Thinking Fast and Slow: propuesta innovadora para la toma de decisiones

THINKING FAST AND SLOW (Pensar rápido y lento)

Reseña de un concepto de Daniel Kahnemann

Por José Ramón González Chávez

Daniel Kahnemann nació en 1934, es un psicólogo norteamericano-israelí, actualmente profesor emérito en Princeton e incluido hace poco en la lista de 100 pensadores globales más influyentes por la revista Foreign Policy.

Recibió el premio Nobel en 1992 junto con Amos Tversky por su contribución a la teoría económica, aunque las repercusiones de su trabajo son muy amplias, y prácticamente no hay un área de las ciencias humanas que pueda permitirse ignorarlas.

Su reciente publicación “Thinking. Fast and Slow”, orientada a no especialistas, abarca varias décadas de trabajo como psicólogo experimental y es uno de los libros científicos más comentados (y vendidos) de 2017.

IDEAS CLAVE:

Dos sistemas, un sólo cerebro

No intentes resolver este acertijo y procura emplear la intuición: Un bate y una pelota cuestan $1.10. El bate cuesta un dólar más que la pelota. ¿Cuánto cuesta la pelota? La respuesta de 10¢ se presenta como una intuición rápida, potente y atractiva, pero es incorrecta. Para llegar a la solución correcta — 5¢–, muchos tendremos que recurrir al lápiz y al papel, transformando el acertijo en una ecuación matemática. Tendremos que recurrir a la forma más lenta y fatigosa de pensar que permite nuestro cerebro. Algunos psicólogos consideran que este tipo de test es un predictor más válido sobre la inteligencia que los test sobre cociente intelectual corrientes. En este caso, nos sirve para ilustrar que las intuiciones pueden ser erróneas, no importa lo poderosas que parezcan.

Aunque tenemos una sola mente, no tenemos una sola forma de decidir. Daniel Kahneman propone entender la toma humana de decisiones partiéndola en dos “sistemas” principales:

  • El Sistema 1 es un esclavo de las emociones y actúa “rápida y automáticamente, con pequeño o ningún esfuerzo y sin el sentimiento de un control voluntario.”
  • El Sistema 2, por contra, funciona como un agente racional que “concentra con esfuerzo la atención hacia las actividades mentales que así lo demandan, incluyendo las computaciones complejas. Las operaciones del Sistema 2 están asociadas a menudo con la experiencia subjetiva de la agencia, la elección y la concentracion.”

La mayoría de nuestros juicios diarios son obra del Sistema 1, ocurren de forma automática, intuitiva y emocionalmente, y nos permiten desenvolvernos de forma razonable en nuestra vida práctica. Pero el Sistema 1 también genera todo tipo de intuiciones erróneas con consecuencias triviales o catastróficas. Solamente cuando entra en juego el Sistema 2, postergando las gratificantes sugerencias del sistema emocional, y sólo tras invertir un gran esfuerzo cognitivo, podemos intentar resolver los problemas difíciles o contraintuitivos.

Hacia un nuevo concepto de racionalidad.

Kahneman sugiere que examinemos la naturaleza de la racionalidad a través de sus errores más que a través de sus triunfos. Estos errores o sesgos cognitivos tienen la virtud de aparecer de forma inadvertida para nuestra mente consciente, además de un carácter irresistible en los seres humanos psicológicamente sanos y se dan sistemáticamente si concurren las circunstancias adecuadas.

Para poner algunos ejemplos (la lista de errores cognitivos sistemáticos es bastante grande), la ilusión de causalidad se da de forma natural cada vez que inferimos erróneamente que dos eventos naturales están intencionalmente relacionados entre sí (el experimento de Heider y Simmel es una temprana ilustración experimental de este principio), un descubrimiento que arroja mucha luz sobre el origen del pensamiento religioso. El efecto Halo ocurre cuando tendemos a atribuir características excesivamente positivas o negativas en una persona basándonos en pistas parciales pero emocionalmente atractivas, lo cual ayuda a explicar por qué el público ama irracionalmente a las estrellas de cine, o por qué hemos convertido a Steve Jobs en una especie de santo laico.

La ilusión de validez afecta particularmente a los expertos en entornos difícilmente predecibles, como la política y las finanzas, provocando un exceso de confianza en predicciones infundadas y poniendo serias dudas sobre la eficacia de reputados especialistas y “pundits” mediáticos.

El Sistema 1 está preparado para creer, no para dudar y tiene tanto miedo de la incertidumbre y del azar que a menudo salta rápidamente a conclusiones precipitadas pero capaces de convertirse en buenas historias. Este hecho psicológico ayuda a entender por qué el fanatismo y la seguridad dogmática a menudo se sustentan en la ignorancia, o en evidencias claramente insuficientes, y por qué el escepticismo (una ardua operación del Sistema 2) sigue siendo tan costoso e impopular.

No es sólo la inteligencia, sino la racionalidad, es decir, la capacidad para amonestar a la parte más vaga de nuestro pensamiento, la propiedad que es realmente capaz de desvelar, y en algunos casos domar, los sesgos cognitivos naturales. Desde esta perspectiva, una persona “racional” no es ya aquella que tiene una visión del mundo más consistente, ni mucho menos la que es capaz de contar mejores historias. Tampoco es más racional quien rechaza las emociones en nombre de una inexistente razón desencarnada, sino aquella persona que es capaz de examinar sus propios prejuicios y de asumir que errar es natural. Una difícil empresa que, al fín y al cabo, hubiera firmado el mismo Sócrates: “Una vida sin examinar no merece ser vivida.

Ver: clase magistral de Daniel Kahneman en EDGE: The marvels and flaws of intuitive thinking http://edge.org/conversation/the-marvels-and-flaws-of-intuitive-thinking

Las nuevas tecnologías para el manejo de la información y su aplicación en la Administración pública

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS PARA EL MANEJO DE INFORMACIÓN Y

SU APLICACIÓN EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLI­CA

Por José Ramón González Chávez

elaborado en 1992

En la actualidad, el uso de tecnologías avanzadas para el manejo de información implica para la administración pública un considerable mejoramiento técnico que le permite ejercer sus actividades con un mayor índice de eficiencia.

Las nuevas herramientas de tipo informático constituyen un invaluable apoyo teórico y práctico dentro de la mayor parte del proceso administrativo, incluyendo la comunicación, la formación, la capacitación y en general, todo lo que implica el Ma­nagement del quehacer público. No obstante,  cabe señalar que es sólo a partir de cierto grado de equipamiento y de cultura informática del personal usuario donde realmente se hacen sentir los beneficios reales que aportan en términos de productividad las nuevas tecnologías de la información que, aunque con lentitud, van ad­quiriendo cada vez mayor presencia en todas las formas de organización administrativa y en las distintas instancias de gobierno.

En efecto, para los organismos de la administración pública, ya sea centralizada, desconcentrada o paraestatal, se ha vuelto indispensable el uso de herramientas informáticas como las redes de información compartida, que permiten dinamizar el flujo y la transmisión de textos y datos, con objeto de hacer más ágil la toma de decisiones.

Hoy en día, sería casi suicida permitir que la comunicación interna y externa entre los diversos organismos del sector público se siga llevando a cabo a través de mecanismos tradicionales, de métodos manuales y montañas de papel que ha­cen en extremo difícil una intercomunicación eficiente y racional. Por una parte, en este momento el proceso administrativo en todas sus etapas exige una mayor y mejor comunicación, lo que sólo es posible realizar empleando la informática electrónica; por otra, nos encontramos ante la perspectiva de construir un espacio interadministrativo homogéneo dada la inminente firma del tratado trilateral de libre comercio.

La explotación de útiles informáticos modernos permitirá establecer un adecuado nivel de comunicación con las administraciones de los países con los que mantendremos relaciones cada vez más complicadas y estrechas, haciendo de lado las múltiples diferencias que existen entre ellas y la nuestra. Un ejemplo claro, lo tenemos en el servicio de mensajería de la administración pública, que de por sí en el ámbito interno es muy lento y difícil de llevar a cabo a través del sistema tradicional y prácticamente inoperante si pensamos en la prestación de este servicio a escala internacional, dada la gran extensión terri­torial que nos separa de nuestros dos vecinos norteamericanos.

Para ciertas áreas donde la información es considerada materia prima en el desarrollo de las actividades cotidianas, el uso de estas modernas tecnologías traen como consecuencia obligada cambios radicales en los métodos y en el desarrollo mismo del trabajo administrativo. Una red para compartir información une a las distintas unidades de gestión y/o decisión, creando algo así como metaunidades que pueden llegar a ser capaces de trascender estructuras jerárquicas y ciertas barreras burocráticas, convirtiéndose en verdaderos Think Tanks o “tanques de ideas”.

Asimismo, la explotación de este tipo de redes asociadas a sistemas multimedia, permite enriquecer y distribuir de manera más racional el conocimiento, y por lo mismo son susceptibles de convertirse en poderosas armas -por ejemplo- para la ca­pacitación y la formación continua de los servidores públicos, con lo que la administración pública estaría en condiciones reales de adaptarse al actual proceso de modernización, sirviendo al Estado con un óptimo nivel de eficiencia para el cumplimiento de sus fines.

Sin embargo, Hay que resaltar que si lo que se quiere es lograr un cambio profundo y exitoso en la estructura y funcionamiento de la administración pública, hay que pensar en vincular la modernización tecnológica a la reorganización de los procedimientos para su implementación, y sobre todo, en diseñar estrategias eficientes para lograr un cambio de actitud, una transformación cultural, tanto de la sociedad civil, como de los servidores públicos y las autoridades, meta prioritaria que en materia de servicio público establece el actual Plan Nacional de Desarrollo.

Uno de los grandes obstáculos a superar para poder implantar estas nuevas tecnologías y sobre todo, para comprender y asimilar la nueva cultura que la implanta­ción conlleva, es la formación del personal técnico y operativo -y aún el ejecutivo-, que en términos generales carece actualmente de conocimientos y experiencia en la materia. Indudablemente, comparada con las de otros países, nuestra planta de servidores públicos sufre un rezago que hasta el momento no ha podido -o tal vez querido- superar.

Otra grave dificultad consiste en la persistencia de fuertes barreras burocráticas para la asignación presupuestal de recursos destinados a la adquisición de equipos de punta. Debe pensarse en flexibilizar al máximo y en el corto plazo los procedimientos vigentes, por supuesto sin perder el control, para que este tipo de inversiones dejen de ser vistas, por un lado, como gastos dispendiosos, ignorando el alto costo-beneficio que trae consigo la utilización de estos nuevos instrumentos de trabajo y por otro, como un elemento de tensión organizacional, en virtud del supuesto desplazamiento de personal -sobre todo operativo- que conllevaría la informatización, siendo que al con­trario, propiciaría la reasignación de las funciones de estos recursos humanos para aumentar su productividad al eximirlos, por ejemplo, de infinidad de tareas repetitivas, con lo que sin duda se obtendría un considerable incremento de la productividad.

Estos y otros muchos problemas a los que se enfrenta la modernización administrativa en nuestro país nos mueven a reflexionar seriamente sobre la necesidad imperiosa de transformar los patrones de estructura, organización y funcionamiento del sector público, adaptándolos a las exigencias presentes y futuras que nos impo­ne la sociedad de nuestro tiempo. Solo así podremos participar dignamente dentro de la nueva dinámica global, en lo que a administración pública se refiere. Por esta razón, el tema tendrá que ocupar un espa­cio importante en las plataformas de los partidos políticos, de cara a los procesos electorales del año próximo.

Los nuevos sistemas para el manejo de in­formación tendrán que ir abarcando poco a poco cada una de las fases administrativas del sector público, desde la planeación hasta el reciclaje o feedback, en un proceso irreversible de mo­dernidad -como ya sucede en los países industrializados- pues de lo contrario, se correrá el grave riesgo de “perder el paso” en la veloz carrera de la modernización, más aun si se tiene en cuenta el aumento constante en la calidad y cantidad de los canales y flujos de información, que sin duda se mul­tiplicará geométricamente a partir de la puesta en marcha del Tratado Trila­teral de Libre Comer­cio con los Estados Unidos de América y Canadá.