Con ojos de Quijote

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Con ojos de Quijote

Sensaciones a partir de la Lectura de

“Humanoa: Eva en la Memoria”

Poemario de Sergio Vicario, con fotografías de Ricardo Ruiz cruz

Por José Ramón González Chávez

 

En esta ocasión, en Humanoa Sergio Vicario y Ricardo Ruiz nos regalan –cada uno desde su trinchera artística- la mirada sorprendida de un hombre, una mirada en privado que por los artilugios de esa forma de alquimia que es la poesía, se vuelve más que pública.

Para los hombres, Humanoa constituye acaso un secreto a voces compartido y aceptado en complicidad por cualquiera de nosotros o más bien por todos nosotros; una anécdota entregada al confidente, en un deleite mutuo al beber juntos de la copa de una historia que se presume ya escuchada, pero que cuyo placer se esconde en el hecho de que se engendra y se pare a sí misma cada vez que se vuelve a contar.

Pero también para las mujeres que se acerquen a la obra, encontrarán una oportunidad de mirarse a sí mismas, en un salón de espejos construido por una mirada ajena, repleta de formas, colores, aromas, alientos, intuiciones.

Leo Humanoa y me encuentro conmigo mismo, con pasados tibios, con aromas de hogar, con heridas de batalla, con cicatrices hondas, con sellos indelebles, con luces en el horizonte. De su lectura en la que me recreo una y otra vez, surge la imagen de una Shiva de mil caras, igualmente poderosa, atrayente, venenosa, redentora; o tal vez la de una Coyolxauhqui, noble diosa que encuentra su unidad eterna solo al desmembrarse y dar a luz mil hijas que brillan en su propia bóveda celeste.

Habrá algún tema más invocado por el poeta que el de la mujer? y sin embargo, dejará el poeta de tener nuevos motivos para seguirla invocando por toda la eternidad? Tal vez esto sea porque como dice Benedeti cada mujer es un enigma y pretender descubrirlo es siempre un placer, aunque a veces llegue al masoquismo.

Entender el mundo caleidoscópico de la mujer es simple, hay una fórmula infalible: basta con comprender a todas las mujeres del mundo, las pasadas, las presentes y las por venir; o quizá a la inversa, bastaría con conocer solo a una para comprenderlas a todas?

De cualquier forma, si bien la receta pareciere por demás simple, el procedimiento para lograrlo sabe más que a utopia. Es una empresa que el mismo Quijote calificaría de locura o de impertinencia falta a las más elementales leyes de la Caballería.

Destoyewski dijo que el Quijote ha sido la forma más genial de contar una gran verdad a través de una gran mentira. Por eso quizá el ilustre hidalgo no se metió en los embrollos de desarrollar tan pretensiosa empresa – no estaba tan loco- y se conformó con mirar a su propia diosa dulcinea, la mujer única, inalcanzable, el sueño del que nunca quisieramos despertar.

Al ver y oír a Vicario en Huanoa le encuentro mucho de Quijote; aunque de repente me sorprende cuando en un arrebato de cordura, hace un listado de sus mujeres-huella, en un in intento desesperado trata de desarrollar la simple fórmula, contra todos los dictados de la Gaia Orden. Pero luego, sereno, regresando a su locura original, reconoce que el cuerpo de esta Shiva de mil caras, de esta Coyolxauhqui de mil hijas, solo es posible hacerla real mediante la palabra, mediante una sola, que es oración y anatema, que es pasión y en sueño, que es llanto y gemido, que es loa y maldición: “Mujer”.

Gracias a ti Sergio, gracias Ricardo, ojos de Quijote, por darnos una nueva ocasión de complacernos en la práctica por enésima ocasión de este inútil pero hermoso juego -siempre perdido antes de comenzar- de descubrir ese secreto que la Sibila guarda celosamente desde el principio de los tiempos y hasta el fin de los espacios, entre sus tesoros más preciados.