Comentarios a dos obras de José de Jesús Gudiño Pelayo

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Comentarios a las dos últimas obras José de Jesus Gudiño Pelayo

Por José Ramón González Chávez

Nota introductoria a partir de su lamentable deceso:

Conocí a José de Jesus Gudiño Pelayo. Mi encuentro vivencial con él fue siempre de sorpresa:

– La primera sorpresa que me dio fue cuando me lo topé como compañero de banca en el Doctorado en Derecho: nunca me hubiera imaginado ver a un hombre mayor, abogado consumado y Ministro de la Suprema Corte sentado en un pupitre de una escuela y menos aun en el salón donde yo estaba a punto de tomar mi primera clase doctoral.

– Luego me volvió a sorprender cuando con su trato destruyó la imagen que tenía de él, lo imaginaba adusto, serio, hasta lacónico, cercano al estereotipo del ministro que me produjo aun siendo estudiante de la Licenciatura el film “El Proceso” de Orson Wells, basado en el para mi inolvidable texto de Franz Kafka.

– Posteriormente me volvió a sorprender, cuando me lo encontré integrando del claustro de profesores de la Universidad Iberoamericana. En ese entonces yo daba el curso de Teoría Política en la Licenciatura en Derecho, tenía un semestre de haber entrado y se me ocurrió concursar para una plaza de profesor de tiempo completo en esa universidad, llegó el momento de la evaluación de la terna finalista y al entrar al salón donde era la cita me encuentro que él era parte del claustro que me iba a evaluar. Me reconoció, al final de mi participación hubo una pausa, se me acercó y me dijo con su tono serio pero al mismo tiempo bromista e irónico: “No te preocupes la decisión está tomada a priori pero si te consuela no sabes de la que te salvas de no tener que ver tan seguido a estos compañeros. Me reí y le agradecí el gesto sincero, el destino nos juega a veces travesuras y a las pocas semanas me encontraba trabajando en Oaxaca como Coordinador del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso.

– La siguiente sorpresa fue cuando la Universidad de Tlaxcala me pidió que hiciera la presentación de sus dos libros entonces más recientes. Nunca me imagine presentando un libro ya no de un ministro sino de un compañero de generación, bromeé comentándole en privado ahora puedo decirlo. “mi querido ministro acabó usted primero sus dos libros que su tesis doctoral”. Reímos un momento, fue solo un instante la gente se arremolinaba en el ritual de las felicitaciones y las firmas de sus libros.

– La última sorpresa que me dio fue su repentina muerte. Veía el domingo 19 de septiembre (aniversario del sismo de 1985) en la noche las noticias en la tele antes de dormir y las palabras del comentarista noticioso me dejaron estupefacto.

En fin cosas de la vida.

Aquí les dejo la reseña que realicé de sus dos últimos libros, a petición del Centro de Investigaciones Jurídico Políticas (CIJUREP) de la Universidad Autónoma de Tlaxcala:

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“LABERINTOS DE LA JUSTICIA”

Obra de José de Jesús Gudiño Pelayo

(Reseña elaborada por José Ramón González Chávez[1])

Publicada el 13 de marzo del 2012

En esta obra se reúnen 15 estudios publicados previamente por el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo en la Revista Lex: Difusión y Análisis, relacionados con temas que el propio autor ha distribuido en tres bloques conceptuales:

  1.     Democracia y Justicia
  • Participación de la SCJN en la construcción del modelo democrático mexicano
  • Transparencia y Democracia: Límites y Excesos
  • Democracia, Estado de Derecho y acceso al juez como derecho fundamental
  • Democracia y reforma judicial.
  1.     El Ejercicio de la Jurisdicción
  • Lo confuso del control difuso de la Constitución. Propuesta de interpretación del art. 133 Constitucional
  • La improcedencia y el sobreseimiento en la controversia constitucional
  • El diálogo judicial contemporáneo en México
  • La especialización como condición para la excelencia de los Tribunales Colegiados de Circuito
  • La Calidad en la Justicia: corresponsabilidad de los jueces, litigantes y partes
  • Preocupación, inquietud y tolerancia. Reflexiones en torno a un nuevo libro de Genaro Góngora
  • Independencia y carrera judicial

III.    Reflexiones en torno al tema de los derechos humanos

  • Recomendación e impunidad: Una respuesta al informe rendido por la Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
  • El Concepto de Derechos Humanos y el marco jurídico de los organismos gubernamentales previstos en el apartado B del art. 102 constitucional.
  • La atribución de protección a los derecho humanos que establece el apartado B del art. 102 constitucional y la jurisdicción de amparo
  • Reflexiones en torno a la obligatoriedad de la Jurisprudencia, inconstitucionalidad del primer párrafo de los arts. 192 y 193 de la ley de amparo.

Dada su variedad temática, igual que en el caso de “Disensos y Coincidencias”, obra publicada casi en paralelo a esta, es difícil dar una opinión particular sobre cada uno de los ensayos incluidos y en tal sentido, “Laberintos de la Justicia” se aprecia con toda su dimensión y brillantez al admirarla en su conjunto.

Democracia, Justicia, Derechos Humanos, son tres de los ejes fundamentales del Estado de Derecho mexicano del siglo XXI, De ahí que haya menester el observarlos –tal como lo hace Gudiño- con una visión de gran angular, que al a vez nos ayudará a comprender mejor al autor, observándolo como en un espejo de tres lunas, en sus facetas de ser humano, intelectual y profesional de la justicia.

Apreciamos en “Laberintos de la Justicia” la continuación congruente y un rico complemento al trabajo como juzgador de Gudiño en el pleno de la Corte, pues muchas de las reflexiones que hace en sus ensayos son reafirmaciones consistentes de lo señalado en sus votos como Ministro y viceversa.

García Ramírez afirma que “la construcción de un orden jurídico se asemeja a la elevación de una pirámide, similar a las que edificaron nuestros antepasados en la extensa superficie de mesoamérica. Estas grandes obras se hicieron a merced al esfuerzo de sucesivas generaciones, cada una en su hora, puso una nueva capa en el magnífico edificio. La suma de esas aportaciones dio cuerpo a la obra, animada por un solo designio común, que es hilo conductor de todos los esfuerzos y razón de todos los afanes. Eso mismo sucede con el sistema jurídico y con los bienes y valores eminentes que recoge y preserva: a partir de ciertos orígenes, nuevos capítulos concurren a establecer la obra compartida, en constante perfeccionamiento, a pesar de las vicisitudes que enfrenta y de los obstáculos que a menudo se le oponen[2].

Consciente de esta superposición evolutiva, el ministro Gudiño Pelayo refiere a los grandes temas de nuestro presente sin desprenderlos de su origen, ni aislándolos de su devenir. Los expone con maestría a manera de mojoneras o linderos, marcando el área sobre la cual ha de transcurrir el examen de nuestras instituciones fundamentales.

En efecto, los temas abordados por él en cada uno de los 15 ensayos que compila esta obra, están por mucho, muy lejos de ser menores. Al contrario, comportan asuntos torales para el presente y el devenir de nuestra Nación, como entidad jurídica – política – social que es, mismos que por ende se encuentran íntimamente relacionados. De tal suerte en la sistematización que realiza, pone al descubierto la trilogía axiológica democracia – justicia – derechos humanos.

La Constitución es expresión pura y fiel de la Democracia, ya que como Ley Suprema de la Nación, está directamente referida a la soberanía del pueblo. En ella se alojan decisiones políticas fundamentales, producto de luchas históricas, experiencias, convicciones, expectativas. Entre ellas destacan sin duda las que inciden en la Justicia como valor e institución fundamental que garantice y proteja la dignidad humana por sobre todas las cosas y que permita asimismo, en instrumentación de este principio y fin primordial, un sano y armónico equilibrio entre los poderes públicos y las diversas instancias de nuestro sistema federal de gobierno.

Y es que como bien lo reflexiona Gudiño a lo largo de sus ensayos, todo Estado moderno es al final de cuentas, antropocéntrico. La Constitución establece, define e instrumenta primordialmente, el compromiso con el ser humano, alrededor del cual hace girar todo el aparato jurídico político. De ahí que la legitimación política del Estado descanse sobre la estructura y características de su Sistema de Derechos fundamentales.

En ese contexto, otro de los temas recurrentes en los ensayos que ahora publica nuestro autor, es el control de la constitucionalidad de normas, que tiene su espacio natural en la impugnación de aquellas que entran en conflicto con la Ley Suprema, incluso en la hipótesis de que no haya lesión ni afectación directa en agravio del demandante de la declaración jurisdiccional. Este asunto, de indudable carácter medular en la construcción de todo esquema de justicia constitucional, hoy por hoy ampliamente examinado en las fuentes de Derecho de gran cantidad de países, está en el centro de las disertaciones del Ministro Gudiño a lo largo de sus ensayos.

Hasta hace muy poco, en México y en muchos otros países, el Poder Judicial era irrelevante para efectos de la explicación de la naturaleza y funcionamiento del sistema político. Los partidos políticos no la consideraban dentro de su plataforma electoral, y si acaso aparecía en algún rincón de la declaración de principios de algunos de ellos. En las campañas electorales a veces se invocaba como un buen deseo o como adjetivo de la forma de gobernar propuesta por los candidatos; los ciudadanos la traían a colación en sus eventuales asuntos de barandilla, pero sin saber ni interesarles a ciencia cierta qué hacían los juzgadores y cómo. Los medios, si acaso, la insertaban en los encabezados de sus páginas salpicadas de rojo y amarillo. Ni siquiera entre los dedicados al tema en el ámbito jurídico y político le prestaban interés, prueba de ello son los escasos estudios al respecto, aunque por fortuna en proliferación reciente como es el caso que hoy nos ocupa[3].

No obstante, en la actualidad e igualmente no solo en México, se comienza a considerar al sistema judicial, su naturaleza libre e independiente, su actuar en tanto que dador del Derecho y atemperador del poder público, como una de las columnas de sustento del edificio democrático.

En sus disertaciones, Gudiño Pelayo nos hace reflexionar en que una verdadera reforma de la Justicia en nuestro país para ser plena y efectiva tiene que atender además de los aspectos que el propio García Ramírez denomina como “macrojusticia”[4] –en parangón con la “macroeconomía”, término hace tiempo tan de moda-, la que atañe a los sujetos políticos y que comprende el equilibrio entre poderes, la división de competencias, los resultados electorales, la distribución correcta de recursos públicos, también los asuntos vinculados a la “microjusticia”, es decir, a la forma en que esta reforma institucional “macro” se manifiesta positivamente y se proyecta sobre la justicia cotidiana, la que afecta a la población para decirlo en términos llanos, y los medios en que los propios ciudadanos pueden activar este proceso mediante los mecanismos previstos para el caso dentro del marco jurídico. Es ahí donde esta obra que hoy comentamos llama nuestra atención, al hacernos ver que democracia, justicia y derechos humanos constituyen la trilogía nuclear de la Reforma del Estado en México.

En su evolución, la democracia mexicana va transcurriendo cíclicamente en una espiral ascendente del terreno de los hechos al terreno del Derecho, con lo que poco a poco encuentra su lugar ya no como situación de facto sino como institución del Estado de Derecho. En este largo y sinuoso transcurrir por los “Laberintos de la Justicia”, José de Jesús Gudiño Pelayo nos guía con su saber y experiencia, mostrándonos el camino, sus avatares y recovecos, e indicándonos la ruta para salir de él victoriosos en la difícil tarea de ser mas democráticos, mas justos, mas humanos.

José de Jesús Gudiño Pelayo

“Laberintos de la Justicia”

Editorial Laguna, México, 2006.

285 p. 23 cm.

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NOTAS AL PIE DE PÁGINA:

[1] Profesor de Derecho de la Universidad Anahuac del Sur.

[2] Exposición en la mesa redonda “Los Derechos Humanos en México”. Organizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y la Secretaría de Gobernación. 4 de diciembre de 2002.

[3] Carbonel, Miguel. “El nuevo papel del poder judicial y la transición a la democracia en México”. En Estudios sobre federalismo, justicia, democracia y derechos humanosHomenaje a Pedro J. Frías. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Serie Doctrina Jurídica. Núm. 146. 1ª Edición. México 2003

[4] García Ramírez Sergio, “Poder Judicial y Ministerio Público”. 2ª ed. México, Porrúa, 1997, pp. 15 y 16.

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“DISENSOS Y COINCIDENCIAS”

Obra de José de Jesús Gudiño Pelayo

(Reseña elaborada por José Ramón González Chávez[1])

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, máximo tribunal de los mexicanos, es una de las expresiones más claras del sistema democrático, tanto hacia el interior del propio Estado como en su relación con la sociedad. En el primer caso, conforma el medio de equilibrio de la acción de los órganos e instancias del poder público, al menos en dos sentidos: uno vertical, para resolver las controversias entre el Ejecutivo y el Legislativo; el otro horizontal, para dar el derecho –como decía Ulpiano- en los distintos niveles de gobierno.

El Patrimonio jurídico que la intervención de la Suprema Corte y los tribunales electorales han creado en esta conflictiva etapa de la historia patria, deja a generaciones venideras numerosos precedentes y tesis que interpretan y brindan mayor certeza acerca del contenido de nuestra Constitución y del régimen electoral, y revelan con más claridad dónde están las líneas que entre poderes y gobiernos impone respetarse.. Ese rico patrimonio es su aportación a la construcción de la democracia”[2].

De ahí que la función del órgano cúspide del sistema judicial, hoy más que nunca, en estos tiempos de veloz y profunda transformación, resulte primordial para el desarrollo político de nuestro país, al reducir tensiones y construir al mismo tiempo una salida pacífica a conflictos en temas esenciales para la vida de la comunidad; al convertirse en garante de principios medulares para la convivencia civilizada y pacífica, como la libertad de pensamiento; la tolerancia; la actitud constructiva, el sentido de la necesidad de sobreponer la convergencia en los fondos a las diferencias de matiz en las formas.

Es bajo esta tónica que se inscribe la obra “Disensos y Coincidencias”, editada por la Universidad Autónoma de Coahuila en Coedición con editorial laguna, que se suma a la importante cantidad de publicaciones bajo la autoría de mi estimado compañero de academia en la Universidad Iberoamericana y condiscípulo en el doctorado en Derecho, el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo, en la que reúne las argumentaciones de los votos particulares que ha emitido en la toma de decisiones trascendentales para el Derecho mexicano en el seno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como los razonamientos de voto de ciertas causas constitucionales, que si bien resultaron coincidentes con los de la mayoría de los miembros del pleno, poseen causas argumentales que por su distinción consideró menester debían ser expuestas, en loable afán de hacer coincidir el sentir de la mayoría de sus colegas con la Voluntad General, en el más amplio y profundo sentido Roussoniano de la palabra.

Comentar una obra como la que provoca estas líneas, hacer palabra que preceda a la palabra, es labor realmente difícil. Sin embargo, aceptamos el reto yendo más bien sobre nuestros sentimientos y reacciones a la misma que sobre los muchos y muy complejos pormenores jurídicos, técnicos, teóricos y filosóficos que surgen inexorablemente de una lectura detenida y acuciosa.

Al leer esta obra del ministro Gudiño Pelayo, palpamos con gran cercanía el pensar, sentir y actuar de un hombre comprometido consigo mismo, con su sociedad, con su nación.

Es, como opina el ministro en retiro José Vicente Aguinaco, su prologador, “un retablo de lucha dialéctica judicial”, en donde el autor participa con la lanza en ristre de su criterio de jurista en una mano, y con la rienda de su saber y su experiencia de hombre de Estado en la otra.

Disensos y Coincidencias” como ha titulado el autor a esta publicación que se nos presenta ante todo como una “memoria de faena”, es un encomiable ejercicio de recopilación y sistematización, que ordena su contenido en dos grandes apartados:

  • 19 Votos Particulares;
  • 4 razonamientos de voto: uno referente a una contradicción de tesis, uno sobre acción de inconstitucionalidad y dos más sobre controversias constitucionales.

Por supuesto que a cada uno de los muchos quienes con gran interés y hasta pasión nos hemos abocado a la lectura de esta obra, nos llamarán la atención ciertos puntos en específico. Pero creo que donde se aprecia en toda su justa amplitud y brillantez el valor de esta publicación es al admirarla en su conjunto, como creación de una sola pieza.

Bajo esta óptica, la percibimos al mismo tiempo como un documento de Testimonio, de Instrucción y de Exhibición:

  • De testimonio, por la importancia del legado histórico documental del desempeño del autor, en un determinado lapso de su devenir como integrante del máximo tribunal de la República;
  • De instrucción, porque su lectura ilustra –no solo a los estudiantes y a los practicantes del derecho, sino también al público en general- acerca de el fondo y la esencia del quehacer de la Corte en momentos –como ya señalábamos- donde la nación se debate entre la nostalgia al alejarse sin remedio de su pasado y la incertidumbre de su andar por el camino de su porvenir;
  • De exhibición, en fin, porque es testimonio de un arduo esfuerzo de reflexión interna y a la vez expresión de una profunda convicción profesional sobre la ciencia y el arte de dar a cada quien lo que le corresponde, con lo que la obra llega a adquirir un aire realmente autobiográfico:

En un acto de confesión del ser humano ante sí y ante la sociedad de la que forma y se siente parte, Gudiño Pelayo se enfrenta al espejo de su propia realidad objetiva, con el afán de ser a su vez –en sorprendente y bella paradoja- juzgado por la ciudadanía según sus dichos, fiel a sí mismo y a la misión que el destino le asignó como estudiante, practicante y dador de justicia.

A partir de esta última cavilación, llega a nuestra memoria Nietsche, quien afirma en su obra póstuma “Ecce Homo” que un hombre agradecido con la vida, tiene el deber y el gusto de contársela a sí mismo y a los demás. “Narrar la propia vida –sostiene- es al final de cuentas la mejor forma de hacer filosofía”.

Explicarse y explicar a la sociedad las razones por las que ha hecho valer su dicho ante sus iguales y ante la sociedad al fin, es propio de un filósofo, es decir, de un amante de la sabiduría, de un hombre de pensar, vivir y actuar buenos y dignos.

En los disensos, la obra de Gudiño Pelayo es muestra del gallardo ejercicio de la libertad de pensamiento, ese respeto racional a las divergencias, que no son antagónicas, sino solo diferentes; en las coincidencias, su pensar es signo del reconocimiento de la igualdad y armonía de posiciones respecto de sus demás compañeros de pleno.

Como músico tocado por la mano de Themis, da su propia versión de lo que se encuentra escrito en la partitura de la vida social, partiendo del choque dialéctico entre el Ser y el Deber Ser.

Disensos y Coincidencias” es una obra de lectura y estudio promordial, para todos aquellos –juristas o no- que creemos que los altos valores de la Democracia y la Justicia, no obstante ser absolutos, constituyen una luz al final del túnel que nos impulsa a seguir avanzando en el largo y sinuoso camino que nos toca recorrer como polis y como sociedad, para irlos convirtiendo en hechos concretos y tangibles.

Agradeceré para siempre la distinción que me hiciera el autor, como colega, condiscípulo de estudios en el doctorado, y compañero en los colegios de profesores en Derecho de la Universidad Iberoamericana y la Autónoma de Tlaxcala.

José de Jesús Gudiño Pelayo

“Disensos y Coincidencias”

Editorial Laguna – Universidad Autónoma de Coahuila

Colección “Diez Años”

México, D. F., 2006

516 p. 23cm

[1] Profesor de la Universidad Anahuac del Sur.

[2] Gudiño Pelayo, José de Jesús: “El papel de los jueces en la construcción de la democracia”. Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación, “Capilla” del Instituto Cultural Helénico, Miércoles 22 de Marzo de 2006.

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El Fuero Constitucional: Algunas Reflexiones Jurídico Políticas.

 

Camara-de-diputados

El Fuero Constitucional. Algunas Reflexiones Jurídico Políticas

Por Jose Ramon Gonzalez Chávez

Desde hace ya algunos años –más bien al menos un par de décadas- el tema del Fuero otorgado a servidores públicos específicos de acuerdo a su cargo, sobre todo en el ámbito legislativo, ha ocupado un lugar relevante en el debate de las instituciones políticas de nuestro país e incluso ha sido utilizado de instrumento de golpeteo político en momentos de coyuntura o electorales.

 

Por desgracia los elementos argumentativos en pro o en contra han sido muy pobres, lo que ha mantenido obscuridad en su conocimiento y comprensión, elementos indispensables para valorar eliminarlo, mantenerlo o bien actualizarlo de acuerdo a las necesidades y expectativas actuales y futuras de nuestro sistema constitucional.

 

Es en este afán que se requiere explorar y conocer los conceptos básicos que lo conforman para tratar de avanzar en el encuentro de significados actuales que nos hagan apreciar su justo lugar en el ejercicio y control del poder público.

 

La palabra fuero proviene de la raíz latina, fórum, que significa foro “recinto” o “plaza pública”, haciendo referencia al lugar donde antiguamente se administraba la justicia. En Roma, se establecían los tribunales en las plazas, para vigilar y sancionar las transacciones mercantiles.

 

Posteriormente, en todo el mundo los jueces empezaron a atender en sus propias instalaciones, pero éstas siguieron conociéndose con el nombre de foros y de ahí fueron relacionados con el ejercicio profesional propio de la actividad jurisdiccional; y de ahí se fue ampliando paulatinamente a otras actividades de ejercicio exclusivo, llegando el diccionario de la lengua española a considerar actualmente que en sentido antiguo, fuero equivale a una exención o privilegio otorgado a alguna persona o clase social.

 

Conceptos Fundamentales para entender el Fuero Constitucional.

 

  1. Privilegio. Etimológicamente deriva del latín privu individual y legium, lex, y significa ley que afecta a un individuo. Debe entenderse como la prerrogativa, el derecho exclusivo, la inmunidad o la ventaja especial.

 

  1. Inviolabilidad. Proviene del latín in-violare, imposibilidad de infringir, profanar, tratar con violencia o con fuerza. Hace referencia a lo que no puede ser violado, entendido jurídicamente el término Violar como infringir una ley o precepto. En el caso que nos ocupa, el concepto de Inviolabilidad ha transmutado hacia el sentido de lo que no puede ser atacado, lo que no puede tener repercusión negativa, refiriéndose entonces en el ámbito parlamentario a la imposibilidad jurídica de reconvenir a los legisladores por la libre expresión de sus ideas en el ejercicio de su encargo constitucional como tales.

 

Al respecto, Pedroza de la Llave señala que la inviolabilidad de los diputados y senadores por sus opiniones es “aquella protección procesal que los parlamentarios tienen, aun cuando éstos hubiesen terminado su encargo, de no poder ser demandados o arrestados por la mera expresión de sus ideas y opiniones, ya sea por lo que digan, escriban o realicen en el ejercicio de su encargo o quehacer parlamentario, a pesar de que estas manifestaciones pudiesen constituir un delito como la difamación, la calumnia o la injuria.

 

  1. Inmunidad. Proviene del latín im, no, sin; y munis, servicios ejecutados para la comunidad, refiriéndose a quien queda exento de impuestos o de realizar ciertos servicios públicos. En este caso Inmunidad sería diferente del Fuero, puesto que aquella es la consecuencia de este, o sea, la concreción del privilegio de no quedar sometido a los tribunales, a menos que se cumplan con ciertos requisitos previamente señalados en la ley.

 

Contexto Histórico General.

 

La inmunidad como facultad derivada del ejercicio de una función pública encuentra sustento en la necesidad política de contar con un emisario capaz de transmitir de manera segura los mensajes importantes a la contraparte, ya fuera en asuntos bélicos, políticos, económicos o de otra índole.

 

Así pues, el fuero en su origen como un privilegio o estatus de excepción; luego fue adquiriendo el significado de medio de protección diplomática, hasta llegar a convertirse en protección institucional del poder legislativo, extendido posteriormente a ciertos servidores públicos de alto rango de los poderes ejecutivo y judicial, e incluso titulares de organismos constitucionales autónomos, denominándosele técnicamente por algunos como Fuero Constitucional, por ser de la norma fundamental de donde adquiere sustento y erigirse desde hace tiempo en México como parte de la agenda temática de la denominada “Reforma del Estado”.

 

Gran Bretaña. En el siglo XVII, aparecieron los conceptos de Inmunidad Parlamentaria (“freedom from speech”) y de Inviolabilidad Parlamentaria (“freedom from arrest”) -excepción de prisión por deudas-, a través del cual se protegía la libertad personal frente a las acciones judiciales de carácter civil, no así frente a las acciones judiciales de tipo penal.

 

Francia. A partir de la Revolución francesa, en la naciente Primera República, se expide el decreto del 26 de junio de 1790 y luego la Ley de junio de 1791 que regularon la Inmunidad Parlamentaria, mencionando que los miembros de la Asamblea Nacional gozaban de la inviolabilité, figura mediante la cual se otorgaba protección al poder legislativo contra los mandatos de los reyes.

 

España. El Decreto del 24 de septiembre de 1810, como en el sistema inglés protegía al parlamentario de las infracciones penales y del arresto por responsabilidad civil. En la Constitución de Cádiz inspirada por los textos constitucionales de EE.UU. (1787) y Francia (1791), entre los derechos y libertades reconocía los fueros castrense y eclesiástico, la Inviolabilidad y la Inmunidad Parlamentarias (art. 128, segunda parte), señalando que las causas criminales contra diputados serán juzgadas por el Tribunal de las Corte:

 

Los diputados serán inviolables por sus opiniones y en ningún tiempo ni caso, ni por ninguna autoridad, podrán ser reconvenidos por ellas. En las causas criminales, que contra ellos se intentaren, no podrán ser juzgados sino por el Tribunal de las Cortes en el modo y forma que se prescriba en el reglamento del gobierno interior de las mismas. Durante las sesiones de las Cortes, y un mes después, los diputados no podrán ser demandados civilmente ni ejecutados por deudas.

 

Inmunidad Legislativa.

 

Respecto de la inmunidad Dieter Nöhlen la concibe como “la exención, liberación, privilegio o prerrogativa con que cuentan ciertas autoridades en razón de las atribuciones y funciones propias de su encargo [1]”.

 

En lo que respecta específicamente al ámbito legislativo, la Inmunidad es un instrumento que permite a este órgano representativo depositario de la soberanía del Estado, expresar libremente la voluntad popular, tanto del congreso mismo en general como de sus legisladores en particular.

 

Desde una perspectiva que podría denominarse jurídico funcional, el principio de división de poderes prevé un sistema de Controles y Equilibrios (Checks and Balances, concepto erróneamente traducido como pesos y contrapesos) gracias al cual en la conocida frase de Montesquieu “el Poder Controla al Poder” y bajo tal premisa, una de las obligaciones primordiales del legislativo es hacer que el ejecutivo se responsabilice de sus actos, fungiendo como una fuerza externa capaz de exigirle conformar un gobierno íntegro, honesto, transparente, eficiente y eficaz. En caso contrario, el gobierno fracasaría y si eso sucediera la gran perdedora sería la sociedad [2]; tal como lo afirmó Sófocles hace tantos siglos: “Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”.

 

En efecto, el funcionamiento libre e independiente del parlamento resulta ser un factor indispensable para el desarrollo integral y sostenible de toda Nación, y en tal afán la Inmunidad Parlamentaria, en sentido amplio, se erige en condición imprescindible del ejercicio democrático y herramienta útil para el ejercicio eficiente de la función legislativa y del buen gobierno. En tal sentido, con los matices propios del sistema constitucional donde se instaure, consta indefectiblemente de dos atributos:

 

  1. Consiste en la atribución que el Estado otorga al Poder Legislativo como institución del poder público, de salvaguardar su independencia y un desempeño institucional eficiente en el marco de sus responsabilidades; y a la vez, en lo particular, permitir la libre expresión de las opiniones y la toma de posturas de sus miembros; y

 

  1. Atributo que protege a todo legislador de la formación de proceso judicial por el ejercicio de sus funciones como tal, sin previa justificación ni autorización, haciéndose en tal caso obligatorio seguir un procedimiento calificador normado también constitucionalmente.

 

Esto quiere decir, que la Inviolabilidad para el pleno ejercicio de la libertad de expresión a) es una atribución institucional y de interés público del Poder Legislativo; b) que quienes lo integran se benefician del derecho reflejo de la inmunidad para no ser sujetos de enjuiciamiento por ejercer sus funciones como legisladores[3]; y c) que las dos atribuciones señaladas en su conjunto hacen que el fuero constitucional sea por su naturaleza irrenunciable.

 

De ahí que Inmunidad e inviolabilidad parlamentarias se consideren fundamentales para la existencia y operación de una adecuada función legislativa. No se trata de dar privilegios personales a nadie, ni de dejar sin sanción a quienes sean acreedores a ella por razones de carácter judicial, sino de garantizar la independencia, la integridad y la libertad del Parlamente, cuyos miembros, en tanto que representantes populares, tienen la responsabilidad básica de velar por los intereses de la Nación, defenderlos en dentro y fuera de la tribuna, participar en la supervisión y el control en el ejercicio del gobierno e informar con toda amplitud y claridad a la ciudadanía de sus gestiones.

 

La Inmunidad Parlamentaria se consagra en las constituciones de prácticamente todos los países democráticos y el marco jurídico que la reglamenta se establece por lo general en la legislación secundaria. No obstante, vale referir que subsisten casos donde este marco regulatorio es débil o aún inexistente, lo que aleja a esta facultad de la posibilidad de contribuir al fortalecimiento del Estado Constitucional, tanto en la organización y funcionamiento de los poderes públicos como en el respeto a los derechos fundamentales, poniéndose en grave riesgo de ser convertida en un mecanismo anacrónico que corre el riesgo de lesionar el principio fundamental de la igualdad de todos ante la ley, además de poder llegar a propiciar efectos negativos como abuso de autoridad, despotismo, deshonestidad, corrupción.

 

En abundamiento al o anterior, independientemente de su estructura técnica formal en términos jurídico-políticos, sería delicado y aún irresponsable ignorar la existencia de casos –algunos de ellos muy bien conocidos y documentados- en los que algunos legisladores, abusando de esta prerrogativa, o bien de lagunas en su regulación, se han aprovechado de ella con el propósito de cometer actos de corrupción o de beneficio personal, difamación o autoritarismo, o la han usado como escudo para evitar ser procesados por actos cometidos en su calidad de ciudadanos, lo que ha abonado al gran descontento y la desconfianza ciudadana sobre el denominado fuero, no sólo en cuanto al parlamento y sus miembros (las estadísticas de legitimidad de instituciones y servidores públicos son más que elocuentes), sino hacia el poder público en general, con un grave impacto en la credibilidad y la gobernabilidad, factores imprescindibles para cualquier intento de consolidación democrática.

 

Por el contrario, habría de tomarse en cuenta que en varios países también se han dado experiencias donde la Inmunidad Parlamentaria ha mostrado sus cualidades y fortalezas –o sus defectos y debilidades- como instrumento de protección al legislador contra quienes han pretendido de manera temeraria, sin fundamento y con fines mediáticos, político-electorales o de otra índole, denunciar judicialmente, difamar o desacreditar la imagen de un legislador o de un servidor público relevante, su ideología, lo que representa y aún a quién representa, lo cual es a todas luces deleznable.

 

Todas estas realidades ponen en evidencia que la Inmunidad Parlamentaria como institución constitucional necesita ser sometida a un análisis profundo cuyas conclusiones permitan tomar medidas urgentes para colocarla al nivel de las exigencias y expectativas del constitucionalismo moderno, en términos de legalidad y de legitimidad política, tanto en el contexto internacional, como también al interior de cada país y en cada una de nuestras entidades federativas.

 

La Inmunidad Parlamentaria en México.

 

El Glosario de Términos Legislativos del Congreso Mexicano del Senado de la República, define el Fuero Constitucional como una prerrogativa de los legisladores (no habla del Congreso como institución, que es independiente de los legisladores que lo integran) con relación a la Inviolabilidad de las opiniones vertidas en el ejercicio de su cargo, por las que no podrán ser reconvenidos o procesados; y protección legal para no ser detenidos ni enjuiciados hasta que no se agote la garantía de procedibilidad (sic) constitucional.

 

El Fuero consiste, de acuerdo con la doctrina jurídico-constitucional mexicana en la imposibilidad de poner en actividad el órgano jurisdiccional, local o federal, contra quien ocupa un cargo público sujeto a lo dispuesto en el párrafo primero del artículo 111 constitucional, durante el tiempo que lo ocupe, pudiendo seguirse el proceso respectivo tan sólo cuando se haya dejado ejercer dicho cargo o cuando haya sido declarado por el órgano de Estado competente, que ha perdido el impedimento o el llamado “fuero de no procedibilidad”.

 

Es aquella prerrogativa de senadores, diputados y otros servidores públicos contemplados en la Carta Magna que los exime de ser detenidos o presos, o procesados y juzgados sin previa autorización del órgano respectivo, excepto en los casos que determinan las leyes. Se entiende también como un privilegio conferido a determinados servidores públicos para mantener el equilibrio entre los poderes del Estado dentro de regímenes democráticos y salvaguardarlos de eventuales acusaciones sin fundamento.

 

Por otro lado, puede llegar a existir responsabilidad civil de los legisladores, quienes para responder a su exigencia no requieren de someterse a declaración de procedencia, ya que en su esfera como particulares se les podrá demandar por la realización u omisión de actos o el incumplimiento de obligaciones señaladas en el Código Civil, los cuales siempre tienen una obligación reparadora o bien el otorgamiento de una indemnización. Este término es de uso coloquial o común y suele utilizarse como sinónimo de inmunidad parlamentaria.

 

La Base normativa del Fuero Constitucional se encuentra enmarcada en los artículos 13, 61, 108, 109, 110 y 111 de la Carta Magna Vigente. En términos generales, reitera lo previsto al respecto por su antecesora, con excepción a una modificación al artículo 111 donde se señalaba la necesidad de expedir una ley de responsabilidad de los funcionarios y empleados de la Federación, cuyo contenido se avocara a determinar los delitos o faltas oficiales que puedan provocar un perjuicio a los intereses públicos.

 

Los diputados encuentran en la Inviolabilidad la protección necesaria para desarrollar su labor. Pero adviértase que la protección se da, en un primer momento, frente a los órganos del Poder Público, distinto de los particulares, aun cuando éstos no quedan expresamente excluidos. Asimismo, el jurista señala que el Fuero no incluye la figura de la Inviolabilidad para los funcionarios parlamentarios distintos de los legisladores, pudiendo ser acusados conforme al procedimiento constitucional por sus expresiones, por lo que el Fuero no los protege de la libertad de pensamiento y pronunciamiento cuando se afectan intereses particulares o públicos. En cambio, tratándose de los parlamentarios, la prohibición es absoluta, es decir, jamás podrán ser reconvenidos. Esto debe entenderse así por el simple hecho de que se trata de instituciones diversas, una cosa es el Congreso, que es un órgano permanente del poder público y otra la legislatura, institución parlamentaria de carácter transitorio, integrada por los diputados y senadores electos por tiempo determinado.

 

El fuero puede concebirse como “un privilegio: a) que se confiere a determinados servidores públicos para salvaguardarlos de eventuales acusaciones”; b) posee un doble aspecto: como inviolabilidad, es decir, como garantía constitucional que protege de forma absoluta y permanente la libertad de crítica; y como inmunidad –no impunidad, ni privilegio, ni garantía-, que es temporal según la duración del cargo y relativa debido a que si se integra una averiguación previa las formalidades del proceso jurisdiccional no dan inicio en tanto no lo decida en tal sentido el órgano legislativo”.

 

Perspectiva desde la Jurisprudencia. 

 

En abril de 1946, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación señaló, que “los miembros del Poder Legislativo gozan de una inmunidad que se conoce entre nosotros como fuero constitucional”.

 

En 1996, el Pleno de la Corte determinó: “… la circunstancia de que un servidor público esté provisto de inmunidad no imposibilita que se lleve a cabo la averiguación previa correspondiente a fin de determinar si la conducta que se le imputa constituye o no algún delito. La inmunidad de que están investidos los servidores públicos aludidos está en relación directa con el ejercicio de la acción penal ante las autoridades jurisdiccionales competentes, quienes tienen la obligación de respetarla, no a la facultad-deber que tiene la institución del Ministerio Público Federal para investigar hechos probablemente criminosos”

 

En junio del mismo año, el máximo órgano jurisdiccional precisó que el fuero es, según su génesis, un privilegio conferido a determinados servidores públicos para mantener el equilibrio entre los poderes del Estado, dentro de regímenes democráticos y salvaguardarlos de eventuales acusaciones sin fundamento.

 

Evolución de la Inmunidad Parlamentaria en el Derecho y la Política Internacionales.

 

En cuanto a la evolución de la Inmunidad Parlamentaria como institución jurídico política, existen avances interesantes en el ámbito internacional. En las reuniones más recientes de la GOPAC (por sus siglas en inglés, Organización Global de Parlamentarios Contra la Corrupción), se ha convenido considerar internacionalmente la corrupción a gran escala como crimen internacional, y facilitar a los organismos y alianzas internacionales aprehender, perseguir, juzgar y sentenciar este tipo de actos, empleando incluso a la corte internacional y creando instancias específicas, reiterando la necesidad de tomar acuerdos conjuntos y aplicar acciones concretas en los respectivos sistemas jurídicos nacionales con el fin de dar claridad y certeza jurídica al ejercicio práctico de la Inmunidad Parlamentaria, en especial en lo que se refiere a las actividades de prevención, fiscalización, creación legislativa, representación y sanción.

 

A partir de estas reflexiones, cada país miembro, de acuerdo con sus propias características y circunstancias, ha dado un sentido, un ritmo y una cadencia particular a la instrumentación de estas medidas y acciones mediante reformas a su marco regulatorio, así como a sus métodos y prácticas de operación, produciéndose en los hechos, efectos de muy variada naturaleza, que faciliten su perfeccionamiento y modernización en la medida en que se vayan definiendo sus aspectos más significativos e incrementándose su eficiencia práctica.

 

Digno igualmente de reconocimiento es el trabajo de otras organizaciones que muestran su preocupación por el tema y han realizado importantes esfuerzos para encontrar propuestas viables a la problemática que presenta, entre las que se encuentran:

 

  1. a) La USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) que ha realizado un número importante de foros, cursos, estudios, programas y acciones de apoyo legislativo y otras actividades generadoras de productos que por su interés merecen una revisión detallada y que sin duda contribuirán a encontrar formas adecuadas de acompañamiento de los procesos de modernización normativa y operativa en la materia que nos ocupa, en el seno de cada uno de nuestros países;

 

  1. b) La FIA (Fundación Interamericana de Abogados), que ha desarrollado una seria investigación sobre las normas, principios y valores de la Inmunidad Legislativa en América Latina, lo que le ha permitido sugerir una serie de acciones tendientes a mejorar su estructura conceptual y operativa, entre las que destaca la propuesta de que la sección latinoamericana de la OMPCC (Organización Mundial de Parlamentarios Contra la Corrupción), la PLACC (Parlamentarios Latinoamericanos contra la Corrupción), participen con mayor energía y asuman el liderazgo político necesario para la adopción de medidas correctivas en todos y cada uno de los países adscritos; y

 

  1. c) El esfuerzo realizado por el grupo de trabajo mundial de miembros de la GOPAC, creado por acuerdo de este mismo foro dirigido a estudiar las investigaciones realizadas por la UIP (Unión Interparlamentaria Mundial), la USAID, la Inter American Bar Foundation (IABF) y otras organizaciones, con el propósito de elaborar propuestas de normas mundiales generales en la materia; promover comités regionales de análisis y promoción de actividades basadas en dichas normas; y proponer acuerdos y medidas futuras que puedan ser implementadas en cada país miembro.

 

Sin embargo, tal como fue planteado durante la Conferencia Mundial de Parlamentarios Contra la Corrupción realizada en Kuwait en noviembre de 2008, dichas organizaciones deberían encaminar sus esfuerzos hacia la consecución de acuerdos sobre ciertos aspectos de atención impostergable, entre los que, solo de manera enunciativa, podríamos mencionar los siguientes:

  • La posibilidad de avanzar hacia la homogeneidad en la interpretación de estos términos; la naturaleza y características de los conceptos privilegio o fuero legislativo; inviolabilidad; no responsabilidad (non-accountability, non-liability) e inmunidad parlamentarias, lo que permitiría definir mejor los problemas que se presenten en la práctica y en consecuencia, realizar las respectivas propuestas de solución con una mayor claridad;
  • La necesidad de que se precise sobre la duración de este privilegio, de tal suerte que pueda ser ejercido exclusivamente por el tiempo que el legislador se mantenga en su encargo y que la protección que otorga sea efectiva no sólo en sesiones formales, sino que pudiera extenderse a sus demás actividades como legislador, dentro y fuera del recinto parlamentario.
  • Del mismo modo, conseguir la definición de las características de una eventual aplicación del concepto flagrante delicto como causal de suspensión de la Inmunidad y del tipo de delitos comprendidos en este supuesto; reflexionar sobre la conveniencia de que la acción parlamentaria del legislador implicado continúe durante el procedimiento o bien se interrumpa hasta la declaración de procedencia de la suspensión de su Inmunidad y en su caso, determinar la sanción del responsable cuando la denuncia formulada se trate de una mera maquinación política; en fin, para considerar la suspensión del cómputo de tiempo para efectos de prescripción de la causa penal durante el lapso que permanezca el legislador en su encargo.

Asimismo y sin perjuicio de lo anterior, dentro del ámbito nacional resulta imprescindible caminar hacia la actualización y vigencia efectiva del marco normativo de estos mecanismos de protección de la actividad parlamentaria, y en tal sentido, los grupos y actores políticos y sociales, así como la opinión pública, deben propiciar que los gobiernos federal y estatales establezcan y lleven a cabo medidas tales como las siguientes:

  • Incluir el tema de la Inviolabilidad y la Inmunidad Parlamentarias dentro de sus respectivas agendas de trabajo;
  • Revisar o en su caso, crear el marco jurídico y administrativo sobre el tema, a fin de que se establezcan límites, restricciones, causales, supuestos y procedimientos de suspensión de la Inmunidad Parlamentaria y tal actualización normativa permita la generación de políticas públicas, programas y acciones tendientes a prevenir y combatir la corrupción;
  • Con el propósito de evitar el mal uso de los nuevos mecanismos de control, definir con claridad a los sujetos facultados para solicitar el procedimiento de retiro de la Inmunidad, los plazos y términos de cada paso y las autoridades encargadas de realizar la respectiva declaratoria de procedencia, considerando las ventajas y desventajas de que el poder que determine la procedencia no sea el mismo al que pertenece el acusado;
  • Introducir como política institucional en el seno de los congresos de los ámbitos federal y estatales, la capacitación en dicha materia de legisladores y personal parlamentario, llevando a cabo una adecuada y amplia difusión a los distintos sectores sociales, a fin de incrementar el nivel de educación y cultura general que se tiene al respecto;
  • Dentro del marco del respeto a la Inviolabilidad Parlamentaria, pero también en acato a los principios de transparencia y rendición de cuentas, estudiar la posibilidad de que las actividades parlamentarias de los miembros del Poder Legislativo puedan ser sujetas a investigación, sin interferir su actividad ni lesionar sus derechos como legisladores.

El intercambio de ideas y experiencias y los acuerdos a los que eventualmente pudiera llegarse en materia doctrinal, aunados a la asunción de ciertos compromisos para convertir las ideas en hechos por parte de los órganos del Poder Público y los actores políticos y sociales involucrados, ayudarían a lograr ese delicado equilibrio entre principios, normas y prácticas y contribuirían a la construcción de un sistema realmente funcional, que, por un lado proteja efectivamente a los legisladores en la expresión libre de sus ideas y el cumplimiento de sus funciones con seguridad jurídica; pero también, por otro, que al establecer con claridad las reglas del juego para ejercer la Inmunidad, evite que ésta se convierta en Impunidad y por ende, en una invitación al delito, lo que sin duda abonará al fortalecimiento de nuestro sistema democrático.

 

De ahí la necesidad de llevar a cabo un análisis acucioso de las leyes y reglamentos sobre Inmunidad Parlamentaria en las 32 entidades federativas, lo que sin duda contribuirá a la obtención de un conocimiento y comprensión más amplios y profundos del tema y consecuentemente al planteamiento de propuestas que permitan una adecuada evolución de este concepto tan importante y tan necesario en el ejercicio y control del poder público.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Cámara de Diputados, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Derechos del Pueblo Mexicano, México a través de sus Constituciones, Porrúa-UNAM, cuarta edición, México, 1994.
  • Diccionario Jurídico Mexicano, Instituto de Investigaciones Legislativas, UNAM, 1999.
  • Diccionario Universal de Términos Parlamentarios.
  • Fix-Zamudio, Héctor y Valencia Carmona, Salvador, Derecho Constitucional Mexicano y Comparado, México, Porrúa-UNAM, Segunda Edición, 2001.
  • García, Eloy, Inmunidad Parlamentaria y Constitución Democrática, en Revista de Derecho de la Universidad Complutense, Madrid, España, 1989.
  • González Oropeza, Manuel, Comentario al artículo 61, en Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Comentada, México, PGR-UNAM, 1994.
  • Pedroza de la Llave, Susana Talía, El Congreso General Mexicano, 2003.

Ordenamientos legales:

  • Acta Constitutiva y de Reformas sancionada por el Congreso Extraordinario Constituyente de los Estados Unidos Mexicanos.
  • Adiciones y Reformas introducidas en la Constitución de 1857.
  • Bases y Leyes Constitucionales de la República Mexicana, 1836.
  • Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, sancionada y jurada por el Congreso General Constituyente el día 5 de febrero de 1857.
  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
  • Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos.
  • Reglamento para Gobierno Interior del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos.

 

Sitios de Internet:

 

[1] Diccionario de Ciencia Política, Editorial Porrúa, El Colegio de Veracruz, México, 2006, p. 720.

[2] Palabras del presidente de la OMPCC en la ONU, 14 de noviembre de 2006.

[3] Suprema Corte de Justicia de la Nación, Quinta Época, Primera Sala, SJF, LXXXVII, pág. 1881.