores latinoamericanos, “Poesía Trunca”, discos de Casa de las Américas en homenaje a vates revolucionarios (1978).

En 1976, viaja a Costa Rica, donde se encuentra con Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal y emprende un viaje clandestino y plagado de peripecias hacia la localidad de Solentiname en Nicaragua. Este viaje lo marcará para siempre y será el comienzo de una serie de visitas a ese país.

Luego del triunfo de la Revolución Sandinista visita reiteradas veces Nicaragua y sigue de cerca el proceso y la realidad tanto nicaragüense como latinoamericana. Estas experiencias darán como resultado una serie de textos que serán recopilados en el libro “Nicaragua, tan violentamente dulce”.

En 1978, a pedido del grupo musical chileno Quilapayún, remodeló parte del texto de la Cantata Santa María deI quique, lo que causó el disgusto de su autor, el compositor Luis Advis, que no había sido consultado. La versión con las correcciones de Cortázar fue grabada en dos oportunidades, pero después Quilapayún volvió a interpretar la obra de acuerdo al original de Advis.

En agosto de 1981 sufrió una hemorragia gástrica y salvó su vida de milagro. Nunca dejó deescribir, fue su pasión aun en los momentos más difíciles.

En 1983, luego de derrocada la dictadura en Argentina, Cortázar hace un último viaje a su patria, donde es recibido cálidamente por sus admiradores, que lo paran en la calle y le piden autógrafos, en contraste con la indiferencia de las autoridades nacionales. Después de visitar a varios amigos, regresa a París. Poco después François Mitterrand le otorga la nacionalidad francesa.

Vivió en París sus últimos años en dos casas, una en la rue Martel y otra en larue de L’Eperon. La primera correspondía a un pequeño apartamento de tercer piso sin ascensor, cómodo, luminoso y lleno de libros y discos, donde solía recibir amablemente continuas visitas de otros escritores que pasaban por la ciudad, en compañía de su gata Flanelle.

Carol Dunlop había fallecido el 2 de noviembre de1982, sumiendo a Cortázar en una profunda depresión.

Murió en París, el 12 defebrero de 1984 a causa de la Leusemia.

En 2001, la escritora uruguaya Cristina Pero Rossi afirmó en su libro sobre el escritor que creía que la leucemia había sido provocada por el SIDA, que Cortázar habría contraído durante una transfusión de sangre en el sur de Francia.

Dos días después, fue enterrado en el Cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol. La lápida y la escultura que adornan la tumba fueron hechas por sus amigos, los artistas Julio Silva y Uis Tomasello. A su funeral asistieron muchos de sus amigos, así como sus ex parejas Ugné Karvelis y Aurora Bernárdez. Esta última lo atendió durante sus últimos meses de vida, luego del fallecimiento de Dunlop.

En abril de 1993, Aurora Bernárdez donó a la Fundación Juan March de Madrid, la biblioteca personal del autor, de la calle Martel, correspondiente a más de cuatro mil libros, de los cuales más de quinientos están dedicados al escritor por sus respectivos autores, y la mayoría de ellos poseen numerosas anotacione sdel propio Cortázar, acerca de las cuales habla la obra Cortázar y los libros de Jesús Marchamalo

El Misterioso Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan y las Normas

EL MISTERIOSO PREMIO NOBEL DE LITERATURA A BOB DYLAN Y LAS NORMAS

QUÉ HAY DETRÁS?

Por José Ramón González Chávez

Publicado el 18 de octubre del 2016

Recientemente fuimos enterados por un escueto video y boletín de circulación global sobre la designación del músico Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman) como ganador del premio Nobel de literatura de este año. La controversia que ha generado, mueve a reflexionar sobre las razones de esa elección y su congruencia con las normas que regulan la asignación de estos premios desde que se creó la Fundación Nobel hace 116 años.

Ante todo, se entiende que un premio de literatura debería otorgarse a un miembro del gremio, practicante de alguno o varios géneros literarios; y así había sido hasta ahora, entregándose por lo general a novelistas, poco a poetas, menos a cuentistas y ensayistas, pero nunca a un músico. Lo cual a primera vista pareciera incongruente, fuera de toda lógica, tanto más cuanto que Dylan –según las entrevistas que le han hecho y he tenido oportunidad de leer- nunca se ha reconocido a sí mismo como literato.

La elección de un nobel de literatura se realiza con base en la composición y el trabajo del galardonado, con estricto apego a normas de carácter tradicional (en los países anglosajones la costumbre es la fuente primordial del Derecho, a diferencia de los países de cultura jurídica romano germánica, donde la legislación es la más relevante) aún más antiguas que la propia Academia Sueca de la Lengua, Institución erigida por el Rey Gustavo III el 20 de marzo de 1786 bajo la divisa “Talento y Gusto”, compuesta de 18 miembros, nombrados de por vida por el Rey y que estando encargada de velar por la preservación de la lengua sueca (!!!) participa de forma sustancial en la determinación del elegido al Nobel de cada año.

El promedio de edad de los integrantes de la Academia de la Lengua Sueca es de más de 72 años, de 98 años del más anciano hasta 52 años de la más joven; de casi cuatro décadas de pertenecer a ella el más antiguo, a 5 años de haber ingresado el mas reciente. No obstante que ese promedio de edad es algo menor a los 75 años que tiene Dylan, dudo mucho que en su devenir como garantes de la pureza del idioma sueco los integrantes de esta Academia hayan tenido –al menos la mayoría de ellos- contacto con la obra letrística de Dylan (menos a su obra musical, el mismo Dylan  admitido desde siempre que no podía esperar que sus canciones las llegara ya no entender, a escuchar, alguien de 70 o 90 años) y que la mayoría de ellos llegara a considerar que dicha obra se apegara a los tan rigurosos y tradicionales parámetros de selección del ganador del premio.

Por otra parte, el trabajo de selección de los 5 finalistas de los que se escogerá al ganador, es realizado por los cinco miembros del Comité Nobel, también nombrado por el Rey, que duran en su encargo tres años.

Del mismo modo que en el caso de la Academia, resaltan las edades de los miembros del Comité, que en promedio anda en 63 años, la mitad de ellos rayando en los ochentas y de quienes al igual que aquellos, dudo que hayan tenido el menor interés de conocer, comprender y valorar en su caso el contenido literario de las canciones de Dylan

Habría que preguntárselos y también preguntarles qué motivo profundo e iluminado los llevó a tomar la determinación de darle al cantautor el premio nobel de literatura, aunque de antemano sabremos que no dirán nada, porque por norma – otro dato digno de considerar- tienen prohibido revelar durante 50 años información sobre las deliberaciones para la designación. Pero de entrada e independientemente del os argumentos que pudieran esgrimir, parece tan contradictorio como otorgarle un Grammy a Herman Hesse porque “le gustaba la música y lo que escribía se describe por el jurado como música para sus oídos”.

Como pensar factible que más de 600 instituciones de literatura postularan mayoritariamente como prospecto al Nobel a Bob Dylan antes que a otros artistas que han dedicado su vida a las letras?

¿Cómo fue que los miembros del jurado se soplaron toda la obra de Dylan y de los demás postulados por esos 700 invitados a proponer candidatos, y la mayoría de ellos voto por Dylan para recibir el Nobel de este año, tal como marca la normativa aplicable?

¿Qué hay detrás de todo esto que resulta ser toda una falacia, es decir una mentira disfrazada de verdad; una incoherencia arropada bajo el manto de la verdad de las normas y procedimientos de selección tanto del propio Comité Nobel y la Academia como de la monarquía sueca?

Una línea de investigación interesante es un hecho que hasta el momento se mantiene como un secreto a voces: Desde inicios de los 1990s un grupo de investigadores del Instituto Karolinska, equivalente de la academia sueca para otorgar el premio nobel de Medicina, ha venido usando títulos y fragmentos de letras de Bob Dylan en sus artículos, capítulos de libros y editoriales sobre biomedicina y se dice que existe una apuesta entre ellos para ver al momento en que se jubile el primero, quién logra recibir más comentarios a sus artículos, de todo lo cual hay nombres y evidencias tangibles. Incluso uno de ellos –Weitzberg- en una entrevista al diario británico The Guardian en 2014comentó que “Dylan debería de recibir el premio nobel de literatura”. De tal suerte, la extraña por inusual designación de Dylan acabaría circunscribiéndose al mero capricho de una confraternidad secreta de algunos miembros del jurado encargados de otorgar el nobel médico, lo cual me parece casi obsceno. Con ello no hacen más que reducir el premio nobel a un simple juguete de algunos de sus otorgantes, poniendo de manifiesto una farsa escudada en la norma, con lo que tirarían a la basura por un acto de populismo académico, el prestigio de un galardón construido por más de un siglo.

Por algo será que Bob Dylan no aparece y que el mismo comité Nobel ya se cansó de andarlo buscando. De cualquier forma no sería la primera vez que el modesto cantautor rechazaría asistir para recibir un reconocimiento del casi medio centenar que le han sido conferidos a lo largo de medio siglo de su carrera como músico, ni tampoco la única vez –ni la última por desgracia- que el Derecho o mejor dicho el marco normativo formal se utiliza de manera arbitraria por una camarilla para beneficio o divertimento propio, tal como ha sucedido en muchos de los momentos más oscuros de la historia humana.